No se me ocurre un título para esto

Publicado: 11/05/2015 en Elementum: Candela

Entonces se puso a lanzarme bolas de fuego. Mi primer impulso fue esquivarlas. Luego pensé en bloquearlas con hielo. Y después pensé en absorber el fuego, ya que podía controlarlo también. No me decidí por ninguna de las tres y me quedé parada en el sitio. La primera bola de fuego me golpeó en el brazo. Ardía. Mucho. La segunda traté de esquivarla, pero no solo no la esquivé, sino que me dio en toda la cara. Tuve suficientes reflejos para congelarmela parcialmente, pero mi frente ardía. La tercera bola la bloqueé.

-Por favor, Centia. Déjalo estar. No quiero hacerte daño.

-¿Tú? ¿Hacerme daño? Por favor, si eres una inútil. No sabes defenderte por ti misma. Me das pena.

No esperaba esas palabras de ella. Siempre le había escuchado hablar alabanzas sobre mi. No me las creía, pero al menos esperaba que no me despreciara.

-¿Pero qué estás diciendo?

-Que te odio. Te odio con todo mi ser. No te soporto. Eres una creída. Te crees muy especial. Solo te he hablado y hecho caso por pena. Eres una indecisa que no sabe que hacer, una quejica y sobretodo una creída. Miradme, puedo controlar dos elementos. Soy tan especial. Dios, no te soporto.

Centia puso sus puños en llamas y se lanzó hacia mi. Fui a bloquear el golpe y absorber el fuego de sus manos. Conseguí bloquear el golpe, pero no pude absorber el fuego. Me quemé la mano entera. No sabía por qué. El fuego de sus manos no estaba cifrado. Era solo fuego normal. Lo había hecho miles de veces. ¿Por qué no podía hacerlo esta vez? El segundo puño venía a por mi. Lo volví a intentar. Y volví a fallar. El primer puño volvía a estar listo y venía otra vez a por mi. Mis manos estaban demasiado lejos para bloquearlo con ellas, así que protegi mi cuerpo con una lámina de hielo, la cual atravesó como si fuera papel de arroz.

Tuve que gritar de dolor. Mientras lo hacía, otro golpe me dio en toda la cara y me tumbó en el suelo.

-Ni siquiera sabes cómo funciona el fuego. Eres simplemente patética. Ojalá te mueras. Sinceramente. Te odio. Te odio desde el primer día en que te vi. Te odio con todo mi corazón maldita criaja. Te crees especial y no eres más que una inútil, una buena para nada. El hielo no es tu elemento. El fuego no es tu elemento. ¿Cual es tu elemento? ¿Para qué sirves? No sabes hacer nada.

Tras el discurso, puso su pie en llamas y comenzó a patearme el tórax. Estaba llorando. Tenía razón. El hielo no era mi elemento, mi elemento natural era el fuego, según había visto. Pero no sabìa controlar el fuego. No tenía elemento. No servía para nada.

Me fijé en sus llamas. En la base de estas. En su estructura más básica. Y tuve una iluminación. No sabría cómo decirlo. Simplemente, al ver detalladamente cómo era el fuego generado por Centia, entendí el funcionamiento del fuego. Del poder. No solo era el fuego. Era la velocidad de las moléculas. Era la luz que estas desprendían. Era como se separaban entre si. Entendí cómo funcionaba el calor.

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