¿Qué ocurrió?

Publicado: 05/05/2014 en Elementum: Candela

Lo que siguió fue una tortura. El pinchazo lo noté. Era un dolor de cabeza fuerte, pero concentrado en un punto. Luego comenzó la tortura. Era tomo tener una sierra en la cabeza. Sentía que mi mente se iba a partir en dos de forma bastante literal. Dolía. Mucho. Y luego, paró.

-No puedo. He intentado hacer aflorar tus recuerdos, poco a poco y recuerdos agradables, pero tu mente tiene tanto miedo que los rechaza totalmente. Es igual si el recuerdo es agradable. Si los sacara y te los pusiera en la cabeza, tu mente entraría en pánico y comenzaría a bloquear memorias aleatoriamente. No es posible hacerlas aflorar. Tu mente deberá aceptarlas y restaurarlas por si misma. He dejado un pequeño pase abierto, algo minúsculo, para que pueda hacerlo. Es el mayor bloqueo mental que he visto. No había posibilidad de restaurar la memoria.

Me hizo salir fuera de la consulta y decirles a mis padre que entrasen, pero no entrar yo. De hecho, no me lo dijo. Aprovechó que estaba en mi mente e hizo que lo hiciera. Porque no entré de nuevo en la habitación, aunque me moría de ganas de saber lo que pasaba. Aun así, pegué mi oído a la puerta. ¿O también me pidió que hiciera eso?

Según entendí, mi mente había sufrido una experiencia traumática, causada por una persona conocida, en un lugar muy conocido y apreciado por mi. Por eso, había bloqueado en masa a todas las personas conocidas y los lugares más conocidos también. Pero el centro del bloqueo eran las personas. También dijo que yo creía que mi personalidad había provocado la situación, por lo que esta también había cambiado. Les dijo lo mismo que a mi, que no podría recobrar la memoria, a menos que mi mente quisiera por algún motivo.

Después, el ascensor se encendió y no pude oír nada de lo que les decía. Aunque ahora que lo pienso, estábamos en un primero. Y el ascensor no duraba tanto tiempo, ni subiendo arriba del todo ni bajando a la planta más baja. No había pensado todavía en ello, pero ahora me doy cuenta que no se encendió el ascensor. Estaba todavía en mi mente y puso ahí el sonido de ascensor para que no escuchara nada.

No pasó mucho durante tres semanas. Seguía con la habitación cubierta de pósters y sin recordar nada, por mucho que hablase con todo el mundo. Leí todas las cartas que me habían enviado y, aunque algunas eran muy emotivas, no conseguí emocionarme realmente. Estaba como muerta por dentro. Mis familiares y amigos comenzaron a tratarme con más normalidad gradualmente. A la semana, ya no me tomaban por idiota, a las dos semanas ya no trataban de recordarme quienes eran y a las tres semanas ya era una relación normal.

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