La nueva

Publicado: 17/11/2014 en Elementum: Candela

Después de eso fue a ver al director Alejandro y le expliqué lo que me había ocurrido con el fuego. Esa misma noche, me habían trasladado a la residencia de especiales. Era una bonita forma de decir que es donde ponían a todos los que no se atrevían a poner con el resto de gente.

Había de todo. Desde gente con síndrome de Down hasta neuróticos. También había algún drogadicto que se estaba recuperando de su adicción y gente esquizofrénica. Todos ellos con su propio poder.

El lugar era horrible. Estaba justo debajo del castillo y algunos cuartos se usaban de trastero. Si no hubiera habido calefaccion, aquello habría sido una nevera.

La primera noche que estuve ahí una chica vino a mi habitación. Llevaba un pijama rosa de conejitos muy absurdo y unas pantuflas. Tenía un pelo rojo como el fuego recogido en una coleta y llevaba unas gafas muy finas. Daba la impresión de ser una niña de ocho años. Entre otras cosas, porque era la única a quien había visto sonreír de verdad desde que había entrado. Era extraño, el ambiente en toda la escuela era muy distendido, pero nadie sonreía. Algunos se reían y algunos forzaban la sonrisa, pero ninguno sonreía de verdad. Y allí abajo, en la zona más lúgubre, alguien estaba feliz.

-Hola. Qué tal. ¿Es tu primera noche aquí?

-Si, justo me acaban de mover aquí. Me llamo Candela. ¿Y tu?

-Yo soy Centia. Soy de fuego. Supongo que tu también lo eres, ¿no? Con ese nombre. No se si te has dado cuenta, pero todos nuestros nombres tienen relación al elemento que controlamos. ¿Por qué será? Vete tú a saber. ¿Por qué te han metido aquí? A mi me han puesto porque tengo esquizofrenia. Como si fuera tan grave. Seguro que existe medicación o tratamiento para que no la tenga o no pase nada si la tengo. Pero bueno. Seguro que te acostumbrarás a estar aquí. Algunos son un poco raros. Los que tienen enfermedades muy graves pueden dar un poco de miedo, pero te acostumbras rápido y después de eso somos como una gran familia….

No calló durante casi una hora. Era como una metralleta de palabras. Hilaba una frase con otra aún si no tenía sentido hacerlo. Saltaba todo el rato de tema. Cuando iba a abrir la boca para responder a una de sus preguntas, ya había cambiado de tema. De hecho, solo calló porque le interrumpí para decirle que estaba muy cansada y quería dormir.

Al día siguiente, me despertó de nuevo Centia.

-Oye, que no me dijiste todavía por qué estás aquí.

Esta vez calló. Esperaba respuesta. Me pareció un milagro, y eso que casi no la conocía. Con el tiempo, supe que, efectivamente, era un milagro.

No dije nada. Había estado un buen rato de la noche practicando y ya sabía hacer fuego a voluntad. No podía contolarlo tan bien, pero podía crearlo. Así que lo hice. Puse de nuevo mi mano derecha en llamas. Luego, levanté mi otra mano e hice aparecer hielo en ella. Centia se quedó mirando fijamente mis manos y dijo.

-Que chulo. Me tienes que enseñar a hacer eso. Porfa.

Sonreí. Su despreocupación era contagiosa. Parecía que había hecho una nueva amiga, quisiera yo o no.

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