Un mal momento

Publicado: 19/10/2015 en Elementum: Candela

Le lancé una lanza de hielo a su traje. Estaba a punto de darle, cuando se deshizo en el aire. Se volatilizó. No quedaron restos de hielo flotando ni nada parecido. Era como si se lo hubiera tragado un agujero negro. El traje que llevaba estaba encantado. No le podía hacer nada con ataques directos de elementos. Estaba preparado para cualquier problema. No me extraña que sus víctimas no le hubieran hecho nada. Aun si lo hubieran intentado, no habrían podido. Era hora de ponerse serios. Me puse la máscara de «Fantasma». Eso sí que le llamó la atención. Me miró. En sus ojos se podía ver que estaba fuera de si. Era como si estuviera en un éxtasis. Dejó a mi alumna y vino hacia mi con el cuchillo. Por suerte, yo también tenía mi propio cuchillo y lo detuve.

Estuvimos un rato intercambiando golpes. Yo no conseguí darle ni uno solo. Él, en cambio, me hizo un corte superficial en la mejilla. Todavía no me había dado cuenta, pero cuando llevaba la máscara, me olvidaba de quien era y de mis conocimientos. Podría haberle esquivado. Podría haberle ganado antes, pero cuando me ponía la máscara, era otra persona. Por desgracia, me di cuenta mucho más tarde. Ese día, luché siendo el fantasma. Y me dio algunos golpes.

Por fin, le conseguí dar un golpe en el pecho. Un corte que iba desde el hombro hasta el ombligo. No le hice nada. Pude ver que debajo del vestido de motorista llevaba un chaleco de kevlar para los cortes y las balas. Era un modelo popular. Lo había visto muchas veces. Eran varias piezas sujetas entre si por correas. Si una pieza estaba muy destrozada, se podía cambiar esa pieza sola por menos precio que un chaleco entero. También permitía ajustarlo mejor. Pero una vez sabía lo que llevaba encima, sabía qué debía hacer para derrotarlo. Me lancé hacia él. Antes de llegar a su alcance, me lancé rodando hacia mi izquierda mientras usaba el hielo para hacer que mi cuchillo tuviera más alcance y le cortara la tira del abdomen. Si le podía alcanzar ahí, había ganado. O al menos, estaba más cerca de ganar. Solo con esperar un tiempo, se desangraría lo bastante para rematarlo sin peligro. Pero se había dado cuenta de lo que quería y no me dejaba acercarme a su punto débil.

Tomé una decisión. No iba a ser placentera, pero iba a funcionar. No se lo esperaba. Me lancé hacia él con el cuchillo en alto, como para darle en la cara. Sin cubrirme. Sonrió y apuntó su cuchillo a mi pecho y dio un paso adelante. Yo contaba con eso. Salté antes de que me cortara. Así, su cuchillo se me clavó en el abdomen. Dios santo como dolía. Solté un grito de dolor. Me dejé caer sobre él y dejé caer el cuchillo. Mi brazo estaba por encima de su hombro, como yo quería. Ahora el cuchillo al suelo para que se confiara. Rebotó con un sonido metálico y sonrió. Dejó que me acercara más. Fue entonces cuando, con la mano izquierda, lancé una columna de hielo que cogió el cuchillo y me lo puso en la mano. Al lado de su apertura. Ahí se lo clavé. Gritó. Pero eso no era suficiente. Yo también tenía una herida similar. Tenía que hacerle más daño.

Todo el mundo sabe que no se puede actuar dentro del cuerpo de otra persona, con unas pocas excepciones. Los elementales de curación son una de esas excepciones. Otra es cuando el nivel de energía de las dos personas es muy diferente. Otra opción es actuar con objetos que ya estén dentro del cuerpo. Eso no es actuar sobre el cuerpo en sentido estricto. Aproveché esto para usar el fuego. Calenté la hoja del cuchillo que tenía clavado en el abdomen para que explotara en miles de pedazos. Los trozos le perforaron los pulmones. Me aseguré de ello. Le quedaban unos pocos minutos de vida.

Lo empujé hacia atrás. Le miré y le escupí encima. Todavía tenía su cuchillo clavado. Si me lo sacaba, empezaría a perder más sangre, ya que no tendría un tapón. Llamé a la academia para que abrieran un portal y nos trajeran de vuelta. Necesitaba atención médica inmediatamente. Levanté a la pobre alumna. Ella era mi prioridad. En cuanto llegué a la academia, la entregué a los médicos que nos esperaban. Tenían que quitarle el veneno y curarle los dos tendones. Yo solo tenía un cuchillo clavado. Todavía podía andar hasta la enfermería.

Solo llegué a medio camino cuando me interrumpieron. Eran los otros dos candidatos a jefe de operaciones. Había olvidado la diferencia horaria.

-¿No podéis esperar cinco minutos a que me curen el cuchillo clavado en el estómago?

-Lo siento, dijiste que a mediodía, y ya llevas casi media hora de retraso. Aun gracias que te dejamos estar aquí.

Me estaba cagando en sus muertos tanto… Pero ahora no podía decirles que no, o sería yo la que quedaría peor. Además, si ganaba en mi estado, mi posición se vería reforzada. Sí. Podía hacerlo. Además, habían sido previsores. Ya había un público alrededor que nos miraban atentamente. Y solo crecía. Apreté los dientes y me arranqué el cuchillo del abdomen. Inmediatamente me puse una mano encima para contener un poco la hemorragia.

-Muy bien. Adelante pues. Os dejo el primer ataque. Tal vez así tengáis una oportunidad.

El efecto fue devastador entre el público. Aun si ganaban ellos, sería una victoria mediocre. Me querían a mi. Ellos se miraban entre si, pensando la estrategia. Yo solo podía pensar en lo mucho que dolía estar desangrándose porque me habían clavado un cuchillo en el abdomen. Y ahora tenía que encargarme de esos dos imbéciles. Se iban a enterar de lo que es bueno.

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