Arrivederci

Publicado: 17/03/2014 en Elementum: Cólodin y Kailey

A la mañana siguiente, Kailey se despertó. Antes de levantarse de la cama, se tomó un momento para recordar la noche anterior. Estaba flotando en nubes de algodón. Además, hoy era el día en que debía irse a su nueva vida. No podía quitarse a Cólodin de la cabeza. Se incorporó en la cama y echó un vistazo a su habitación. Era la última vez que la vería.

Había una cosa que no estaba ahí antes, estaba segura. Era una esfera encima de una base. Al lado, había una carta que decía «para Kailey». Era la letra de Cólodin.

Se levantó corriendo a leerla.

«Kailey, lo siento. De veras que lo siento, pero tengo que irme lejos. Se que suena a tópico, pero no eres tú, soy yo. Anoche, cuando me diste ese beso, congelé sin querer mi dedo. No puedo controlar ya mis poderes. No soy yo mismo. Ayer fue un beso, pero tal vez mañana sea un corazón o cualquier otra cosa. No quiero arriesgarme. No puedo arriesgarme. Por eso ayer traté de hacerte lo más feliz que pudiera, para que tuvieras un buen recuerdo mío.

Este orbe está sincronizado con mi mente. Cuando mires a través de él, podrás ver lo que yo veo. Oír lo que yo oigo. No funciona al revés. Y en serio, lo siento mucho. Pero es algo que debo hacer. Adiós Kailey.»

No se podía creer lo que acababa de leer. Tras todo lo que habían pasado, tras la noche anterior, Cólodin la dejaba como si nada. Una noche de mentiras y un adiós. Estaba furiosa. Y se dio cuenta que también triste. Tras todo lo que había pasado con Cólodin, no le podía odiar.

Todavía no era la hora de ir a sus nuevos destinos. Casi lo era, eso sí. Tal vez, si se daba prisa, podría detenerlo. Miró en la bola. El puente hacia la isla omega. Todavía podía llegar hasta él. Trató de abrir la puerta. Estaba atrancada con un pedazo de hielo. Kailey aplicó calor hasta casi fundir el pomo. No se abrió. En lugar de eso, unas palabras aparecieron en la puerta, escritas en hielo. «Por favor Kailey».

El maldito había puesto retroalimentación a su hechizo. Y no tenía tiempo para deshacerlo. Tal vez por la ventana podría. A lo mejor no había pensado en ella. Por supuesto que no. También estaba atrancada. Era Cólodin. Siempre pensaba en todo.

Se quedó mirando la esfera, en su habitación. Era todo lo que podía hacer. Tal vez viera donde se iba y pudiera seguirlo. Sí. Era una opción. Además, todavía tenía que atravesar a los guardias que tenía la isla omega tras su escapada al laberinto. Eran dos profesores experimentados. Deberían poder con un recién graduado.

No tardó ni un minuto en librarse de ellos. Cólodin era condenadamente bueno en lo que hacía. Y lo que hacía era luchar.

Se dirigió a la columna central. No. No podía ir allí. Atravesó el portal. El paisaje ya familiar apareció antes sus ojos. Iba a costarle mucho más encontrarle ahí. Pero Cólodin no avanzó. En lugar de ello, puso sus manos sobre el borde del portal. Montones de energía comenzó a irradiar de sus manos hacia el borde del portal. Parecía que el borde se lo tragaba. Y el portal se iba haciendo poco a poco más pequeño, hasta desaparecer por completo tanto el portal como toda posibilidad de contactar con Cólodin.

Kailey estuvo llorando un buen rato. Se había ido para siempre Cólodin. Y ahora, su nueva vida se le antojaba un lugar peligroso, desconocido y le daba miedo. Había pasado de su mejor día al peor.

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