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El día se fue enfriando a medida que se acercaba la noche y las estrellas comenzaban a brillar en el firmamento. Era una noche clara y las estrellas brillaban con fuerza. Aunque hacía frio, era un bello espectáculo, con la luna reflejándose en el mar.

Una voz salió de la parte de atrás del coche.

-¿Podríais poner el capote? Hace frío. O al menos poner la calefacción.

Un escalofrío recorrió la espalda de Alchi y Viriato. Sin girarse. Alchi preguntó:

-¿Quien dice eso?

-Hektor. Me habéis sacado de mi sitio así que exijo al menos un poco de cuidado.

-JAJAJAJAJA. QUÉ GRACIOSA ALCHI. AHORA PARAMOS Y PONEMOS LA CAPOTA QUE YA REFRESCA.

La voz de Viriato era tan forzada que no había forma de que nadie creyera lo que estaba diciendo, ni siquiera sin contexto. El frenazo fue también brusco. Alchi ni se movió de su asiento. Estaba aterrorizada. Sentía frio, pero no era por el ambiente. Aún así, tragó saliva y, con voz temblorosa, preguntó:

-¿Así que eres un fantasma, Hektor?

-No, soy una rana que habla si te parece. ¿Tu qué crees?

-¿Y cómo es que acabaste como fantasma?

-Era contable en el templo. Un día bajando las escaleras me resbalé en una piel de plátano y morí. Pero como todavía tengo que hacer algo, no he podido pasar al otro lado.

-¿Y qué es ese algo? A lo mejor podemos ayudar.

-Ya, para libraros de mi, ¿no? Mira, no me voy a quejar ya que estar varios cientos de años en un edificio abandonado es un rollo y la vida eterna no me llama. Llevadme al jefe de la iglesia y ya me las arreglaré solo.

-Pues eso está difícil. Es un hombre ocupado.

-Meh, tengo todo el tiempo del mundo. Puedo esperar. Por cierto, como medida de presión no os voy a dejar abrir el cofre este hasta que no pase al otro lado.

En ese momento Viriato entró en el coche.

-Así que según dices, Alchi, para abrir el cofre tenemos que llevarlo al jefe de la iglesia. ¿Que te parece si hacemos esa la primera parada en el viaje. Seguramente nos tengan unos cuantos meses en lista de espera en los que podemos ir al resto de los templos.

-O podríamos enviar el cofre como un regalo.

-¿Estás loca? Con todo lo que puede haber en este cofre no me separaré de él ni muerto. Vamos a pedir audiencia y el cofre siempre con nosotros. ¿Que te parece si te encargas tu de manejarlo y eso?

-Te da miedo, ¿verdad?-Dijo Alchi con una sonrisa pícara.

La respuesta de Viriato quedó acallada por el ruido del motor al arrancar.


 

Y hasta aquí la historia que nos hemos montado de momento. ¿Qué os ha parecido hasta ahora? ¿Qué os gustaría ver? ¿Qué esperáis que pase? ¿Qué consejos nos podéis dar?

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Viriato pisó el acelerador a fondo, alejándose del lugar tan rápido como pudo. Hasta que no llegaron a la carretera principal, ninguno de los dos habló. Alchi fue la primera en romper el silencio.

-Casi no lo contamos.

-Pero ya todo ha terminado y tenemos el botín, ahora…

Un ruido vino de la parte de atrás. Sonaba como el cofre moviéndose.

-¿Qué ha sido eso?-Preguntó Alchi repentinamente nerviosa.

-Habrá sido un bache. Deberían arreglar la carretera un poco. Ya estamos muy lejos de esas ruinas. Además, los fantasmas no existen.

-Claro. Lo que tu digas…

La voz de Alchi sonaba apática. Viriato intentó animarla por todos los medios.

-Vamos, no te pongas así. ¿No es esto lo que querías? ¿Que ambos hiciéramos un viaje juntos y pasar tiempo junto a tu hermanito?

-Es que después de tanto tiempo sin verte, no esperaba que lo primero que hiciéramos los dos juntos además de ir en coche fuera entrar a unas ruinas a robar un cofre antiguo. Esperaba algo. Ni siquiera se qué has estado haciendo estos años fuera. Un día apareciste y te me llevaste. Cierto, quería ir contigo, pero esperaba poder recuperar el tiempo. No… esto.

-Ya te enseñaré y explicaré cosas luego, que ahora estoy conduciendo y no puedo. Tengo un montón de cosas en mi maleta que creo que te gustarán. Recuérdamelo cuando montemos en el zeppelín. ¿Por cierto, cual es el siguiente destino en tu mapa personal? ¿A que templo vamos?

-Creo que lo mejor es al del Fuego. Pero cuando montemos al dirigible tienes que contarme lo que has estado haciendo.

-Claro que sí. Pero cuando lleguemos al zeppelín, ¿vale renacuajo?

Le revolvió el pelo con la mano y Alchi soltó una risita. El sol brillaba fuerte en el cielo y el mar pasaba al lado del coche. El día era demasiado bueno para usar la capota, así que Viriato paró un minuto y le quitaron la capota para disfrutar del tiempo. El fresco y salado aire del mar animó a Alchi, al menos un poco. Incluso se permitió una pequeña siesta. Aunque el templo del aire estaba en una isla, era una isla grande y la estación de zeppelín todavía estaba lejos. Llegarían aproximadamente a medianoche teniendo en cuenta la hora a la que habían salido.

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Con mucho cuidado, bajaron por el hueco hacia la nueva cámara que habían encontrado. Viriato fue primero, iluminando con una linterna que había traído por si acaso. Alchi iba detrás agarrada a su hermano, temblando como un flan.

En la cámara había un par de estanterías vacías y un escritorio con una silla. Un pequeño cofre reposaba en el suelo. No era muy lujoso, pero aún así estaba adornado con alguna incrustación de metales poco preciosos. No había nada más, pero no parecía que hubieran saqueado la cámara.

Viriato se acercó al cofre e intentó abrirlo, pero estaba cerrado y la cerradura era de buena calidad, con lo que ni siquiera pudo forzarlo. Lo levantó y notó que pesaba lo suyo. Se le iluminó la cara. Un cofre con algo dentro, en una cámara secreta de unas ruinas antiguas… Seguro que contenía algún artefacto arcano. Lo levantó en brazos y se dio la vuelta.

-Si no es de nadie, nos llevamos esto. Venga Alchi, volvamos al coche.

-¿Seguro que nos lo podemos llevar?

-¿Quien nos lo va a impedir? ¿El fantasma de los antiguos moradores? Vamos, ya sabes que los fantasmas no existen.

Cuando salieron de la estancia, la losa de la entrada a la cripta se cerró tras ellos con un fuerte chasquido. Un aire frío les recorrió la espalda. A medida que avanzaban, aumentaba la tensión y el nerviosismo. Ambos notaban algo que les seguía, pero no querían darse la vuelta.

-Viriato, te hecho una carrera hasta la salida.

– Ya tardabas en decirlo.

Y ambos echaron a correr desesperadamente. La presencia detrás suyo se hizo más fuerte y aumentó en número. Ahora les parecía que no era una cosa lo que les seguía, sino que eran varias y en aumento. A cada momento más terribles y más cerca. Ramas de árboles que habían crecido les golpearon en la cara haciéndoles pequeñas heridas que comenzaron a sangrar más de lo que deberían.

Mientras corría, Viriato se decía a si mismo “Se racional Viriato, los fantasmas no existen. No pueden existir. Son todo imaginaciones tuyas. Es solo el viento. No pueden ser los fantasmas. Nunca te han hablado de fantasmas, con lo que no deben existir. Vamos, mantente firme. Sigue adelante. Y NO MIRES ATRÁS.”

Por la cabeza de Alchi solo pasaba un pensamiento. “AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA”

Pese a ir corriendo, el camino se les hizo más largo que el de ida. Cuando por fin llegaron a la luz del sol, se sintieron tremendamente aliviados, pero no dejaron de correr hasta llegar al coche, solo por si acaso. Llegaron resollando, doblados por el flato, pero no se detuvieron, cargaron el cofre en el asiento trasero y montaron en el coche.

-¿Donde vamos Alchi?

-ME DA IGUAL, ARRANCA Y YA VEREMOS.

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-Por supuesto que iremos. Ya tengo las mochilas preparadas y todo. Pero mañana.

Finalmente entraron en una orfebrería, donde el herrero engarzó la joya de viento en un pendiente dorado de forma triangular. Cuando terminó, era ya tarde, así que fueron a la posada del pueblo a descansar.

Cuando el sol se levantó de nuevo, ya estaban a medio camino de las ruinas. De lejos se veían pequeñas, pero de cerca eran casi tan grandes como un pueblo entero. La entrada todavía se mantenía en buena forma y no estaba bloqueada, pero el interior ya no estaba en tan buen estado.

Los tapices se habían retirado y la mayoría de las estatuas también, pero aún se podía ver donde habían estado y el tamaño que debían de tener. Solo la cantidad de estatuas y tapices que parecía que había ya era impresionante, pero los grabados en las paredes, con trozos esmaltados de vivos colores, ahora cuarteados, la gran escala de la arquitectura e incluso las puertas daban la sensación de estar en los restos de algo que había sido muy grande.

Tras un pasillo particularmente largo, llegaron a una zona más abierta. Probablemente porque el techo que había encima se había derrumbado y estaba todo por el suelo. Ahí, la luz del sol y la humedad del mar habían desarrollado una pequeña jungla. Los árboles crecían cerca de las paredes, enredaderas se mezclaban con las piedras del techo caídas e incluso crecían juncos en algunos lugares donde el agua se embalsaba. Alchi dió un grito y se escudó en su hermano.

-¿Qué te pasa Alchi?

-Creo que he visto un fantasma. Tenía el pelo largo y ondulado, iba desnudo y la piel se le pegaba a los huesos.

-Habrá sido tu imaginación. Puede que una brisa haya movido una telaraña y lo hayas confundido.

-¿Seguro?

-Seguro. Escucha bien el ambiente. ¿Crees que habrá alguien más? No se escucha nada salvo los pájaros.

La voz de Alchi tembló al contestar:

-Pero los pájaros están fuera. No me gusta esto. Ya he visto suficiente. Vámonos por favor.

Viriato miró a su alrededor. Una brisa agitó los árboles, las hiedras y las telarañas del patio derruido.

-Aún quiero ver un poco más. Cinco minutos y nos vamos, ¿vale? Mira, si tienes miedo, que sepas que golpearé a lo que te de miedo con este palo. Y recuerda que ahora tienes magia. No tienes nada que temer.

Alchi se agarró a la camisa de su hermano durante el resto del trayecto. Viriato decidió entrar en una habitación. Estaba totalmente desierta. No había ni estanterías carcomidas, ni huecos para estatuas ni absolutamente nada. Viriato comenzó a golpear el suelo con el palo. Alchi no sabía qué estaba haciendo, pero aparentemente Viriato sí que lo sabía, porque se acercó a una pared y, tras mirarla un rato, presionó una piedra. Un click sonó  desde el suelo y una gran losa que se confundía se deslizó hacia atrás. Una escalera bajaba hacia abajo.

-Pero qué diablos…

-Vamos Alchi, bajemos allí abajo a ver que hay y nos vamos. Y si hay algo hasta nos lo podemos llevar. Puede que este sitio más escondido todavía no haya sido desvalijado.

Ya visteis una colaboración con @marelisablanco en mi anterior escrito llamado Minirex en el que ella hizo un dibujo y yo hice toda la historia alrededor de ello. Pues a los dos nos gustó y hemos decidido hacer lo mismo, pero más largo. Ella empezó haciendo un dibujo y yo a desarrollar la historia de ese dibujo hasta llegar a su dibujo y luego un poco más. Luego, ella continua la historia con otro dibujo y yo lo mismo. Así hasta que acabemos. Aún está en desarrollo y me falta darle una revisión al escrito, que lo haré cuando esté para que quede todo mejor atado, ya que aún no sabemos dónde vamos o cuando acabaremos. Pero de momento, pondremos el principio a vuesra disposición, durante toda la semana laboral. Para la pausa para el café o algo así.

Toda opinión será bienvenida, salvo las que sean directamente insultantes, evidentemente. Eso nos ayudará a saber lo que querríais ver y lo que deberíamos mejorar.

Sin más demora, aquí tenéis la historia que todavía no tiene título.

historia-conjunta

Alchi y Viriato estaban agotados por la subida.

-¿No podrías haber vigilado mejor el depósito de combustible del coche?-dijo Alchi resoplando.

-Si no lo hubieras roto hace dos días, tal vez podría haberlo sabido, pero no soy un adivino, hermanita.

-¿Será por fin este el pueblo en el que está el templo del viento? ¿O has vuelto a coger el mapa del revés?

-Por el amor de Dios Alchi, ha sido solo dos veces. Y esta vez está bien. Ya lo sabes. El señor de abajo nos lo ha dicho. Mientras tu vas al templo, yo iré a por combustible.

Por fin llegaron a la cima de la colina. Un cabo se extendía delante suyo. Al fondo, había unas ruinas del antiguo templo del aire. Delante, se extendía la nueva ciudad del templo del aire y el nuevo templo del aire. El número de magos se había reducido considerablemente desde hacía ya mucho y el templo había quedado grande. Algunas partes se habían derrumbado y los magos del templo habían decidido que era más sencillo y barato hacer un nuevo templo que arreglar el viejo.

Alchi fue directa al templo en cuanto llegó. Dentro, los magos la recibieron con los brazos abiertos en cuanto supieron que quería unirse. Tras unas breves pruebas de aptitud, que pasó con extrema facilidad (tampoco es que fueran muy exigentes para conseguir nuevos magos. Probablemente las habría pasado incluso un recién nacido). Así, los magos del templo comenzaron con el ritual.

Se reunieron cuatro de ellos en el centro del templo y cogieron tres tipos de arena diferentes. Una era blanca, otra era marrón y otra era negra. El cuarto encendió el horno y puso el molde de la joya. Uno tras otro, pusieron las arenas dentro del horno mientras murmuraban palabras místicas, que las fundió, y se metieron dentro de dos semicírculos. Luego, sacaron una pequeña figura metálica, similar a un triángulo de alambre dorado, pero con más detalles que solo se veían desde muy cerca y lo pusieron entre los dos semicírculos. Los semicírculos se cerraron y un brillo cegador salió de dentro del horno cuando lo hicieron. Cuando los moldes se enfriaron, los abrieron y sacaron la joya, una esfera de metal verde, con el triángulo metálico en su interior, no más grande de dos centímetros.

Alchi salió fuera del templo con su joya, donde encontró a Viriato sentado. El coche a vapor que habían usado para venir ya estaba delante del templo. Había ido a buscarlo mientras Alchi hacía el ritual. Con una gran sonrisa, Alchi le enseñó la joya. Viriato también sonrió y ambos fueron a la calle de los herreros. Era tradición que las joyas fueran engarzadas según su poder. Para el viento, era habitual un pendiente o la montura de las gafas, pero alguno había con propuestas inusuales. Mientras andaban por la calle buscando un herrero, Alchi le dijo a su hermano:

-Mañana nos vamos a explorar las ruinas.

Espada de piedra

Publicado: 21/12/2015 en Elementum: Candela

Toda esta investigación me vino muy bien bastante pronto. Tuve otra misión en que tenía que ir a un sitio a encontrarme con alguien. Y de nuevo, era un asesino. Esta vez, estaba preparada para luchar contra él. Llevaba mi pistola y tenía más conocimiento.

Y por supuesto, todo se fue al garete más rápido de lo que tenía planeado. Este tipo llevaba una espada. Era un experto usándola. Y además, llevaba chaleco y máscara antibalas protegidos contra los poderes. Iba muy rápido. No era fácil seguirlo. Traté de luchar con espada contra él, con una espada de hielo. Y resultó que su espada también estaba protegida contra el hielo. Si no llego a tener buenos reflejos, me habría hecho un buen corte con su espada. Mientras pensaba en posibles soluciones, fui retrocediendo hasta tocar la pared.

Y por fin se me ocurrió una idea. La protección era contra los poderes de los elementales. Por lo tanto, si lo que golpeaba no había sido creado o manipulado por el poder de algún elemental, en ese caso tenía que poder golpear sin problemas. No tenía encima un cuchillo esta vez, pero por suerte, sí que tenía una idea. Cogí un trozo de suelo y lo convertí en lava casi todo. Sin embargo, dejé un trozo del suelo sin afectar por mis poderes. Ese trozo tenía la forma de una espada. Era como si fuera un trozo de roca natural. Sin alterar. Metí la mano dentro de la lava y saqué la espada de piedra justo a tiempo para parar el golpe que me estaba a punto de dar.

Ahora estábamos en igualdad de condiciones. Solo que no estábamos en igualdad de condiciones. Yo controlaba el fuego y el hielo. Justo antes de preparar el ataque, creé una bola de fuego. No le haría daño, lo sabía, pero no era eso lo que quería. La hice más brillante de lo que le tocaría por temperatura. Lo dejé cegado. Fue en ese momento en que le clavé la espada en una de las aberturas que dejaba el traje de protección. Hasta la empuñadura. Y ahí la dejé. Ya encontrarían el cuerpo. Yo, por mi parte, había encontrado una buena táctica. La máscara que llevaba no tenía nada cubriendo los ojos, así que eso me había salvado un poco, pero lo de la espada de piedra usando los poderes a la inversa… Eso me había acabado de salvar la vida.

Seguí investigando los límites de mis poderes. El hielo fue más sencillo de averiguar. Todo vino de investigar el fuego. Pasé del fuego a la lava y me di cuenta que podía solidificar la roca en diversas formas. Pero algunas me era más fácil de hacer que otras. En concreto, la obsidiana me era muy fácil de hacer. Probé a hacer directamente obsidiana, sin pasar por lava, y no tuve ningún problema. Había algo en esa roca en concreto que me era muy sencillo de hacer. Y solo podía ver dos opciones:

1: También era elemental de roca.

2: Tenía que ver con ser elemental de hielo.

Había pensado que tal vez tenía que ver con el fuego y con ser una roca magmática. Parecía que todo lo que entendiera que estaba conectado con el fuego se incluía dentro de su ámbito. Tan solo tenía que tenerlo en mi mente considerado como uno. Es algo complicado. Tengo control sobre el fuego y lo que esté relacionado con el fuego. Todo lo que yo considere que es parte del fuego, puedo controlarlo usando el fuego. Pero tengo que considerarlo parte del fuego como tal. No tiene que ser algo consciente.

Probé la primera opción. Primero, hice una pequeña bola de obsidiana. Medio centímetro de diámetro. Después, intenté hacer lo mismo con una bola de grafito. Me concentré mucho, investigué la estructura atómica del grafito hasta tenerla memorizada en la cabeza e intenté crear una bola. Conseguí hacerlo, pero casi me desmayo de la cantidad de energía que tuve que usar para hacerlo. Y encima fue más pequeña incluso. Cuanto más investigaba, más preguntas se abrían.

¿Por qué podía crear piedra, aunque fuera una cantidad minúscula? Tal vez estaba ligada de alguna forma con otros poderes. Tal vez era ligeramente elemental de piedra. No tenía ni idea. Lo que si sabía es que la obsidiana podía crearla fácilmente porque era elemental de hielo. Y lo único que tenían en común el hielo y la obsidiana, al menos que yo viera a simple vista, era la estructura cristalina. ¿Tal vez consistía en eso el hielo? Dejé el enigma de la piedra a un lado por el momento y me centré en la estructura cristalina.

Sí. Podía ver la estructura cristalina. La notaba. Entonces, ¿era eso? ¿El poder hielo consistía en frío y estructura cristalina de las cosas? Cogí un poco de agua y la enfrié, tratando de evitar que formara una estructura cristalina en el proceso. Me costó bastante, pero lo conseguí. Tenía agua congelada, pero no tenía hielo. Nadie había visto aquella sustancia nunca. Era… extraña. Pero lo importante es que me había confirmado algo. Controlaba las estructuras cristalinas y las temperaturas en su totalidad.

Todavía tenía dudas sobre el funcionamiento de los poderes. ¿Qué era lo que hacía que funcionaran como lo hacían? ¿Por qué podía hacer todo lo que hacía? Traté de ir más al fondo, pero no pude llegar más abajo del átomo por mucho que me concentrara y lo dejé estar por el momento. Iba apuntando todos los detalles de mis descubrimientos. Mis impresiones, mis conclusiones, el camino que había seguido para llegar a esas conclusiones… todo. Algún día lo publicaría, pero de momento, era privado.

En ese primer año como directora de operaciones, me di cuenta de una cosa mientras rebuscaba en la biblioteca. Había una enorme cantidad de libros explicando cómo usar los poderes, dando ideas de cómo funcionaban, cómo controlarlos mejor, técnicas para mejorar su uso y consumir menos energía… Todo un arsenal de libros prácticos. Pero no había absolutamente ninguno que tratara sobre cómo funcionaban los poderes a un nivel fundamental.

Todavía no estaba segura de cómo funcionaban mis poderes de fuego. Me daba la sensación de que me estaba perdiendo algo. Así que busqué información sobre los poderes. Pero solo encontré cómo funcionaban. Supongo que nadie más se había encontrado con el problema de  no entender su poder. De hecho, con el hielo no tenía esa sensación de que me perdía algo, con lo que no me había molestado en buscar información. Sabía lo que podía hacer, o eso creía, pero no sabía por qué podía hacerlo. Y nadie se había molestado en buscarlo. Era más urgente saber cual era el límite.

Como no encontraba información de ningún tipo acerca de cómo funcionaban los poderes elementales, decidí investigar en qué consistía el fuego para ver si podía inferir alguna cosa. Me pase un mes entero investigando sobre el fuego y tratados que hablaban sobre el fuego.

En principio, podía controlar el fuego. En general. Esto debía querer decir que podía controlar tanto su temperatura como la luz que emite, aunque estas dos vayan ligadas entre si. Tal vez era posible desligarlas debido a mis poderes, así que me dispuse a comprobarlo. Hice una llama a 1.000 grados y traté de alterar la cantidad de luz que emitía hasta apagar la luz, pero mantener la llama. Y funcionó. Me costó un poco pillarle el truquillo, pero pude desligar la temperatura de la luz. Esto me llevó a pensar. Podía controlar la luz. Podía llegar a emitir solo luz si hacía falta. Y la luz era la radiación electromagnética que nuestros ojos pueden percibir. Es decir, podía controlar la radiación o, al menos, la radiación electromagnética. ¿Podría controlar otros tipos de radiación?

Primero investigué acerca de la radiación. Otro mes entero buscando tratados y trabajos sobre ella. Un día, fui a una central nuclear de las que todavía estaban en uso. Una de las de fisión nuclear. Ahora las sabía distinguir de las de fusión. Me acerqué a la cámara del reactor con un traje de protección y me senté a tratar de observar las partículas radiactivas. Tras todas las capas de protección, había barras de plutonio. Traté de notarlas. Poco a poco. Primero lo grande. Luego iría a lo más pequeño. Y sí, con un poco de paciencia, pude notar las barras de plutonio sin verlas. Saber cuanta energía les quedaba. Estaba empezando a ver cómo funcionaba esto. Cuanto más observaba las barras y más me fijaba en sus entresijos, más me daba cuenta de cómo funcionaba realmente y más podía ver. No pasó mucho tiempo hasta que pude ver detalles microscópicos. Cada vez más y más pequeño, hasta llegar a ver y saber cómo funcionaba la fisión nuclear.

Todo un mundo de posibilidades se abría ante mi. Nuevas formas de usar los poderes. Nuevas formas de combinarlos. Todo con fijarme bien en las cosas y hacerme las preguntas adecuadas.

Casi, pero no.

Publicado: 30/11/2015 en Elementum: Candela

Fue en esos primeros días donde hice la peor misión de mi vida. Iba demasiado confiada de mis poderes, me encontré con un grupo de gente que estaba preparada para luchar contra mis poderes y no supe reaccionar. Me atraparon. No quiero recordar cómo lo hicieron. Fue bochornoso.

No solo me atraparon, sino que me pusieron de rodillas frente a su jefe, que me apuntó con una pistola a la cabeza. Ese fue el momento en que he pasado más miedo en toda mi vida. Acababa de llegar al puesto que quería y podía empezar a cambiar las cosas, pero me iban a disparar. Traté de quemar controladamente la pólvora para encasquillar la pistola, pero estaba protegida. Tenía que averiguar la contraseña, y podía ser cualquier cosa. Una palabra, un concepto, una imágen… Comencé por la palabra, ya que es lo más simple, mientras me llevaban hasta su jefe. No era ninguna letra, así que probé lo siguiente más fácil que fuera, una imágen. Cogí un lienzo y comencé a pintarlo de color y de líneas por todas partes. Poco a poco, iba encajando. Iba formándome una imágen. Mientras hacía esto, tenía la pistola a un dedo de mi frente. Y la verdad, era una pistola enorme.

Estaba nerviosa como nunca. Trabajaba frenéticamente para encontrar la solución a ese puzle. Y el lider se estaba quedando sin nada que decir. Ya casi había acabado cuando dijo «adiós». Me faltaba tan poco. Tan poco… Todo se iba al garete. Absolutamente todo. Me invadió una sensación de impotencia como ninguna. Fue horrible.

Y fue justo cuando apretó el gatillo que vi la luz. No me iba a dar tiempo para desactivarla totalmente. Ni de lejos. Pero en el momento en que comenzó a prender, ya no estaba protegida. Había cambiado lo suficiente para ser otra cosa, al menos en lo que a poderes respecta. Aproveché ese momento para absorber el fuego que se iba generando. Me fue justo, pero conseguí salvarme. Tenía la frente llena de sudor por los nervios y respiraba demasiado rápido.

El que me estaba apuntando volvió a apretar el gatillo, se miró la pistola extrañado y expulsó la bala que no funcionaba. No iba a poder hacer el mismo truco dos veces. Y si podía hacerlo, se iban a dejar de pistolas y sacar las armas blancas. Y eso no podía evitarlo. Aproveché la poca confusión que se había creado para lanzar mi contraataque.

Todavía no se cómo pude acabar con todos los que estaban en esa habitación. Al final, sólo quedamos yo y el que me habia apuntado con la pistola. Estábamos igual, solo que esta vez, los papeles eran al revés. Le había inmovilizado de brazos y piernas con el hielo y lo tenía arrodillado frente a mi. Cogí la bala con que me había tratado de matar y la cargué en la pistola. Iba a matarlo con la misma bala con que me había tratado de matar. Mientras le apuntaba a la cabeza, me dijo sus últimas palabras. Estaba aterrado. Había destrozado a todo su equipo de guardias de élite.

-Por favor… No lo hagas. No tienes ni idea de lo terrorífico que es esto. Por favor… por favor…

-Yo creo que sí que lo se. Hace un momento estaba en tu posición.-Y disparé. Era de un calibre enorme. Podía ver a través del agujero que le había hecho en la cabeza.

El director

Publicado: 23/11/2015 en Elementum: Candela

Por suerte, no tardó en llegar ese momento. Fue tras hacer la primera misión. Las misiones que teníamos eran de distinta urgencia. Algunas se habían de cumplir en una fecha completa. Otras se habían de completar antes de una fecha concreta y otras no tenían un periodo para completarlas. Ya no había misiones que cumplir especialmente para ese día, así que decidí mirar cual de las que no tenían fecha era la más antigua. Y fue justo la excusa que estaba esperando para vengarme del director. Era él el objetivo. Y además era una misión impuesta por el gobierno europeo.

Todos los papeles que entraban y salían de la sala de archivo estaban estrictamente controlados. Por eso el director no había podido eliminar ese papel. Y el resto de directores de operaciones seguramente no tuvieron ganas o valor de enfrentarse al director. O tal vez les había convencido. Incluso era posible que ni se hubieran molestado en comprobarlo.

Todavía tenía balas en mi arma de la misión que acababa de hacer. Fui directa hasta su despacho, donde sabía que estaría a esa hora. Cuando entré, levantó su cabeza de los papeles que estaba mirando y me preguntó:

-¿Quérías alguna cosa?

-Tan solo es por motivos de trabajo.-Dije sacando la pistola y apuntándole.

La frente del director se llenó de sudor. Comenzó a temblar. Se puso de pie y levantó las manos.

-¿Has visto la orden entonces? ¿Que quieres a cambio de olvidarte? Te daré lo que sea.

-No quiero nada. Matarte es solo algo profesional. ¿No era ese vuestro objetivo cuando apartasteis a todos los que quería de mi lado? ¿Que me involucrara más en esto? Me hicisteis una máquina de matar. Solo estoy haciendo para lo que se me programó.

El director había ido andando hasta las estanterías. Entonces se detuvo y sacó un revolver del lomo de un libro. Si no fuera por mis poderes, estaría bien escondido. Pero tenía mis poderes. Estaba preparada. En cuanto lo cogió con la mano, le disparé a la mano. No para hacerle saltar el revólver. Le hice un agujero en plena mano. Después, le disparé a la pierna derecha. Esto le desequilibró y lo tiró al suelo.

-¿Entonces es una venganza personal? ¿Por eso es por lo que me vas a matar?

-No. Lo de matarte es puramente profesional. Ya te lo he dicho. Estoy cumpliendo mi trabajo, como vosotros queríais. No. Tu muerte es profesional. Pero mi disfrute de ella es por motivos personales.

Le apunté a la cabeza. Ahora si que estaba temblando. Parecía un chihuahua. Sus ojos estaban llenos de lágrimas y no paraba de sacar mocos. Daba hasta asco. Apreté el gatillo mirándole a los ojos.

Y en un momento, ya estaba. Me había vengado. Clavé la órden de asesinato en su pecho con un abrecartas que tenía encima de la mesa y me fui. Ya lo encontrarían. Matar al director fue algo curioso. Estaba alegre. Mientras paseaba por los pasillos, con salpicaduras de la sangre del director, me reí a todo pulmón. Sí. Me había gustado matar a ese capullo. De hecho, me gustaba matar. Al final le había pillado el gusto.