Brainfreeze

Publicado: 13/04/2015 en Elementum: Candela

Cada vez que he recordado momentos así, los recuerdo a cámara lenta. Recuerdo todos y cada uno de los detalles y no puedo recordarlo lo bastante rápido, así que lo veo lento. Pero mientras ocurría todo, lo veía a la misma velocidad.

Comenzaron a dispararme sin mediar palabra. Les daba igual si era el Fénix o no. Si lo era, era su objetivo. Si no lo era, era una persona a quien silenciar. Las balas comenzaron a salir de las metralletas. Esperaban a un elemental de fuego, así que tanto la pólvora como las balas y las armas estaban modificadas para evitar que las alteraran los elementales de fuego. Pero no los elementales de hielo.

A cada bala que disparaban, le creé un carámbano de hielo para detenerla en el sitio. Sabía la resistencia que debía tener el hielo para que las balas no lo atravesaran. Una a una, las balas quedaron congeladas en pilares de hielo formando una pared de plomo.

No se esperaban que pudiera controlar el hielo. Mucho menos que pudiera detener las balas. Deshice la pared y todas las balas cayeron al suelo. Cubrí también mi cuerpo de hielo. Me había dado cuenta de que el hielo lo podía mover más rápido que los músculos. Así que hice que mi cuerpo corriera hacia ellos. Uno a uno, los eliminé a todos. Al primero le perforé el pecho y le quité el arma. Con ella, apunté y disparé. Cada bala acertó a un objetivo en la cabeza. Ninguna acabó extraviada.

Pero la gente esperaba al Fénix. No a un elemental de hielo. Fui cadáver a cadáver quemándoles la herida y algunas partes más del cuerpo para que pareciera que lo había hecho un elemental de fuego. Además, decidí dejar una marca en uno de ellos. Un trozo de carne quemado en forma de pájaro.

Ahora tenía que volver a la academia. Y lo mejor sería devolver mi cerebro a la normalidad. No era algo muy cómodo estar pendiente de enfriarlo todo el rato. Hice lo que pude para devolverlo a la normalidad, pero es posible que alguna cosa acabara dañada en el proceso. En concreto, los receptores del dolor. Me da la sensación de que desde ese momento, el dolor que siento es mucho menor que lo que debería.

Cuando llamé para que me recogieran, se sorprendieron. Ni siquiera ellos esperaban que pudiera sobrevivir a la trampa que me tenían planeada. Pero bien agradecidos que estaban. Me dejaron volver y fue la primera y única vez que me preguntaron por lo que había pasado. No dije nada. Solo era un trabajo más.

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