Minotauro

Publicado: 16/06/2014 en Elementum: Candela

Por fin llegé al centro del laberinto. Era un recinto también bastante pequeño, pero tenía al menos cinco metros de largo y otros cinco de largo. Y un minotauro gigantesco en medio. No podía salir a los pasillos de lo grande que era. Al menos, no tenía armas en las manos, pero recuerdo que se e cayó el alma a los pies.

Como me habían dicho, fui a vencer al minotauro. Le ataqué primero. Durante mi entrenamiento, había aprendido algunas formas de atacar y defender. La que hice fue muy básica. Cubrí mi mano de hielo y le di un golpe. O casi. La verdad es que para lo grande que era se movía muy rápido. Ni le rocé. Y mientras pasaba por su lado me dio un golpe en la espalda.

Dios mío. Dolía. Mucho. Pero estaba en mitad de una pelea. No me podía quedar estirada en el suelo lamentándome. Me aparté rodando. Por suerte. Sus manos iban hacia donde estaba, pero golpearon el suelo. Ipso facto, me levanté y comencé a lanzar esquirlas de hielo de mis manos. Alguna le dio, pero no le hizo ni un rasguño. La mayoría tocaron al suelo, que era lo que quería. De esas esquirlas, comencé a estender una capa de escarcha. Fui moviéndome, haciendo que el minotauro me siguiera. Finalmente, pisó una de las zonas de escarcha, con lo que aproveché y le rodee los pies con una capa de hielo.

Lo tenía. Por un momento. El minotauro tenía una fuerza descomunal. Rompió el hielo sin siquiera hacer fuerza. Empezaba a desesperarme. No sabía qué hacer. Probé todo lo que sabía. Estacas de hielo que surgen del suelo por sorpresa, otra vez lo de la mano, pero con más cuidado, congelar otras parte de su cuerpo. Pero el minotauro era más rápido. Empecé a cansarme, así que comencé a enfriar el aire en general para recuperar energía, como me habían enseñado. Funcionó, pero pronto, el aire estaba tan frío que el intercambio de energía no me salía a cuenta.

Comenzaba a jadear. Echaba de menos los exámenes escritos. Te ponías muy nervioso y pasabas malos días estudiando, pero al menos mientras los hacías estabas sentado. No podía seguir atacando. Iba a probar otra forma de vencerle. La respiración del minotauro se había hecho ligeramente más pesada. Iba a esperar que me atacara y yo le iría cansando. Dejé de atacarle por primera vez en no se cuanto tiempo. Había perdido la noción de cuanto llevaba ahí.

Y el minotauro se quedó ahí, quieto. No me atacaba. Estaba extrañada, con lo que en cuanto recuperé el aliento, le lancé una esquirla de hielo. La esquivó y me golpeó en la boca del estómago. Habría vomitado el almuerzo si me quedase algo. Pero no siguió atacando.

En ese momento, lo entendí. Y vi el truco que habían hecho. No habían dicho que matásemos al monstruo. Nos habían pedido que lo venciésemos. Y el mónstruo no nos atacaba a nosotros. Se defendía de nuestros ataques. Por lo tanto, dejé de atacarle y me acerqué a él. Pude ver cómo sus músculos se tensaban. Le acaricié el morro. Y el minotauro se alejó, asintió y desapareció, dejando paso a un portal, aunque tenía un color verde brillante.

Ahora que tenía un momento, creé una lámina de hielo para usar como espejo. Tenía la cara hecha unos zorros. Tenía el labio partido, un ojo morado y arañazos por todo el cuerpo en general. Y creo que mi meñique estaba roto. No se, no lo recuerdo exactamente. Atravesé el portal que había dejado el minotauro.

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