La hora de la comida y Centia destrozando a un novato.

Publicado: 20/04/2015 en Elementum: Candela

De hecho, creo que no dejé mi cerebro en el mismo estado. Me di cuenta un par de días después. Era la hora de comer y estaba yendo a sentarme cuando un idiota me puso la zancadilla. Me dio tiempo para poner la comida en un bloque de hielo y no se perdió ni se rompió nada, pero me caí al suelo.

La primera persona que hizo algo fue Centia. Se levantó de donde estaba y fue a donde estaba. Me ayudó a levantarme y luego encaró a ese chico. Por su pulsera, era un elemental de tierra.

-¿Qué crees que haces poniendo la zancadilla? Ya tienes una edad para hacer esas cosas de niño pequeño.

-¿Y a tí que te importa?-Contestó.

-Me importa. Y mucho. Mira lo que le has hecho a la pobre Candela. Ahora la comida estará aguada.-Intenté contestar algo, pero era imposible callarla cuando había comenzado a hablar.- Si vas a seguir portándote así, al final voy a tener que darte una lección y obligarte a pedir perdón.

-¿Tú? Me gustaría ver cómo intentas darme un poco.

Y dicho y hecho. Centia lo cogió del brazo y lo llevó al patio central. Todas las peleas en la academia se hacían ahí. De ese modo, todo el mundo podía verlas. Era como un circo romano, pero en pequeño. Y cutre. Centia lo dejó en medio del patio, se colocó en el otro lado y se puso en pose de lucha.

Su rival estaba desconcertado. No era un resultado que se esperase. No era muy habitual pelearse y menos por una chorrada como esa. Pero Centia tenía una forma especial de ser. No podías detenerla. Así que estaban ambos en medio del patio, ella, preparada para luchar, él, todavía intentando asimilar cómo había llegado a esa situación.

Yo me había llevado mi comida y estaba en una esquina viendo el espectáculo mientras comía. Tenía mucha hambre. Ya se había formado un círculo alrededor del patio, bloqueando las salidas. Siempre pasaba así. Y algunos se asomaban por los pisos de arriba. No le quedaba otra que luchar.

Comenzó de forma simple, lanzando un par de rocas hacia Centia, que, por supuesto, las esquivó sin problema. Era algo demasiado simple. Podía servir como distracción o para dirigir al oponente a algún sitio, pero esas rocas no parecían nada así. No sabía que hacer. Estaba perdido, así que Centia pasó al ataque y se lanzó a la carga con su puño en llamas. El chico levantó un muro de piedra para parar el golpe y Centia lo rompió de un golpe. Era bastante fuerte, aunque no lo pareciera.

Parecía que se había quedado sin ideas. Era un novato. Así que intentó cambiar de oponente. Esta vez se dirigió a mi.

-¿No te da verguenza que luche ella cuando deberías estar tú aquí?

-Un poco, pero tenía mucha hambre. Y así es más divertido.

Entonces gritó a los cuatro vientos:

-Gallina.

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