Dolor

Publicado: 17/02/2014 en Elementum: Cólodin y Kailey

Los médicos no daban abasto. El elemental que habían salvado hacía cinco minutos volvía a ellos con más heridas y se estaban quedando ya sin energías. Algunos usaban la energía de los que sanaban para poder aguantar un rato más.

Se había formado una línea de combate que diferenciaba claramente a ambos bandos. Cólodin estaba junto con Kailey en el frente de esa línea de combate. Cólodin tenía la impresión de que era el elemental que más atención recibía. Además, cuando tenía una pausa, daba órdenes para que se cambiaran turnos. Los elementales de primero salieron fuera a prestar su energía a los médicos y los que atacaban de distancia fijaban zonas como objetivo por orden de Cólodin.

En medio de la batalla, Cólodin miró hacia Kailey. Estaba entre dos tropas y sólo veía una. El segundo soldado venía con una lanza dispuesto a ensartarla con ella. Cólodin ni se lo pensó. Se puso en medio de la trayectoria de la lanza. Muy tarde, se acordó de levantar un escudo.

Cólodin notó como la punta metálica de la lanza se clavaba en su estómago, rasgando piel, músculos y órganos. Un punto frío clavándose en su vientre y trayendo un frío al cual no estaba acostumbrado. Al menos no desde ese punto de vista. El frío de la muerte.

Kailey terminó con ese soldado y se giró, sólo para ver a Cólodin ensartado por una lanza. Y gritó. Gritó como nunca lo había hecho. Los soldados de su alrededor se giraron un momento para ver lo que ocurría. Todos se detuvieron. Poco a poco, el campo de batalla se detuvo. Los soldados desconocidos sabían quien era Cólodin y su importancia. O al menos esa era la impresión que daba. El que había ensartado a Cólodin murmuraba todo el rato «lo he hecho. Lo he matado. He matado a Cólodin».

Kailey lloraba horrorizada. Estaba sollozando. No recordaba cuando era la última vez que lo había hecho. Hacía tanto tiempo ya. Los elementales se pusieron de pie y se llevaron el puño al pecho, en símbolo de respeto. Cólodin estaba caído de rodillas, con las manos alrededor de la herida. Relajó sus músculos y las manos cayeron a un costado. El soldado pasó de murmurar a gritar. Los elementales seguían en silencio.

Kailey no se había llevado la mano al pecho. No se podía creer lo que acababa de ocurrir. No quería. Cólodin no podía estar muerto. Pero todo indicaba eso. Se giró y se abrazó al primer elemental que se encontró, que resultó ser Isaac. Nadie se podía creer lo que había ocurrido. Todo el mundo parecía haber olvidado que Cólodin tambien era un mortal. Que le podía ocurrir lo mismo que a todos. Ni siquiera había ido a curarse las heridas. No tenía. No le hacía falta. No le haría falta.

Una estaca de hielo surgió del suelo, matando al solado que había clavado su lanza en Cólodin. Y las manos de Cólodin agarraron la lanza. Todos estaban atónitos. ¿Cómo podía alguien hacer eso? Cólodin se levantó. Poco a poco. Se tambaleaba. Normal. Tenía una lanza en el pecho. Cólodin estaba medio atontado. Cuando la lanza se le clavó, pensó que iba a morir. Recordó su vida. Su padre. Su madre. Sus amigos. Sus compañeros de clase. Kailey. Sobretodo Kailey. Ella era la que más salía en sus recuerdos. No podía dejarla así. Tenía que protegerla. Tenía que hacerlo. Por ella. No podía terminar así. Sin pensar en nada. Se levantó del suelo y agarró la lanza que tenía clavada. En cuanto la tocó, volvió a la realidad. El dolor era insoportable. Pero no podía seguir con eso clavado en el pecho.

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