Enfado, indiferencia o ira (2)

Publicado: 12/01/2015 en Elementum: Candela

Con el tiempo, solo fue a peor. Comenzaron a darme misiones en que debía matar a alguien, pero no me daban la orden judicial. Debería haber sospechado algo, pero no lo hice. Estaba apática y todo me parecía un sueño. Simplemente, acepté la misión como una más. Tampoco cambié mi modus operandi. Iba a por el objetivo y le metía un tiro en la cabeza. Alguna vez, incluso le metí el cañón por la boca antes de disparar. Una vez estaba muerto, le dejaba mi marca en un lugar visible.

El fantasma volvía a estar en primera página de todos los periódicos por una serie de asesinatos. La gente me prestaba mucha atención, por lo visto. O lo habrían hecho si hubieran sabido quien era. Solo conocían el mote de el fantasma. No había ninguna pista mia. Ni siquiera las balas permitían saber quien era yo. Solo podían apuntar a la academia y sus actividades eran un secreto a voces. No se investigaban los asesinatos que tenían que ver con ella.

Mis actividades cada vez eran más reprochables. Estuve mucho tiempo así. Hacía tres meses que había muerto Roc ya y yo todavía no había superado su pérdida. Esta vez, la orden que me dieron no era solo de matar. Era de matar, pero haciendo que sufriera. No tardé mucho en encontrar a mi objetivo.

Lo acorralé dentro de un portal abandonado, en un barrio de mala muerte. Como todos, se puso a negociar conmigo. Me acerqué a él y le golpeé en la boca del estómago bien fuerte. Cayó de rodillas. Le di la vuelta a su cuerpo quejumbroso. Usé el hielo para crear dos estacas largas y le clavé las piernas al suelo. Gritó mucho. Después, le rompí los dos brazos para que no los pudiera mover. Además, también los clavé. Por último, le desencajé la mandíbula y le hice heridas por toda la boca. También le fijé la cabeza al suelo para que no pudiera girarla.

La sangre se le acumuló en la garganta. Finalmente, se ahogó en su propia sangre. Le hice la marca y me fui a la academia. Otro trabajo hecho. No sentí ni el más mínimo remordimiento a pesar de lo que había hecho. Antes de ir de nuevo a la academia, puse mi cuerpo y mi ropa en llamas para que la sangre ardiese. La ropa estaba preparada ya para resistir al fuego, así que lo único que se deshizo fue la sangre. Cuando llegué, me fui directamente a una clase que tenía en ese momento. Como si nada hubiese pasado.

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