Negación

Publicado: 29/12/2014 en Elementum: Candela

A partir del día siguiente, fui a verle cada día. No podía sacarme de la cabeza que era culpa mía. Que todo era culpa mía. Si me hubiera dado más prisa habría podido salvarle. No paraba de repetirme eso.

Los elementales me dijeron ya la primera vez que era imposible salvarle. Podían intentar paliar los síntomas y su organismo había conseguido aguantar una cantidad de radiación que habría producido la muerte en el acto a cualquier persona. Pero aun así, había abrorbido demasiada radiación. No tenía ninguna posibilidad.

Día tras día, me sentaba durante un rato largo a su lado, hablándole. De vez en cuando, tenía que girarse a vomitar en un cubo. Además, empezaba a caérsele todo el pelo. A veces, perdía la conciencia o se desorientaba totalmente durante unos minutos.

Aunque tenía las lágrimas a punto de salir, me contenía. No iba a llorar delante suyo. Ni una sola vez lo hice. Siempre esperaba hasta llegar a mi habitación para desahogarme. Tenía que ser fuerte. No tanto por mi, sino por él. Si me ponía a llorar delante suyo, era capaz de consolarme él a mi, cuando el que estaba peor en todos los sentidos era él.

Recuerdo perfectamente el último día que le vi. Murió delante de mis ojos. Había ido a verle, como siempre. Estuvimos hablando un rato. De pronto, cambió totalmente de conversación.

-Me alegro mucho de que vengas aquí. Eres la única que me ha hecho compañía. Rax, Sativa, Mar y Tom ni se han pasado por aquí.

-¿No lo sabías? Les han mandado de apoyo a una misión de exploración en no se donde. Fue muy repentino. Me dieron recuerdos y que cuando volvieran te visitarían. Y cuando estuvieras bien volveríais a hacer trabajos juntos. Se me debió de olvidar. Lo siento.

Era mentira. Creía que le habían ido a visitar. Luego iba a tener una charla con ellos. Pero no quería que acabase resentido contra ellos. No iba a ayudarle de nada.

-Suerte que te tengo a tí, mi Fénix. Tu siempre me alegras el día. Incluso en mi último día te preocupas por mi.

-No digas eso. Te pondrás bien si no te rindes.

-No digas tonterías, Kailey. Tu y yo sabemos que no saldré de esta. No voy a pasar de hoy. Lo se y lo sabes. Kailey, estás destinada a hacer cosas grandes. Muy grandes. Llegarás a donde nadie ha llegado jamás. Brillarás más que el sol. Todo el mundo te conocerá, mi fénix. Elévate hasta las estrellas. Ilumina nuestro futuro, Fénix mío. Se la punta de nuestra lanza y nuestro último bastión. Derrota a nuestros enemigos con tu fuerza. Protégenos. Protégenos. Protégenos…

Solo repitió esa palabra. Cada vez con un hilo de voz más flojo, hasta que ya no se le escuchó. Cuando calló él, las máquinas comenzaron a sonar. No tenía funciones corporales ya. Había muerto. No sabía si esas últimas palabras eran un delirio o era algo en serio. Ni siquiera hoy lo se. Pero si se que las atesoré.

Me fui de la sala a buscar a Rax, a Sativa, a Mar y a Tom. Al primero que encontré fue a Rax. Me saludó alegremete. Cuando llegué a su altura le di un puñetazo en la cara tan fuerte como pude. Lo tumbé al suelo. Me acercé a él y le susurré a la oreja:

-Roc ha muerto.

Con el resto hice lo mismo. Me acerqué a ellos, les golpeé tan fuerte compo pude y les dije que Roc había muerto. A pesar de eso, tuvieron la cara de pedirme que me uniera a su grupo para cubrir el puesto de Roc. Por supuesto que les mandé al infierno. No quería tener nada que ver con ellos.

De esa noche, recuerdo que no paré de llorar. Estuve mordiendo la almohada y golpeándola durante horas. Cuando pienso en esa noche, lo que más se me viene a la cabeza es la palabra «no». Debí estarla gritando hasta caer rendida de cansancio. Al día siguiente, fui de nuevo a la enfermería a verlo, pero ya no estaba ahí. Incluso me alegré un poco. Fui a su habitación. Llamé a la puerta un buen rato, pero no estaba. Por supuesto que no estaba. Y nunca estaría. Me vino como una inspiración divina. De repente, su ausencia era una verdad universal.

Estaba en shock. Hacía nada que una persona había muerto por mi culpa y había tenido que llevarlo a cuestas durante un buen rato. Ahora, Roc moría delante de mi. Y me culpaba por ello. La realidad me parecía un sueño. Nada era real para mi. Era como si ese minuto en que te despiertas y no sabes si estás en un sueño o en la realidad durase todo el día. Y se aprovecharon de eso.

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