La niña rica

Publicado: 19/01/2015 en Elementum: Candela

Lo siguiente que recuerdo de cierta importancia es algo totalmente horrible. Tal vez no es lo más violento que he hecho en mi vida. Tal vez he hecho cosas que podrían considerarse peores. Tal vez. Pero sí que se algo con total seguridad. No he hecho nada que me haya afectado más.

Cuando me mandaron la misión, no me dijeron nada. Me dieron un nombre. Era una heredera de una gran fortuna. Alguien la quería muerta. Me dieron un revolver y me mandaron a la aventura de encontrarla. No era muy difícil. Ya sabían donde estaba. Por supuesto que lo sabían. El propio cliente se había encargado de eso.

Aparecí en una gran mansión. Era realmente gigantesca. Tal vez tenía quinientos metros de largo una sola ala. Y tenía varias, además de varios pisos. Si hubiera tenido que buscar habitación por habitación, no habría terminado nunca. Pero por suerte, nuestro cliente también nos dio unas instrucciones para llegar hasta la habitación en la que mi víctima esperaba. No fue demasiado complicado distraer a los guardias de seguridad. Era mi especialidad. Una pequeña distracción unos metros más allá y usando nieve para cubrir mis huellas y mi ruido, llegué hasta la entrada.

Tardé cerca de 20 minutos en ubicarme. Las referencias partían del comedor principal. Y se notaba cual era. No era lujoso. Era ostentoso. Todo lo que había en él decía «Soy asquerosamente rico». La mesa, los platos, el techo. Incluso las tablas del suelo tenían ese aspecto de que valían más que la casa de una familia media. Una vez ubicada, empecé a seguir las instrucciones que me iban diciendo desde el pinganillo.

Tardé otros 20 minutos hasta llegar a una puerta. Tenía la manilla dorada y estaba pintada de blanco. Reluciente. Si me hubiera dicho que era pintura fresca, me lo habría creído. Y de nuevo, estaba decorada de una forma tan rimbombante que hacía daño a la vista, pero te decía «Soy rico». Abrí la puerta. No tenía cerradura y no detecté ningún cerrojo por el otro lado.

Dentro de la habitación solo había una persona. Una niña de unos ocho años. Estaba sentada en su cama leyendo un libro. Era disonante. Todo en la habitación era muy pulcro y nuevo, menos el libro. Tenía las tapas amarilleadas por el tiempo y una cubierta de color rojo brillante, del tipo que tenían las historias de ciencia ficción de 1980. Incluso la niña tenía un aspecto pulcro y cuidado.

No me lo podía creer. Tenía que ser un error. Era solo una niña. Llamé a la academia.

-Aquí solo hay una niña leyendo un libro. Voy a tener que ponerme a buscar.

-Negativo. Ella es el objetivo.

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