Juicio

Publicado: 24/11/2014 en Elementum: Candela

Ese mismo día vino un elemental de mente a examinarme. No notó nada distinto a cómo estaba anteriormente, pero conociendo los resultados, podía averiguar la causa. Debido a que los poderes estaban vinculados con la personalidad de cada persona, cuando perdí la memoria, sufrí un shock que cambió hasta mi forma de ser. Era raro, pero no imposible. Sin embargo, quedaron resíduos de cómo era antes, que fue lo que hizo que desarrollara los poderes de fuego. Al ver a mi ex debí alterarme lo bastante como para que esa capacidad latente hiciera acto de presencia.

Durante las siguientes semanas, todo lo que hice fue practicar con mis poderes de fuego. Aprendí sus rudimentos y poco más. Conseguí subri temperaturas, crear llamas y prender fuego a las cosas. También aprendí a absorber las llamas y alguna cosa más. Todavía me quedaba un camino muy, muy largo por delante.

También llegó un día que esperaba con ansia. Ese día empezó con un mes de antelación. Me llegó una citación de un juzgado. Había ocurrido muchas veces. Siempre me llamaban para conocer cómo se hizo la detención del acusado. Solían hacerlo más que nada los abogados novatos. Incluso en los peores casos, siempre se nos exculpaba. No éramos ningún país. Teníamos nuestras propias normas y el resto de los países las habían aceptado. Pero esa vez, no era solo testigo, era también parte de la acusación. Era el juicio de mi ex.

El día del juicio, me reuní con mi abogado. Esa parte ya me la sabía. El primer día de juicio solo se hacía una cosa. Lo primero, se llamaba a todos los implicados en el caso. Después, un elemental de mente entraba en su cabeza y les leía la mante. Con un dispositivo especial, se grababan sus recuerdos para poder reproducirlos después. Lo que decía el elemental eran los hechos. Estaban fijados y no se podían cambiar. Nunca se cuestionaban.

Mejor dicho, casi nunca. Los abogados novatos no sabían exactamente cómo funcionaba el proceso y siempre hacían preguntas. La respuesta no variaba. Los elementales de mente tenían formas de averiguar si los recuerdos que tenían los acusados eran modificados o eran inventados. Si eran modificados, siempre quedaba una traza de la modificación y además, había una discordancia. Si eran imaginacioness, la mente humana recuerda todo lo que ocurrió con los cinco sentidos. En las imaginaciones, no están los cinco.
El único problema ese primer día fue cuando fue mi turno de exámen. Le advertí al elemental que eran recuerdos muy dolorosos y que tenía parte de los recuerdos bloqueados debido a un trauma. Le pedí que tuviera cuidado. Solo cuando llegó a los recuerdos de aquella noche se dio cuenta y tuvo un poco de cuidado. Debo decir que lo entiendo. Hacer lo mismo día tras día con hechos tan retorcidos afecta a cualquier persona. Te deshumaniza cada vez más.

La siguiente sesión tardó una semana. Recuerdo leer en algún archivo que la justicia antes tardaba meses en continuar con el proceso. Ahora era necesaria esa semana, aunque solo fuera para examinar todos los recuerdos, pero aun así no era excesivamente veloz. En las siguientes seseiones se discutió sobre conceptos jurídicos. Sobre qué era una violación, por qué no entraba dentro de la definición de violación, por qué entraba en el concepto… Asistía porque quería que mi ex sufriera, pero a los diez minutos me aburría. Era demasiado abstracto para mi.

Finalmente, llegó el día del veredicto final. Había pasado un mes desde la primera sesión. Ese era un día que sí tenía ganas de ir. Además, no sabía cómo funcionaba. El elemental que nos leyó los pensamientos estaba ahí. El juez leyó la sentencia ante todos, salvo la parte que más me interesaba. Lo condenó, pero no dijo la pena. Entonces comprendí para qué estaba el elemental ahí. Le estaba leyendo la mente a mi ex y transmitiendo esos pensamientos al juez. Así, el juez sabía qué castigo era el que mejor efecto haría y si había posibilidades de reinserción. Básicamente, se le imponía la pena a partir de la cual no volvería a actuar de la misma forma.

Finalmente, dijo la pena. Veinte años en prisión y debía mantener durante toda su vida una cicatriz de la quemadura que le hice.

Con eso me di por satisfecha. Por fin podía pasar página y seguir con mi vida. Con eso, me vino otro problema que no había pensado. ¿Qué haría ahora en la vida? Hasta ese día, quería saber por qué había perdido la memoria y luego quería venganza. Ahora, me encontraba con que no sabía qué quería hacer.

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