El fénix

Publicado: 16/03/2015 en Elementum: Candela

Mientras el director estaba sin sentido, acabé de solidificar mi cuerpo. Fue más sencillo de lo que creía. Lo hice casi sin pensar. Ahora tocaba solucionar el problema de la ropa. Estaba desnuda en medio de una cámara acorazada con un desconocido que estaba a punto de despertarse. Usé el hielo para cubrirme todo el cuerpo, cabeza incluída. Era hielo lleno de oxígeno, con lo que estaba totalmente blanco. Era muy tosco, pero ya había tenido suficiente. Desperté al director que abrió la cámara acorazada sin decir ni una palabra. Estaba temblando. Salí con él y fui a las furgonetas. Dentro de mi traje de hielo estaba roja de verguenza por salir a la calle sin llevar ropa, según yo lo entendía. Pero fuera nadie me podía ver. Abrí los furgones y, efectivamente, en uno había un inhibidor. Por fin pude contactar con la academia, que mandaron a varias personas para hacer el cambio de turno, llevarse las armas y tranquilizar a los clientes.

En cuanto recogí mi pistola y mi brazalete, me fui directamente a mi habitación para ponerme algo encima. Al poco rato, llegó Centia. Siempre sonreía y no dejaba de hablar.

-¿Has oído lo del atraco que ha pasado hoy? Ha sido como muy fuerte.

-No. ¿Qué ha pasado?-Mentí. Quería saber lo que se decía.

-Dicen que era un grupo experto. Pero que había un elemental de fuego entre los clientes que hizo el trabajo. El guardia de seguridad era un miedoso y se escondió en cuanto entraron los ladrones. Y el tipo de fuego se puso a cubierto, dijo una cosa muy rara de un fénix y se transformó en fuego y mató a los atracadores. Y además rescató al director con el guardia miedica. Y fue una cosa superchula porque los atracadores llevavan armas alteradas y casi lo matan, pero fue más listo que ellos.

-¿Y que dicen de ese elemental de fuego? ¿Se sabe quien era?

-No. Es muy misterioso y superchulo. Como no tiene un nombre, le han dado un apodo. Lo llaman «El fénix». Es taaan guay. Me gustaría ser como él.

Siguió hablando hasta la hora de la cena. Era muy buena persona, pero no callaba ni debajo del agua. También era mi única amiga. Probablemente era mi amiga porque no se me daba muy bien relacionarme con la gente y con ella al lado, daba igual. Ella era las dos partes de la conversación. El resto de la gente debía encontrarla molesta, pero yo estaba muy bien a su lado. No hacía falta decirle nada. Ella sola hacía todo el trabajo.

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