Siempre en la mente

Publicado: 06/10/2014 en Elementum: Candela

Cuando me recuperé del todo, un par de días después, volví a hacer misiones. Roc venía a visitarme cada día y me daba recuerdos de sus compañeros. Hoy en día, creo que se lo inventaba.

La mayoría de las misiones que hacía, las hacía yo sola. Ya el primer año, todo se empezó a torcer. Empezó poco a poco. Era casi el final del primer año. Dominaba bastante bien el hielo a nivel básico.

En la misión, tenía que capturar a un fugitivo. Habitualmente, me tocaban carteristas de poca monta. Con eso hacía un servicio a la comunidad, justificando los gastos de la academia, y sacaba trabajo pequeño a la policía. Normalmente, los rateros se rendían poco después de verme usar magia, pero alguna vez habían tratado de huir y les había tenido que parar los pies.

Ese en concreto, no lo hizo. Nunca me molesté en conocer su nombre.

Recuerdo que me tocó en una ciudad costera. Las casas eran unifamiliares y estaban todas encaladas de blanco. Las flores de los balcones estaban en su esplendor y en el cielo no se veía ni una nube.

No había mucha gente y no me costó mucho encontrarlo. Creo que llevaba unos vaqueros y una camisa de manga corta, de color blanco, a juego con las casas.

Cuando me vio, comenzó a correr. No era nada extraño. Usando paredes de hielo, lo fui guiando por donde yo quería, hasta llegar a un callejón sin salida. Normalmente, entonces se rendían. No se querían arriesgar a una lucha con un elemental. Debería haber supuesto que tenía una razón de ser, además del miedo.

El ratero se giró y sacó una navaja. Era algo nuevo. Todavía no me había ocurrido. Era mediodía y el sol relucía en la hoja cromada cuando se lanzó hacia mi. Ya me había ocurrido en alguna ocasión, un ataque desesperado de un perro acorralado. Lo esquivé. Pero no podía dejarle salir de la calle. Tenía que hacerle dar la vuelta, o tendría que volver a perseguirlo.

Hice lo habitual. Levanté un carámbano de hielo. Normalmente, reaccionaban a eso. Pero este tenía la cabeza girada. No me perdía de vista. El choque no habría sido más que un golpe, con un moratón como mucho. Pero llevaba la navaja por delante. La navaja golpeó lo bastante fuerte para arrancarle la punta al carámbano y dejarla afilada. Y antes de que pudiera reaccionar y volver a crear una punta roma, su hombro derecho chocó con la punta afilada, que se clavó bastante hondo.

Comenzó a salir sangre de la herida. Había tenido que golpear a algunos. No me suponía mucho problema. Pero nunca había llegado a hacerle sangre a nadie. Solo podía fijarme en el rojo carmesí que comenzaba a teñir su camisa. El carterista no dijo nada. Estaba también sorprendido.

Soltó la navaja y retrocedió agarrándose la herida. Era lo bastante profunda como para que pequeños ríos de sangre roja se escurrieran entre sus dedos. Me acerqué a ayudarle, pero rechazó toda ayuda de mi parte. Se apartó horrorizado de mi.

Hice lo que debía. Le di un golpe en la boca del estómago con una columna de hielo. Cuando se dobló de la impresión, le di otro debajo de la barbilla para dejarlo inconsciente.

Usé magia de hielo para hacerle un tapón encima de la herida y evitar que perdiera sangre. El revuelo había alertado a unos cuantos curiosos. Las reglas de la escuela prohibían explícitamente el uso de portales ante civiles y personal no autorizado. Los portales debían seguir siendo un secreto. Ni siquiera en el uso civil se conocían, puesto que no se dejaban ver. Tenía que encontrar un lugar apartado. Cargué con el cuerpo inconsciente y me lo llevé lejos de ahí. La sangre todavía estaba fresca en el suelo.

Finalmente, llegué a una calle vacía totalmente. No había nadie. Entré en un portal lleno de geranios rojos y avisé a la academia de que había terminado la misión y llevaba al objetivo hacia allá. Me abrieron un portal y lo cruzé.

Cuando lo entregué, lo llevaron a la enfermería para curarle la herida. Cuando llegué a mi habitación, me fijé en que la túnica se había manchado de sangre. Seguramente, cuando respondió a mi primer intento de capturarle.

Me forcé a no pensar en ello. Había herido a una persona de forma grave, pero había sido un accidente. No iba a ir más allá.

Qué equivocada que estaba.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s