El Vosque fanfic

Publicado: 23/03/2015 en Cuentos e historias cortas, Excusas y otras cosas

Devers vio como un soldado se apartaba de la formación. Les habían advertido cientos de veces que no tenían que hacerlo, pero siempre había alguno que no podía contenerse y tenía que ir a recoger alguna cosa fuera del grupo. Antes de que pudiera avisar al soldado, este pisó una flor. Y la flor explotó. Todos los novatos se pusieron en guardia. Los que tenían más experiencia se encogieron de hombros, soltaron un suspiro y se quedaron quietos. Cuando se despejó la vista, ya no había soldado, ni flor. Devers dio la orden de reemprender la marcha. Este tipo de cosas pasaban en el El Vosque.

Aunque era un simple mercader, siempre era útil contratar a un grupo de soldados que protegieran la caravana. Inevitablemente, en cada viaje había alguno que se perdía. Siempre había algún bandido con suerte que se llevaba a un par o tres de soldados. Y había que cubrir sus puestos con carne fresca. El problema que tenía la carne fresca es que solo estaba acostumbrada a luchar contra personas.

El reino de El Vosque era un lugar especial. Para sobrevivir en él tenías que mentalizarte. Todo te quería matar. Los humanos te querían matar. Los animales carnívoros te querían matar. Los animales herbívoros te podían matar involuntariamente. Las hadas te podían matar. Las náyades te podían matar. Las hadas te podían matar. Los elfos te querían matar mientras te comían. Las flores te podían matar de formas muy pintorescas. Los árboles te podían matar. Incluso las rocas te podían matar. Probablemente el aire también fuera mortal, pero no era algo que quisiera averiguar. En el último viaje un soldado estuvo dando patadas a una piedra hasta que esta se cansó y  le partió la cara. Literalmente. Les vendieron el cadáver a los elfos a cambio de madera.

Una pena. De este no quedaba nada que les pudieran vender. De todas formas, preferían la carne cruda.

Devers dio la orden de avanzar. Diez pasos después, un par de hadas se plantaron delante suyo. No eran más grandes que su mano. Las dos hadas estaban armadas con una espada que sería del tamaño de sus dedos. Las hadas eran muy letales. Antes de poder desenvainar la espada, te habrían sacado los dos ojos y te habrían cortado varias venas. Eso es, si se acordaban que eras el enemigo. Tenían una memoria extremadamente corta. Devers estaba preparado para eso. Sacó una bolsa con unas canicas y la agitó delante de las hadas. Ya se habían olvidado del asunto y se llevaron la bolsa. Era rutinario.

No tardaron mucho en encontrarse con el siguiente problema. Esta vez era una chica con el pelo verde, en forma de hojas. Llevaba un hacha encima de un sospechoso color rojo. Todo el mundo sabía quien era Flora Minor. También se la conocía como “La loca de los árboles” y “La loca del hachaaaaargh”. Ella decía que podía hablar con los árboles. Nadie lo había podido demostrar. Ni tampoco probar como falso. Siempre sabía lo que ocurría en todas partes del reino antes que el resto de gente, aun cuando no salía de su casa. Algunos novatos desenvainaron las espadas, pero Devers se adelantó.

-Un chaval nuevo se ha apartado y ha pisado una Delicadelia. Llevamos madera hacia Kris-Tall desde Pah.

La loca de los árboles se apartó del camino y les dejó pasar tranquilamente. Mientras no se hiciera daño a los árboles de El Vosque, no había que temer nada. Si hacías daño a los árboles, en cambio, te talaba al grito de “tronco va”. Era bastante grotesco ver a la gente arrastrarse con medio cuerpo mientras gritaban.

No tardaron mucho en llegar a un puente. Estaba cerca de la aldea de los elfos y en ocasiones salían a cazar algunos viajeros incautos. Delante de ellos había plantadas dos de las criaturas más majestuosas de todo el reino. Incluso se habían convertido en su enseña. Dos pequeños cerdílopes estaban en medio del camino. Detrás había dos elfos armados con un arco.

Algunos soldados desenvainaron sus armas, pero los elfos fueron más rápidos. Tensaron y dispararon tres flechas antes de que las armas salieran de sus vainas. Cuando salieron de sus vainas, delante suyo había dos cadáveres. Devers ya lo había visto antes, pero para cualquier otra persona, ver a un elfo usar un arco era toda una experiencia. Era un misterio cómo podía ser que, habiendo disparado tres flechas, hubiera dos cadáveres de elfo con cuatro flechas clavadas en cada uno de ellos. La puntería de los elfos era legendaria. Eran los únicos capaces de acertar a todo menos a lo que apuntaban. Si un elfo tenía un arco, el lugar más peligroso era detrás suyo.

Era un alivio. Ahora podrían intercambiar los dos cadáveres por madera de El Vosque. Los elfos eran los únicos que podían cortar madera del reino y la calidad de esta era legendaria. Su precio, sin embargo, era muchísimo mejor.

Estaban cerca de su primera parada dentro del reino. Pero antes de poder descansar un momento, tenían que resolver otro problema. Delante suyo se alzaba una de las vestias. Animales muy peligrosos y mortales que solo habitaban en El Vosque. Se sabía que habían llegado a eliminar a pelotones enteros por su cuenta. Podían adoptar formas muy diversas. Algunas parecían simples tomates. Otras eran enormes bolas de pelo, colmillos y más garras de las que un animal debería tener. La que tenían enfrente suyo era de estas. Los soldados novatos quedaron aterrorizados.

Devers sabía cómo tratar con esos animales. Rebuscó un poco en su equipaje hasta encontrar lo que buscaba. Un trozo de madera pintada. Lo levantó por encima de su cabeza y se aseguró que la vestia lo viese. En cuanto lo hizo, el peligro se fue con el rabo entre las patas a toda velocidad. Devers no sabía por qué un cerdílope podía asustar a ese enorme bicho. Lo descubrió en su primer viaje a través de El Vosque y ese truco le había salvado la vida en multitud de ocasiones.

Finalmente, llegaron a su destino. La ciudad de Pentápinus. Era solo mediodía, pero si no paraban, a los novatos les iba a dar un infarto. Tenían que descansar. Además, Devers tenía que ir a la tienda de tapones para los oídos. Mañana tenían que pasar por el lago de las náyades. Mientras tanto, el resto de la caravana podía descansar y disfrutar un poco durante toda la noche. Pentápinus era la ciudad que no dormía nunca, salvo los sábados por la mañana. Siempre calculaba sus viajes para llegar a Pentápinus en viernes.

Todavía le quedaba un viaje muy entretenido por delante. Uno podía encontrarse cualquier cosa en El Vosque. Y siempre era divertido ver como alguno de los nuevos se enfrentaba a puñetazos contra una roca.

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comentarios
  1. carlosbaldellou dice:

    Este fanfic (no erótico) está ambientado en el webcomic “El Vosque”. Guionizado por Morán y dibujado por Laurielle. Es uno de mis webcomics favoritos. Podéis leer la historia de verdad en http://www.elvosque.es/ y si os da por ahí, podéis comprar los cómics en papel, que vienen con páginas extras.

  2. carlosbaldellou dice:

    Vale, lo he revisado y he corregido faltas de ortografía. Ya no deberían sangrar los ojos al leerlo, o, al menos, no tanto. Dios santo, ¿cómo pude hacer esas faltas?

  3. Yami Kaos dice:

    Ey, me ha encantado, felicidades 🙂

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