Nevado

Publicado: 28/09/2014 en Elementum: Candela

Cuando llegué, simplemente entregué los papeles que me habían pedido al director, que los cogió y se fue. Ahora que lo pienso, debí haber pedido ver la orden judicial. Pero ya estaba hecho. Las clases del primer año eran, principalmente, prácticas. Debíamos controlar mejor nuestros poderes. Y para eso, lo mejor era la práctica. Nos enseñaban muchos trucos simples, pero muy útiles. Mi preferido sigue siendo el uso del aire para controlar totalmente el entorno.

El truco consistía en bajar un grado una rejilla de puntos en el aire. No se notaba casi. Y cuando algo pasaba por ahí, movía el aire. Es algo que no se puede explicar. Es como decirle a un ciego qué es el color azul, o explicarle a un sordo el sonido de una voz. Notaba el aire frio. Casi podía verlo. Sabía exactamente cual era su temperatura y su posición.

Era difícil de hacer el truco al principio. Hacía los puntos muy grandes y muchas cosas pequeñas, como flechas, se colaban. Pero le fui cogiendo el tranquillo y cada vez hacía los puntos más pequeños y más numerosos. Al final del primer año, acabé haciéndolo de forma inconsciente. Siempre iba con una malla de puntos de frío a mi alrededor. Sabía cada movimiento de la gente. Y con el tiempo, incluso lo mejoré. Pero eso fue mucho más adelante.

Todos los trucos que aprendíamos teníamos que aplicarlos en situaciones reales. Lo acabábamos haciendo. Era algo inevitable. No hacía todas las misiones yo sola. Era habitual que los grupos de gente cogieran a un miembro suelto como refuerzo. A mi solo me pedía el grupo de Roc. La primera vez me sorprendió mucho que se pudiera hacer.

La misión consistía en rescatar a unos investigadores. El portal nos dejó cerca de la entrada de su refugio. Una tormenta de nieve había sido más fuerte de lo esperado y les había terminado rompiendo el calentador. Se estaban helando. Yo pasé la primera. Usando mi poder, detecté dónde no había nieve y, por lo tanto, era el refugio. Estaba totalmente sepultado. Mientras el resto llegaban, abrí un camino hasta la entrada. También les protegí del frío. Si no, se iban a morir. Cuando estuvieron todos, abrimos la entrada del refugio. Dentro, la temperatura había bajado a -20. Los dos investigadores que estaban dentro estaban acurrucados junto a un brasero improvisado, hecho con papeles y cartones que tenían para usar. Aun así, no era suficiente.

Sativa creó un poco de leña para que se calentaran mejor mientras los demás, siguiendo sus órdenes, rescatábamos los datos más importantes que habían recogido y el equipo más caro. Todo esolo pusimos en un trineo, creado también por Sativa. Había un ventilador entre el equipo. Decidimos que era lo mejor para desplazarse. Rax usaría sus poderes para darle muchísima velocidad y que soplara hacia una vela de fibras vegetales que Sativa hizo. Cuando estuvo todo listo, partimos hacia otra base, más al sur, en la que se iban a alojar los investigadores.

Tardamos un buen rato en llegar. En la antártida, las cosas estaban lejos. Cuando llegamos, descargaron todo y nos dieron las gracias. Pero lo peor estaba por llegar. Se acercaba una tormenta de nieve. No podíamos quedarnos allí. Las tormentas podían durar hasta semanas. Teníamos que salir. Pero los radiotransmisores no funcionaban bien. Ni siquiera la transmisión por satélite funcionaba bien. Teníamos que ir a un lugar más alto para mejorar la recepción, ya que estábamos en un valle. Y yo empezaba a estar agotada.

Sin embargo, no teníamos otra opción. Debíamos ir a las montañas. Volvimos a subir al trineo. No duró mucho. Rax llevaba mucho tiempo usando sus poderes y se desmayó. El ventilador se detuvo. Y no teníamos otras formas de hacer viento. Estábamos a un par de kilómetros. Empezaba a estar mareada y mi respiración era pesada.

Le ordené a Roc que cargara con Rax. Era el que estaba más fresco y era bastante fuerte. Podría con él hasta llegar a un punto más alto. Seguimos andando. Yo iba compactando la nieve para que no se hundieran hasta las rodillas. La cabeza me daba vueltas. Eso es todo lo que recuerdo. Todo era de un blanco inmaculado y la cabeza me daba vueltas. Al final, llegamos a la cima de una montaña y volvimos a probar los transmisores. El de radio seguía sin funcionar. El satélite iba un poco mejor. Había encontrado conexión. Estaba conectado a un satélite. Era nuestra vía de escape.

Pero la tormenta había avanzado. La estática era ya tan grande que era imposible entender lo que nos decían de la base. Que probablemente era que no nos entendían. Teníamos que librarnos de la tormenta. Y para eso, o subíamos más, o desaparecía la tormenta. Pero no había montañas más altas cerca. Y no podíamos seguir mucho más. La tormenta propiamente dicha estaba casi encima de nosotros. Teníamos que hacer algo.

Y como no, tuve que ser yo. Mientras el resto se ponían a discutir sobre lo que iban a hacer, yo calmé mi respiración. Me relajé. Expandí mis sentidos tanto como pude. Comencé a enfriar las nubes rápidamente. La nieve comenzó a caer. Las enfrié más. Mucho más. En unos segundos, caía hielo. Las nubes se iban haciendo más finas. Me supuso tal esfuerzo que comencé a sudar. No paré. Seguí haciéndolo. La radio satélite seguía encendida y la estática se aclaro lo bastante como para entendernos un poco. Usaron el satélite para localizar nuestra posición y, finalmente, abrieron un portal enfrente nuestro. Era un simple agujero de color azul rojizo, pero en ese momento me parecía lo más bonito que había visto nunca. Cuando se abrió, dejé de usar mis poderes y corrí hacia el. Me desmayé justo entrando. Nunca había respirado tan fuerte en mi vida.

Cuando desperté, estaba tumbada en la enfermería. Seguía siendo casi todo blanco, pero había, al menos, tonos de verde. Y negros. Y otros colores. A mi lado, estaba Roc.

-¡Candela! Por fin te despiertas.

-¿Otra vez en coma? Bueno, al menos esta vez no he perdido la memoria. ¿Cuanto tiempo llevo?

-Hace seis horas que llegamos. Te desmayaste por el sobreesfuerzo. No se cómo pudiste hacerlo. En serio. Me recuerdas al ave Fénix.

-¿Qué?-Contesté medio dormida todavía.

-No se por qué. Tal vez porque te conocí en un avión, cuando pienso en ti, me viene a la cabeza un pájaro. Y lo que has hecho, en el momento más bajo has vuelto arriba. Como el ave Fénix.

Sonreí. No le había entendido muy bien y no volví a pensar en esas palabras hasta mucho después.

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