Lamento el retraso en la publicación

Publicado: 12/03/2014 en Elementum: Cólodin y Kailey

Era hora de enterrar a los muertos. El entierro fue sencillo. Cada muerto estaba en un ataud de madera con una placa que decía su nombre, elemento y una pequeña biografía. Todos los elementales se pusieron alrededor de los ataudes, con la mano en el pecho en señal de respeto. Uno a uno, los fueron lanzando al mar. Estaban tratados especialmente para que se hundieran y para que ni el agua ni la sal hicieran daño al ataud. Una vez todos los ataudes cayeron al suelo, los elementales fueron a sus habitaciones. Era el último día de curso y había fiesta para los de último curso.

Era la primera vez que se organizaba una fiesta oficial. Eustaquio era el encargado de poner la música. El baile estaba previsto que durase hasta las cinco de la madrugada. Al día siguiente, a partir de las 11, tenían que ir a sus nuevos destinos.

Kailey estaba como pez en el agua. No paraba de bailar en la pista, cada vez con una persona distinta. Estaba radiante de felicidad. Cólodin estaba apartado de la pista de baile. No era algo que le llamase. Pese a ser el héroe del día y que le dedicaran varias canciones, no fue a bailar.

Eran casi las tres de la madrugada cuando Kailey se tomó un respiro de bailar y fue a por algo de beber. Vio a Cólodin apartado y solo, así que se le acercó.

-¿No bailas?

-No me gusta.

-Vamos, te lo pasarás bien.-Y le cogió de la mano, arrastrándolo a la pista de baile. Allí se pusieron ambos a bailar. Cólodin estaba rojo como un tomate. Nunca había bailado y menos con tanta gente. Además, no era muy dado a las multitudes. Se sentía incómodo. Media hora tras haber entrado, Cólodin ya no aguantaba más estar en la pista de baile. Se ahogaba. Tenía que salir a tomar el aire. Le gustaba tener espacio, y ahí no lo tenía. Así se lo dijo a Kailey, que aceptó. Ambos se fueron lejos del baile, al borde del acantilado.

Era una noche sin luna y el cielo estaba impoluto. Se veían miles de estrellas en el cielo. Incluso la vía láctea. La noche era preciosa. Además, estaba el sonido de mar de fondo. Y había terminado todo. Kailey tenía el corazón a cien, y no era por haberse pasado la noche bailando. Estaba a solas con Cólodin, en un paisaje idílico. Era tal vez la última vez que estarían así. Se lanzó. Besó a Cólodin. Tenía que hacerlo.

En un primer momento, Cólodin se quedó muy quieto. No esperaba esa reacción. Pero luego reaccionó y le devolvió el beso a Kailey. Cuando terminó, se levanto del cesped, le tendió la mano a Kailey.

-Venga, volvamos al baile.

Tras toda la noche bailando, Kailey estaba eufória. Y agotada. Cólodin la acompañó a su habitación. Para ella, había sido una noche perfecta.

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