Negociación

Publicado: 26/01/2015 en Elementum: Candela

La comunicación se interrumpió. Intenté volver a llamar, pero no me respondieron. Se que me escuchaban. Pero no me decían nada. Me giré hacia la niña. Me miró y me habló:

-¿Eres mi nueva niñera?

-Sí, cariño. Soy yo.

En ese momento debió de fijarse en el brazalete que llevaba. Se le pusieron los ojos más grandes y se quedó medio embobada.

-¿Eres una elemental? Qué chulo. Me puedes enseñar.

-No es algo que pueda enseñarse así como así. Y es peligroso. Tal vez, cuando seas mayor…

-¿Y jugar con eso?

Me habría gustado decirle que no. Que era tarde. Que tenía que irse a dormir. Pero no me pude resistir. Dentro de un momento, esa niña iba a tener una bala en la cabeza. Y estaba tan ilusionada… Decidí concederle un último deseo. Así que nos pusimos a jugar.

No tenía ninguna experiencia, pero no fue muy difícil de contentar. Con poner un poco de hielo por el aire para que brillara y hacer lo que me pidiera, había suficiente. Y tampoco pidió cosas muy difíciles. Un tobogán. Una figura de un pinguino. Unas bolas de nieve para tirárnoslas… Quedó maravillada con nada.

Pero al final, tuve que hacerle ir a la cama. Le cambié el vestido que llevaba por un pijama. Le quité los adornos del pelo y la puse en la cama. Incluso apagué las luces. Podría haberme ido en ese momento. Podría haberla dejado ahí. Pero no habría cumplido mi misión. Me acerqué una última vez a la niña. Le di un beso en la frente. Me había llegado a encariñar de ella.

-Buenas noches.-Le susurré.

En ese momento, saqué mi revolver, se lo puse al lado de la cabeza y disparé. Volví a encender las luces. Tenía la cabeza destrozada. Las sábanas, antes de un blanco inmaculado, estaban teñidas de rojo. El cojín también. Iba a tener un largo, largo sueño. Me fui. El disparo no había atraído a nadie, aún cuando no usé silenciador. Era tan grande la mansión que no había gente cerca. Los guardias no debían haber llegado hasta la zona todavía. O tal vez habían llegado y al habernos escuchado jugar habían decidido que ya tenía suficiente protección. O tal vez, nuestro cliente tenía algo que ver. Al final, pude irme sin complicaciones.

Pero hacer algo así… Fue totalmente horrible. Es lo más horrible que considero que jamás he hecho. Me hizo reflexionar sobre lo que era ahora. Fue la patada que necesitaba para despertar del letargo en que estaba. Me hizo darme cuenta de todo lo que había hecho.

Cuando llegué a mi habitación, me senté al borde de la cama. Mirando el revolver que tenía en la mano. Tenía algunas salpicaduras de sangre. Me pregunté cuantas vidas había quitado ya y no supe responder. Había estado actuando en modo automático. Había hecho cosas realmente desagradables y horribles solo porque me lo habían dicho.

Había matado a gente que no conocía. Los había matado a sangre fría. Y todo porque me lo habían dicho. Era algo que no me podía quitar de la cabeza. ¿Cómo es que no has reaccionado antes? ¿Por qué no has hecho nada hasta ahora? Y ni ahora.

Dejé el revolver y fui al baño. Me miré en el espejo. Ya no me veía a mí. Veía a una persona desconocida totalmente. Ni siquiera al despertar en el hospital me pasó eso. No era yo. No podía ser yo. Esos ojos… Me taladraban. Estaban llenos de rabia e indiferencia. Me eché algo de agua fría a la cara.

Sí. Era yo. No podía ser de otra forma. Tenía que ser yo. Yo era esa criatura, llena de odio. Indiferente hacia el resto de gente. Sin remordimientos. Pero no era culpa mía. Oh, por supuesto que no. Me habían utilizado. Se habían aprovechado de mi condición. Habían visto cómo la muerte de Roc me había afectado y gracias a eso me habían convertido en una máquina de matar sin sentimientos, cuyo único objetivo es hacer lo que le mandan sin cuestionar el porqué, el cómo o el quién.

Y no era solo yo. Mucha más gente había seguido el mismo camino. No era algo dicho en voz alta, pero sí era un secreto a voces. Todo el mundo sabía a lo que se dedicaba la academia de Europa. Era murmurado en los callejones. Bromeado en las fiestas. Gritado a los cuatro vientos cuando hacíamos algo.

Me puse un objetivo. Una sola meta en mi vida. Llegar hasta arriba del todo. Conseguir la posición de coordinador de misiones y hacer que nunca jamás, ningún alumno o profesor tuviera que pasar por lo que acababa de pasar yo. Si querías algo hecho, tenías que hacerlo personalmente. Con esa meta clara, me fui a la cama. Esa noche, tuve pesadillas con la niña y su cabeza después de que le disparara. Nunca llegué a saber su nombre.

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