SAO fanfic completo

Publicado: 03/06/2015 en Fanfic

Breve resumen de los acontecimientos previos:

Año 2022. Unos juegos llamados VRMMORPG (vaya con el nombre. Significa Virtual Reality Massive Multiplayer Online Role Playing Game o juego de rol online multijugador masivo de realidad virtual. Si uso algún término similar, intentaré explicarlo, al menos una vez, para que nadie se pierda) han conseguido gran popularidad. Entre los nuevos juegos, destaca el videojuego Sword Art Online, el cual ha ganado mucha popularidad antes de su salida al mercado. Cuando salió, solo 10.000 personas pudieron conseguir una copia del juego.

Una vez iniciado, no había botón para salir del juego. No era posible escapar. Todos los jugadores fueron concentrados en una gran plaza, en la que el creador del juego, Kayaba Akihiko, les explicó que se encontraban atrapados en el juego y la única forma de salir era llegando al último piso de los 100 que había. Si alguien les quitaba el casco desde fuera, antes de que se lo sacaran, les freía el cerebro. Y si morían en el juego, morían en la vida real. Desde ese momento, el caos reinó.

Y ahora, el inicio de esta historia.

Habían pasado dos semanas desde que quedaron atrapados en el juego. Los primeros momentos fueron caóticos. La gente no sabía que hacer. Sus avatares habían cambiado por una imagen real de ellos mismos. Muchos jugadores quedaron sorprendidos y en un primer momento, el caos reinó en su pequeño mundo. Se calmó rápido gracias a que hubo un desmayo simultáneo de todos, probablemente al trasladarlos a un hospital.

Había pasado una semana desde eso. Aniya se había encerrado en una habitación, casi sin salir. No era el único que lo había hecho. Mucha gente, sobretodo niños, se habían encerrado por miedo. Pero Aniya se había encerrado para estar tranquilo. Tenía que pensar. Este era su primer MMORPG. No sabía nada. Y de golpe tenía su vida pendiendo de un hilo de algo que todavía no entendía. No podía ir solo. Tenía que conseguir algún compañero que supiera algo. Durante varios días había ido a la plaza principal, viendo a los otros jugadores ir y volver. Había conocido a algunos jugadores interesantes que le habían ofrecido su ayuda.

A final, se decidió a mandarle un MP (mensaje privado) a uno llamado Onatu. Había hablado con él un par de veces y sabía algo sobre los MMORPG. Tenía experiencia y estaba tratando de ir por el camino del tanque (jugador de primera línea que absorbe todo el daño posible y atrae los ataques enemigos), con lo que estaría bastante protegido. Eso sí, él tendría que ir por el camino del support (jugador de apoyo. Su función suele ser curar al resto de jugadores, dar ventajas a los aliados con habilidades que mejoran las estadísticas o añaden efectos positivos o bien poner debufos a los enemigos, dificultándoles movimiento o empeorando sus estadísticas. Muchas veces se mezclan estos caminos) o por el de DPS (Daño por segundo. Jugador que se encarga de hacer todo el daño posible en el mínimo tiempo posible).

Quedaron encontrarse al día siguiente en la plaza del pueblo. Onatu ya le estaba esperando. Pero no estaba solo. Había otra jugadora a su lado. Tenía una lanza e incluso menos armadura que él. Por lo que había visto, esa era la forma típica de los support. Así que le iba a tocar se DPS.

Se presentaron. La jugadora se llamaba EstFaux y efectivamente, era support. Era también nueva y no había jugado mucho todavía. Así que no tuvieron muchos problemas en dejarle practicar. No tardaron en pillarle el truquillo al movimiento del juego y la forma de usarse de las habilidades. También cogieron las ideas básicas sobre cómo funcionaba su estilo de juego por parte de Onatu. Por recomendación suya, se compró una daga en cuanto tuvo suficiente dinero. Tenía menos daño, pero le doblaba la velocidad de ataque.

El tiempo pasó. Todavía les costaba acostumbrarse a su rol en la formación. Aunque Onatu era un jugador experimentado y no sentía dolor, era su primer juego de realidad virtual y el ataque de los enemigos todavia le impresionaba y le hacia recular. EstFaux se iba demasiado a primera línea. El único que parecía estar actuando acorde a su rol a la perfección era Aniya. Siempre se lanzaba en cabeza a hacer el máximo daño posible. Gracias a él habían podido eliminar a varios minijefes enemigos.

Onatu ya no pudo aguantar más y le preguntó. ¿Por qué se lanzaba así?

-Porque es divertido.

Desde ese momento, cada vez que se encontraban con un monstruo, Onatu no podía apartar la mirada de la sonrisa que aparecía en la cara de Aniya, que solo se hacía más y más grande a medida que recibía daño. Era perturbadora.

Unos días después, les llegó una gran noticia. Alguien había derrotado al boss del primer piso del laberinto. Por fin podían avanzar al siguiente piso.

No sabían el horror que allí les esperaba.

Ocurrió luchando contra un miniboss. Se trataba de lo que generalmente se llama minotauro, con una enorme maza. Aniya se lanzó el primero contra él, sin esperar al resto. Al principio no tuvo problemas. EstFaux pudo mejorar su velocida de movimiento antes de que comenzara el combate, con lo que en las primeras arremetidas no tuvo problemas. Onatu servía para que Aniya se refugiara en su espalda mientras el cooldown (tiempo en el cual una habilidad no se puede volver a usar) de sus habilidades se recuperaba.

Pero Aniya fue demasiado imprudente. Se acercó demasiado al enemigo justo cuando la mejora de velocidad de EstFaux se terminó. Estaba fuera del alcance de la habilidad y de pronto era más lento. Y tenía un enorme martillo yendo directo a su cabeza. Intentó apartarse, pero no pudo apartarse del todo. El martillo aplastó la mitad de su brazo izquierdo. De un golpe, el boss lo mandó hasta donde Onatu estaba. El modelado 3D se podía ver a través del golpe. Se regeneraría. Cosas similaes habían ocurrido antes. Pero tardaría cierto tiempo. Lo más prudente era retirarse.

Pero Aniya no esperó. Sonreía. Es más. Se estaba riendo. Se levantó del suelo y se volvió a lanzar contra el jefe enemigo. EstFaux pudo ponerle a tiempo la mejora de velocidad y se lanzó también al combate. Aunque no era su principal cometido, en Sword Art Online, todo el mundo podía combatir.

Aniya estaba fuera de si. Se reía como un maníaco. Onatu retrocedió un paso. Era una risa que daba miedo. Era la risa de alguien que no estaba en sus cabales. Y cuando tu vida depende de tu habilidad y estrategia, perder la cordura era casi como una sentencia de muerte. Onatu por fin reaccionó y se lanzó hacia la batalla. Aniya tenía la vida bajo mínimos y no había tomado pociones para recuperar vida. La salud de EstFaux también estaba bajando rápidamente. Atrajo todo el aggro (por así decirlo, la atención) del enemigo que pudo hacia si mismo y se preparó para recibir una buena tunda.

Y la recibió. Acabó de nuevo donde había comenzado. Pero en ese momento que se lanzó hacia adelante, ese momento en que el monstruo no le prestó atención, bastó para que Aniya le asestara el golpe final. Aunque había comenzado a entrenar más tarde que él, su nivel ahora era muchísimo más alto que el suyo.

La risa no se había detenido todavía. Tan solo se detuvo cuando EstFaux le dio un sonoro sopapo. Estaba visiblemente enfadada. Le gritó:

-¿Qué demonios ha sido eso? Casi te matas y casi nos llevas a nosotros por delante. ¿Y esa risa?

-Por primera vez en mucho tiempo me he sentido en casa. Y lo mejor de todo es que no duele nada. Da igual lo que te hagan, nada duele. Llevamos más de un mes aquí y solo hemos llegado hasta el segundo piso. Y hay 100. Además, estos pisos están explorados desde la beta. ¿Os imagináis lo que costarán los pisos superiores? Podríamos estar aquí encerrados toda la vida. Y si es cierto eso de que si nos matan, morimos de verdad, seguramente sea así. Así que a mi me importa una mierda salir del juego. Yo estoy bien aquí. Solo quiero divertirme.

-¿Y tus padres? ¿No te echarán de menos? Tus amigos, tus hermanos, tu pareja… ¿Todos ellos te dan igual o qué? Yo solo quiero terminar esto. Yo solo quiero volverles a ver la cara aunque solo sea una vez más. Yo solo quiero llegar al final.

-¿Y a mi qué? No me importa lo que tu quieras. Estamos en un jodido MMORPG. Hay gente que se encierra en ellos durante muchísimo tiempo. Podemos vivir aquí y pasárnoslo de puta madre toda nuestra vida. Es como morir haciendo paracaidismo. Sí, mueres, pero ,¿qué mas te da?

-Pues a mi me importa. Nadie me preguntó si quería quedarme encerrada aquí durante semanas, y mucho menos durante meses. Mis prioridades son mi familia, mis amigos y mis estudios. Yo llegaré hasta el último piso, contigo o sin ti.

Onatu ya no pudo aguantar más y se metió en medio de la discusión. No soportaba como estaban discutiendo.

-Por favor, basta de discutir. Todos queremos lo mismo, ¿verdad? Seguir subiendo hacia arriba. Los motivos dan igual. Solo queremos subir y seguir subiendo. Llevémonos bien. Tenemos todos el mismo objetivo. Todos los jugadores atrapados en este mundo estamos igual.

Las palabras de Onatu tuvieron el efecto deseado y ambos se calmaron durante bastante tiempo. De vez en cuando todavía peleaban, pero eran peleas mucho más pequeñas. Todo iba sobre ruedas. Habían llegado a formar parte del grupo de cabeza y habían derrotado un par de jefes de piso.

En cuanto llegaron al tercero de ellos, todo se fue al traste.

En toda historia hay un momento en que todo se va al traste. Normalmente, los héroes consiguen arreglar el problema creado y ahí termina la historia. Todo el mundo es feliz, todo el mundo está contento y los héroes continúan su viaje, del cual nunca más sabremos nada.

Ese tercer jefe enemigo fue el momento exacto en que todo se fue al traste.

Habían estado atacándole muchas personas durante mucho rato. La barra de vida había bajado al color naranja. Es habitual que los jefes cambien de patrón de ataque cuando tienen poca vida. Muchas veces es un cambio más brusco. Algo radical, como si fuera un enemigo totalmente diferente. No siempre ocurre. Otras veces, mantiene los mismos patrones de ataque.

Aniya no vio ningún cambio en el comportamiento del jefe. Seguía atacando igual y se defendía de la misma forma de los ataques. Aunque no era un gran experto, eso significaba que podía seguir atacando de la misma forma que como lo había hecho hasta ahora. No había necesidad de contenerse. Sonrió. Corrió hacia su espalda mientras todo los demás atacaban por delante. Era la zona desprotegida. Ahí podría darle fuerte.

O eso creyó. Esta vez, la cola del enemigo reaccionó de forma nueva. Era un nuevo patrón de ataque. No lo conocía. La cola tenía un pincho. Iba directo a su cabeza. Intentó alejarse todo lo que pudo. Se acercó a Onatu. Con su escudo podría desviar el golpe hasta que adivinaran cual era el nuevo patrón.

Onatu estaba paralizado en su sitio. Veía como la cola con el pincho se acercaba a Aniya y cómo Aniya intentaba huir. Podría saltar hacia adelante. Intentar hacer algo, pero sus piernas no respondían. No podía moverse de su sitio.

La cola atrapó a Aniya. Le atravesó el cráneo de parte a parte. Luego, cogió el cuerpo y lo lanzó hacia el centro del campo de batalla. Justo para que la enorme espada que usaba le partiera por la mitad.

En la pantalla de estado (donde se muestra la vida, habilidades y otros aspectos clave del jugador y alguna información de los miembros de su grupo), Onatu pudo ver cómo la vida de Aniya bajaba hasta el cero. Y delante de sus narices, el cuerpo de Aniya desapareció, en una nube de píxeles, que se elevaban hacia la cúpula de la cámara hasta desaparecer.

EstFaux cayó de rodillas al suelo. Lágrimas bañaban sus mejillas. Su mente era un caos. No podía aclararse. Ese mónstruo había matado a Aniya. Delante de sus ojos. Tenía que derrotarlo. Ahora más que nunca. Tenía que acabar con todos los mónstruos del maldito juego. Empezando por los que tenía delante y acabando por su creador. No iba a dejar a ninguno con vida. Los odiaba. Odio puro, inadulterado. Era su único sentimiento.

No tardaron mucho en eliminar al jefe enemigo. En la batalla, la única baja fue Aniya. Cuando terminaron, todos avanzaron al siguiente piso. Pero antes de que Onatu subiera por la escalera, EstFaux le cogió por el hombro para que se quedase.

Solo cuando estuvieron solos, EstFaux comenzó a hablar:

-¿Por qué no le has salvado?

-¿Te refieres a Aniya?

-¿A quien si no me voy a referir? Nadie más ha muerto. Podrías haberle salvado, y lo sabes. Tan solo tendrías que haber andado un par de pasos hacia adelante y haberle cubierto con tu escudo. ¿No se supone que tu sabes de todo esto? ¿Por qué nunca proteges a nadie con tu escudo?

-Normalmente juego como DPS a distancia. Un mago o un arquero. Pero aquí no hay ninguna forma de hacer daño a distancia, así que decidí intentar algo nuevo y me hice un tanque. No esperaba que fuera algo que me diera tanto miedo de jugar en primera persona. Tener ese bicho enorme delante tuyo y tener que meterte en su camino… Aunque sepa que no me va a matar. Aunque sepa que no me va a doler. Da mucho miedo. Se me han congelado las piernas. No podía dar ni siquiera un paso adelante. Estaba clavado en el suelo. Además, es culpa suya por lanzarse de esa forma. No me eches a mi las culpas de que haya muerto.

-No intentes librarte de culpa. Si el se lanzaba como se lanzaba es porque era su trabajo. Y el tuyo era evitar que lo mataran. ¿Y encima ahora tienes los santos cojones de decir que no es tu culpa? Me voy. Y tú no vienes conmigo. No quiero que un patán como tú me proteja. Eres un mónstruo.

Sí. EstFaux pensaba eso. Onatu era un mónstruo. Y su objetivo era eliminar todos los mónstruos del juego. Fueran NPC o jugadores.

Habían pasado varias semanas desde que Onatu y EstFaux se habían visto por última vez.

Sin embargo, Onatu no pareció sorprendido de ver a EstFaux. Había recibido una nota citándole a ese sitio, a esa hora. Era un bosque con los árboles marchitos. La gente lo temía y había historias de gente que había entrado para no volver a salir nunca. No se sabe si eran inventadas o no.

EstFaux había cambiado. El principal cambio es que ahora, además de su lanza, llevaba un cuchillo corto. Onatu tan solo había actualizado su equipamiento por otro mejor. Ambos se miraron sin decir nada, evaluando el equipamiento del otro y si había cambiado algo en su actitud. Onatu fue el primero en romper el silencio:

-¿Por qué me has llamado aquí?

-¿No puedo llamarte solo para hablar un poco? Hace tanto que no nos vemos, viejo amigo…

-Los dos sabemos que ese no es el motivo. ¿Qué es lo que quieres?

-Creo que ya lo sabes, ¿no? Eres un peligro público. Verás, no hace mucho me he unido a un gremio. Su objetivo es ayudar a la gente. Si has cometido un crimen, como matar a alguien, te castigan. Si eres un peligro, toman medidas. Se llama “Laughing Coffin” (ataúd sonriente).

-¿Estás mal de la cabeza? Son unos asesinos. Matan por mero placer y son un peligro para todo el mundo.

-¿Seguro que son más peligrosos que tú, Onatu? Sigues empeñado en ser un tanque cuando no tienes la aptitud necesaria para serlo. No te rindes en tu empeño. Y pones en peligro la vida de la gente. ¿Cuantos han muerto ya porque no les has defendido bien? ¿Tengo que esperar a que muera más gente para pararte?

-Si lo que quieres es que cambie mi estilo de juego, está bien. Lo haré. Solo déjame ir.

-No puedo hacer eso. Verás, para empezar, ya ha muerto gente por tu culpa. Por no hacer lo que debías hacer. Era tu papel, y aquí, tu papel es la ley. Y debes ser castigado por ello.

-¿Y lo harás cometiendo mi mismo crimen? Has perdido la cabeza. Por favor, no quiero tener que hacerte daño. Piensa en lo que vas a hacer.

-Lo he hecho. Durante mucho tiempo. Y no me importa sacrificarme por un bien mayor. No saldrás de este bosque con vida.

EstFaux se lanzó hacia Onatu con su lanza. Onatu no tuvo problemas para desviarla con el escudo, pero no esperaba el cuchillo, que le hizo un corte en la cara. En ese momento supo que era imposible que ambos salieran de ahí con vida. Uno de ellos iba a morir.

EstFaux aprovechó sus habilidades. Incluso las nuevas, que le permitían sacrificar parte de su vida a cambio de una ventaja temporal. No paraba de usarlas y de golpear a Onatu. Ninguno retrocedía. Ambos habían aprendido a jugar al mismo tiempo. Ambos se conocían y sabían los movimientos del otro.

Aunque EstFaux había subido muchos más niveles que Onatu, el uso repetido de habilidades que le quitaban vida hizo que ambos acabaran al mismo nivel. Y entonces Onatu atacó. Un solo golpe que le dio en la cara. Eso hizo enfurecer a EstFaux. Ya no era odio, era rabia. Solo pensaba en matar a Onatu por todo lo que había hecho. Se merecía la muerte.

EstFaux dejó de prestar atención a su vida. Solo le importaba atacar. Y así, aunque Onatu estaba a menor nivel y tenía la misma experiencia con su clase, le pudo ganar. Le llevó a su terreno. Le obligó a jugar con sus normas. Poco a poco, la barra de vida de EstFaux fue bajando hasta niveles críticos. Y Onatu dio el golpe final. EstFaux se disolvió en una nube de píxeles y burbujas.

Onatu cayó al suelo, agotado por el cansancio. Había estado luchando mucho rato, pero no tenía otra opción. EstFaux ya no era la persona que había conocido. Era un monstruo peligroso que había que destruir para salvar a la gente.

Onatu no vio las figuras que se le acercaron sigilosamente por detrás.

Ese día, nadie salió del bosque muerto.

Fin

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