El Doctor

Publicado: 28/04/2014 en Elementum: Candela

Tras una semana recibiendo visitas contínuamente, me llevaron a casa. Me trataban como si estuviera hecha de cristal. No paraban de decir “Ve con cuidado”, “Ojo con eso”, “Si quieres ya te lo traigo yo” y otras similares. También me trataban como si fuera tonta y hubiese olvidado todo. Incluso trataron de enseñarme lo que era el Sol. Una vez en casa, había un saco lleno de cartas. Todas dirigidas a mí. Debía ser una persona MUY sociable.

Tuvieron que enseñarme dónde estaba cada cosa en casa. No sabía por qué, lo había olvidado también. Terminaron enseñándome mi habitación. Estaba forrada de pósters de gente que no conocía, pero supuse que eran famosos. Toda la habitación. Era difícil encontrar pared, literalmente. También había mucho rosa. Muchísimo. Parecía un chicle gigante. No toqué nada, por si acaso recobraba la memoria y recordaba por qué tenía todo eso ahí. La señora que según decía era mi madre puso un poco de música.

Recordaba esa música. No la había olvidado. Por algún motivo, ya no me gustaba. Cada vez tenía más ganas de saber lo que había pasado. ¿Por qué sólo recordaba algunos lugares y cosas, pero no a la gente? ¿Cómo podía mi personalidad haber cambiado tanto (según lo que sabía) y mis gustos en ciertas cosas también, pero no en otras?

Fui a dar una vuelta a casa de alguna de las que, según decían, eran mis amigas. Su casa la recordaba perfectamente. Comenzó a hablarme de todo lo que había pasado en mi círculo social y en la zona. No paró de hablar. Yo sabía de lo que hablaba. Relacionaba los conceptos. Pero según ella, antes eso me gustaba más. Cada vez estaba más confundida. Decidí comentárselo a mi madre. Decidí empear a llamarla así, aunque solo fuera porque biológicamente lo era y me trataba con cariño. No lo recordaba, pero podía darle algún gesto de cariño.

Me llevó a un psicólogo. Era uno de los mejores. Y con razón. Era un elemental de mente. Recordaba que existía este tipo de gente y, no sabía por qué, les tenía bastante aprecio, mientras que el resto de gente les tenía más bien desprecio. Este tipo de elemental podía meterse en la mente de una persona y seguir sus pensamientos. Ahondar en ellos. Sabía lo que te pasaba y lo que necesitabas para arreglarte. Era caro, pero con una sesión la gente mejoraba a pasos agigantados.

Tras hablar entre ellos unos minutos, les pidió a mis padres que nos dejaran a solas.

-Bien. Ahora voy a meterme en tu mente. Es posible que notes un pinchacito. Es normal. Tu cerebro reaccionará a la presencia de extraños. De momento, solo será en el nivel superficial, para conocer tu estado actual. De acuerdo.

-Adelante.

No noté el pinchazo, pero sí que notaba que había algo. Es muy difícil de explicar. Es como cuando… No, no es eso. No se. No puedo explicarlo bien. Era una sensación de certeza. Muy muy extraño.

-Vale. Esto ya lo tengo. Ahora toca la parte más delicada. Tu cerebro todavía recuerda lo que has olvidado, pero no te lo quiere mostrar. Te lo está bloqueando. Todavía no se por qué. Necesito tu permiso para intentar algo. Entraré a niveles más profundos de tu mente y sacaré lo que has olvidado por la fuerza. Ahora seguro que notarás un pinchazo. Puede que duela un poco. Si veo que tu mente no puede soportarlo bien, pararé.

-Entra. Quiero saber qué ocurrió.

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