The Legend Of Zelda Fanfiction

Publicado: 28/03/2014 en Cuentos e historias cortas, Excusas y otras cosas

Hacía poco que el Heraldo de la Muerte había comenzado su invasión, pero ya estaba llegando a su fin. Las razas de la tierra se habían concentrado en tres puntos, custodiando las tres partes de la trifuerza. Además, las profecías de los oráculos no eran alentadoras, ya que daban al Heraldo una victoria aplastante.

Link era el capitán de los caballeros de Hylia, encargados de proteger su templo, en el que se custodiaba la trifuerza del Valor. Hacía poco que había unido su alma con la de Zelda, amiga de la infancia y su alma gemela. La unión la había celebrado la propia diosa Hylia, a quien los Dioses habían desterrado de los cielos por oponerse a sus designios y apoyar a los humanos. Tras esa unión, Link partió a buscar las otras dos partes de la trifuerza.

Su primer destino fue el templo de Din, en la región de Eldin, en donde sus sacerdotes custodiaban la trifuerza del Poder. El periplo fue complicado, pero fue todavía más difícil convencer a sus jefes, Goro y Mogu, para que le dieran la trifuerza. Poco después de salir del templo con la trifuerza, este fue atacado por el Heraldo, que arrasó totalmente el templo y sumió la zona en el caos y la inundó de lava.

Tras el templo de Din, fue al templo de Nayru, en la región de Lanayru, que debía su nombre a este templo, a por la Trifuerza de la sabiduría. Mientras Link trataba de convencer al gran sacerdote, el Maligno apareció. Poco más duraron las negociaciones. Link consiguió la trifuerza de la sabiduría y el templo organizó la resistencia para darle tiempo a llegar de nuevo al templo de Hylia y reunir las tres partes.

Aun con el tiempo que le consiguió el Gran Sacerdote de Nayru, Link llegó justo a tiempo al templo. El maligno apareció en el horizonte, y con el sus hordas. La Diosa Hylia le entregó la última parte de la trifuerza para que pidiese su deseo.

Y Link pidió su deseo. Pidió que  los habitantes del templo se salvasen. Pidió que la Diosa Hylia volviera a los Cielos. Pidió el poder necesario para vencer al Heraldo. Desafió a los oráculos y al destino, que pronosticaban la aniquilación total de la tierra. La trifuerza habló en su mente.

-Así se hará. Pero a cambio, debes entregar algo. Tu alma quedará unida a esta tierra, serás el guardián de la trifuerza. Cada vez que un mal aceche el mundo, vendrás para salvarlo, durante toda la eternidad, sin poder acceder al descanso eterno. ¿Aceptas, guerrero?

Las tropas del templo estaban formando fuera. El Heraldo de la Muerte estaba cada vez más cerca. Aceptó. Link ofreció su alma a la trifuerza, a cambio de la salvación del templo y sus moradores. La Diosa Hylia volvería a ascender a los cielos con el resto de deidades.

-Así se hará.-Dijo la trifuerza.

La trifuerza se elevó en el cielo, brillante, emanando su energía. Pequeñas porciones de terreno comenzaron a ascender lentamente a los cielos. Un rayo de luz cayó en las manos de Link, creando una espada de empuñadura azulada y reluciente hoja. Link no perdió el tiempo y fue con sus caballeros a defender el templo, mientras este se elevaba hacia los cielos. Los enemigos venían en hordas y los caballeros apenas podían contenerlos en el sitio. Sin embargo, ante la espada que portaba, retrocedían asustados. Hasta que llegó el Heraldo.

En ese momento, casi todo el templo había subido a los cielos y tan solo quedaba por elevarse la estatua de la diosa y su templo, lugar en que la propia Diosa y Zelda contemplaban la llegada del Maligno. Link alzó su espada hacia los cielos. Un gran poder imbuyó su espada, cegado al Heraldo mientras el templo se elevaba hacia los cielos. Casi todos los caballeros habían sucumbido ante las hordas del mal. Los pocos que quedaban aprovecharon ese momento para pegarse a la efigie de la diosa mientras se elevaba, lejos de las garras del maligno.

Cuando salieron de su alcance, el Maligno rugió.  La trifuerza ahora descansaba en las manos de Zelda.

-¡Lo has hecho!-Le dijo.

Link estaba en el borde de la isla flotante. Abajo, el Heraldo estaba destrozando el bosque.

Le dijo a Zelda que no se preocupase por él y se despidió una vez más, y una última vez, de Zelda y de la Diosa. Elevó de nuevo su espada a los cielos y recogiendo de nuevo el poder celestial en la hoja de su espada, saltó.

-HYAAAAA.

Su espada se incrustó en la cabeza del Heraldo, que cayó al agujero que había dejado el templo de la Diosa. Esta aprovechó la situación y realizó un sello en el heraldo, encerrándolo en ese espacio durante toda la eternidad. Aunque sus poderes estaban mermados al ser humana, como mínimo duraría una gran cantidad de tiempo. Aprovechó parte del poder restante de la trifuerza, con lo que los símbolos de Nayru, Farore y Din aparecieron en el sello.

Zelda recordó las últimas palabras de Link. “Te amo”. No le había podido responder. No había tenido tiempo de hacerlo. Unos mese después de estos acontecimientos, se enteró que estaba embarazada de una niña. Decició llamarla Fay. Cada día, le contaba las historias de su padre. De cómo les había salvado a todos. Fay creció admirando a su padre y quería ser como él.

Llegó hasta tal punto esta obsesión que tomó su pelícaro rojo y bajó a las tierras inferiores a buscar la tumba de su padre o cualquier resto suyo. Cuando regresó a Altárea, estaba cubierta de heridas y portaba el arma de su padre cuando se lanzó al vacío. Los medicos dudaban que pudiese aguantar más de una noche.

Zelda se postró ante la efigie de la diosa, en el mismo lugar en que vio por última vez a Link y le rezó por su hija. Para que no muriese. Se lo rogó toda la noche, hasta que el médico que trataba a su hija le fue a ver.

-Ven, rápido. Ha ocurrido un milagro.

Cuando llegaron a la cama de su hija, estaba brillando tanto ella como la espada de su padre, de la que no se había desprendido. Era un fulgor que Zelda había visto antes. Era el fulgor de la trifuerza. Poco a poco, el cuerpo de su hija se desvaneció en pequeñas partículas doradas, que fueron a parar a la hoja de la espada. La diosa Hylia había escuchados sus plegarias. Su hija se salvaría en alma, pero no en cuerpo. Se convertiría en guardiana de la espada que había empuñado su padre para toda la eternidad.

Poco sabía Zelda que se reencontrarían de nuevo todos juntos muchas, muchas veces.

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comentarios
  1. carlosbaldellou dice:

    Esta entrada va dedicada a RanguGamer, uno de mis youtubers preferidos, que por un problema en una operación es posible que no vuelva a grabar vídeos comentados. También fue quien me introdujo al mundo de Zelda. Rangu, gracias, espero que te recuperes.

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