En pelotas

Publicado: 09/03/2015 en Elementum: Candela

Por si acaso, primero lo intenté en pequeño. Recordé las palabras de Roc. «Mi fénix». «Brillarás más que el Sol». Y tanto que iba a brillar más que el sol. Respiré hondo y calenté mi dedo. Fue un momento, pero llegó a ser plasma. Gas ionizado. En ese estado, todavía podía moverlo. Era muy raro. Después, lo volvía a dejar a temperatura normal. Lo hice con cuidado. No acabé con ninguna deformidad en el dedo y todavía lo podía mover. El tipo de la metralleta iba a soltar ya su tercera ráfaga. Con esta, iba a atravesar definitivamente la columna.

Así que esta vez, recité las palabras en voz alta.

-Brillarás más que el sol. Elévate hasta las estrellas. Ilumina nuestro futuro, Fénix mío. Se la punta de nuestra lanza y nuestro último bastión. Derrota a nuestros enemigos con tu fuerza. Protégenos.

Eran como una oración. Con esa última palabra, respiré hondo y transformé todo mi cuerpo en plasma. Salí de la cobertura. Las balas pasaron a través de mi cuerpo sin causar ningún daño. Era muy extraño. Lo notaba. Sabía que una bala había atravesado mi hígado, pero no me hacían nada.

El moverse también era raro. Me di cuenta que es porque era gas. Era una gran masa de gas muy caliente. Lo cual quería decir que no tenía por qué moverme de forma habitual. Alargé mi brazo. Era de color rojo. La temperatura hacía que brillase el aire por si solo. Agarré la cabeza del tipo de la derecha. O más bien dicho, me metí por todos los poros de esta. Gritó un poco, pero murió rápido. Al tipo de la izquierda hice lo mismo, pero en el pecho. Acabó con un agujero gigantesco en medio del pecho. Me quedaba el de la metralleta. Atravesé con mi mano la metralleta. No le hice nada al arma, pero al ladrón le quemé todo el cuerpo. Los clientes estaban aterrorizados. Muchos estaban llorando. Otros habían vomitado. No les culpaba.

Uno de los atracadores que había entrado había salido a ver lo que había ocurrido al oír los gritos. Cuando lo vio, se fue corriendo con su compañero. Le seguí. No tenía ni que andar.Simplemente, movía la masa de aire caliente que era. Se habían encerrado dentro de la cámara acorazada y tenían al director. No podía abrirla.

Tampoco es que me hiciera falta. No estaba sellada herméticamente, así que aprovechando de nuevo que era un gas, me colé por las rendijas y les abrasé el cuerpo entero, dejando la cara intacta. Ahora estaba dentro de la cámara. El director se había desmayado de la impresión.

Ahora venía la parte difícil. Tenía que volver a la normalidad. Respiré. O más bien, lo intenté. Era aire. No respiraba. Y, de hecho, no tenía corazón que bombease sangre. Iba a tener que crearlos de nuevo e iba a tener que hacer que latiera de nuevo. Y el cerebro también. No había pensado en ello. Lo iba a tener jodido. Empecé por los pies para tener un apoyo. Y ahí estaban los pies. Solo los pies. Caí entonces en la cuenta que solo había calentado mi cuerpo. Mi ropa debía haber ardido en llamas, mi brazalete había caído al suelo y mi pistola también.

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