Misiones

Publicado: 22/09/2014 en Elementum: Candela

La verdad es que la esperaba con muchas ganas, pero al final fue me llevé un chasco. Me tocó hacer de guardaespaldas de un famoso. Al parecer, su guardaespaldas habitual estaba de baja porque se había roto la pierna y todavía no había encontrado un sustituto. Sí que fue una sorpresa. Era el tipo que empapelaba la habitación en la que solía vivir. Había tantas imágenes que acabé por reconocer su cara. Si lo hubiera conocido antes de perder la memoria, me habría puesto a gritar como loca de la emoción. Pero ahora no me decía nada. Era un tipo con dinero que pagaba a la academia. Y nada más. Tampoco fue una misión muy complicada. Tan solo con la túnica que usábamos durante las misiones para que se nos reconociera ya no se acercaba nadie. Solo una persona trató de acercarse, pero en cuanto hice un poco de teatro con el hielo se detuvo y no se acercó más. La verdad, tras hacerle de guardaespaldas, me empezó a caer un poco mal. Se lo tenía muy creído. En cuanto terminé, me despedí, le pedí que firmase un papel conforme le habíamos prestado el servicio que había pagado y me fui.

Mi segundo encargo sí que fue más interesante. Tardé apenas una semana tras el primero. Esta vez consistía en entrar a una empresa y llevarme unos papeles. Al parecer, había orden judicial de que presentasen una documentación pero se negaban, así que en lugar de enviar a la policía a hacer un registro, me enviaban a mi. Cada vez que nos tocaba una misión, debíamos ir a la isla omega y atravesar un portal. Cuando llegué al sitio, vi que era un enorme bloque de oficinas. El sujeto en cuestión tenía un despacho en el piso 25. Lo primero era entrar. Subir hasta arriba del todo por fuera podría hacerlo, pero acabaría agotada, así que lo descarté. Tenía que entrar por la puerta principal. No tenía ni idea de cómo iba a sortear a los guardias. Había unos tornos que sólo se abrían a los empleados de ese edificio. Tendría que saltarlos. Pero entonces el guardia me detendría. Aunque si me daba prisa, tal vez podría pillarle por sorpresa y llegar hasta el ascensor.

Así que eso hice. Entré por la puerta, andé hasta los tornos y los salté. Cuanto los guardias me dieron el alto, seguí corriendo hacia el ascensor y, por si acaso, les congelé los cierres de seguridad de las fundas de las pistolas. Apreté el botón y comencé a subir hasta el piso 25. Realmente, presioné el del piso 28, para confundir un poco. Desde ahí, bajaría hasta el 25. Tan solo quedaban los guardias de seguridad en el edificio. Por supuesto, en cuanto llegué al piso 15 detuvieron el ascensor. Había previsto que lo detendrían cerca del piso diez. Como no podía subir más en el ascensor, abrí la trampilla de seguridad que tenía en el techo y subí hasta el piso 16, en el que abrí a la fuerza la puerta del ascensor y entré en las oficinas. Fui a las escaleras y comencé a subir. Nunca había subido tantas escaleras como en ese día y llegué al piso 25 jadeando.

El piso en cuestión estaba lleno de despachos. El que buscaba estaba cerca de la puerta. Estaba cerrado con llave. Me costó un poco abrirlo, pero no demasaido. Enfrié unos grados el interior de la cerradura que, por suerte, era mecánica. Si hubiera sido electrónicas habría tenido que romper la puerta. Una vez enfriado, pude mover los resortes para abrir la puerta sin forzarla. Cerré la uerta justo a tiempo, ya que los guardias empezaban a llegar al piso. Me escondí debajo del escritorio. Tenía el cuerpo a tope de adrenalina. Cuando abrieron su despacho, contuve el aliento hasta que se fueron.

Entonces comencé a buscar entre sus archivos. Y vaya si había papeles. Y además, tenía que revisar también los archivos informáticos. Estos era más fácil, ya que me habían dado una herramianta que copiaba toda la información del documento y, si en 24 horas no se había introducido una clave específica de la policía, se borraba toda la documentación. Además, no permitía su descarga en ningún otro soporte. Todo documento que tenía relación con el caso iba directo a una bolsa que llevaba.

Si no me equivoco, era un caso de malversación de fondos públicos, así que la candidad de documentos que podrían ser el indicado era enorme y casi llené toda la bolsa.

Pero ahora quedaba el otro punto difícil de toda la misión, salir.

El ascensor volvía a funcionar, así que opté por cogerlo hasta el piso de abajo. Por supuesto, cuando llegué abajo estaba todo lleno de guardias con sus pistolas desenfundadas, apuntando todos hacia el ascensor. Levanté las manos, pero no solté la bolsa. Había tomado la precaución de cubrirme la cara con hielo para que no me pudieran reconocer. También taponé los cañones de sus armas con hielo. Avancé lentamente entre ellos mienetras me pedían el alto y que me identificara. Cuando llegué a los tornos, como no decía nada, uno de ellos disparó el arma. El trozo de hielo funcionó a la perfección y la bala se quedó en el cañón, inutilizando el arma.

Me di prisa en salir de ahí. Salté los tornos y golpee a un par de guardias que estaban en mi camino hacia fuera. Todos comenzaron a perseguirme con las porras. Avísé a la academia que ya tenía los documentos y en cuanto doblé una esquina, crucé un portal hacia la academia. Tras todo eso estuve media hora tiritando por el subidón de adrenalina.

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