Liberación

Publicado: 03/02/2014 en Elementum: Cólodin y Kailey

Arriba del todo se veían destellos de luz y sobretodo ruidos. Parecía que estuvieran torturando a un elefante. La torre entera temblaba con el combate que llevaba a cabo Cólodin contra Drake. Kailey comenzó a subir lentamente. Habia un montón de pasillos y descansillos, pero en ninguno había un guardia. Eso la acabó enfureciando más. ¿Tan poca cosa se pensaba Drake que era? ¿Tan inútil la creía? Una voz subió de abajo. Habían descubierto al primer guardia y su fuga. Todo el castillo estaba en alerta. Por suerte, el ruido que había en la cima impediría a Drake enterarse de lo que había ocurrido. Mejor para ella. Subió las escaleras corriendo, para llegar antes que los soldados.

Por fin, consiguió llegar a la cima de la torre. Paró unos segundos para recuperar el aliento. El ruido había disminuido. Cólodin se estaba cansando. Debía entrar ya. Intentó girar el pomo, pero la puerta estaba cerrada con llave. Y en su pistola solo quedaba una bala. No dudó. Disparó a la cerradura y rompió el mecanismo. En ese momento sabía que no podía tirar atrás. Dió una patada a la puerta y entró decidida. Ya pararían esos dos. Y así lo hicieron. Cólodin estaba sorprendido a secas. Drake estaba sorprendido, pero de otra forma. No se podía creer lo que estaba viendo. Kailey tiró la pistola al suelo.

-¡Tú maldito hijo de puta!-Dijo andando hacia Drake.-¿Creías que no soy nada? ¿Que soy un simple jugete? ¿Que sería así de fácil librarte de mí? ¿Tan poco me conoces? ¿Tan solo piensas en mí como en un cacharro de usar y tirar para lograr tus objetivos? ¿Un juegete? Pues estás muy equivocado. Soy más que todo eso.

Mientras hablaba, sin darse cuenta las manillas se le habían puesto rojas. Cuando llegó a su altura, había un reguero de metal fundido por todo el suelo. Kailey ni se había dado cuenta de eso. La energía necesaria era prácticamente incalculable. Kailey cogió a Drake por el cuello y lo estampó contra la pared.

-Kailey, ¿cómo has…-Comenzó a decir Cólodin.

-Tú te callas. A ti te pego la bronca luego. De momento- dijo volviéndose a Drake- te toca sufir a tí.

No pasó nada. Al menos que se dieran cuenta. Pero Kailey estaba concentrada. Y se le notaba. Drake comenzó a sentir un cosquilleo en su mano, así que la levantó para ver lo que era.

Cuando lo vio, comenzó a gritar de pánico. Su carne se estaba fundiendo. Kailey estaba calentando su mano, pero sin dejar que se quemase. Solo aumentando la temperatura. Su carne hervía sin estar quemada. Veía cómo sus dedos burbujeaban y los huesos quedaban a la vista. No sentía dolor. No sentía nada. Pero estaba aterrorizado. Tanto tiempo vivo. Y ahora se estaba derritiendo. No pasó mucho tiempo hasta que las falanges delanteras quedaron totalmente al descubierto. Y sin nada que las sujetara, cayeron al suelo. En ese momento, Kailey aceleró el proceso y en apenas un minuto ya no tenía su mano derecha y comenzaba a ver su brazo desaparecer. La carne caía al suelo en una masa informe color rojizo. Pequeñas gotas tocaban el suelo y se enfriaban. Cólodin y Drake estaban paralizados. Drake solo podía chillar. Cólodin reaccionó y clavó una estaca en el pecho de Drake. Este dejó de moverse y de chillar, salvo algunas convulsiones.

-¿Por qué lo has hecho, Cólodin?

-No quiero que cargues con su muerte. No quiero que cargues con ninguna muerte.

-Habría podido cargar con la suya.

-No Kailey. La primera vez te dices que no es nada. Que solo es una persona. Que se lo merece. Que tampoco será para tanto. Pero con el tiempo te das cuenta que cada muerte cuenta. Que nunca deberías haberlo hecho. Es un peso en tu conciencia que no puedes asumir jamás. No quiero que tú cargues con ese peso.

-Eso es precisamente de lo que quería hablarte. Ya no soy una niña, Cólodin. No soy un crio al que manipular. Al que cuidar entre paños de algodón. No debes ahorrarme algo solo porque tú creas que es lo mejor para mí. Ya soy lo bastante madura para tener responsabilidad por mis actos. Tú no ayudas nada. Siempre encima. Siempre cuidándome. Déjame ser yo misma. Deja de jugar con mis sentimientos.

-Kailey yo…

-Tú nada. Siempre estás encima mío. Nunca me dejas hacer nada salvo que me lo hayas pedido. Cuando vamos en grupo me encomiendas lo más simple y menos peligroso. ¿Crees que cuando lo de Anyreia no me afectó? ¿Que lo que ocurrió en aquella cima no fue nada y fue sólo culpa tuya? ¿Que aquellos no-muertos de los que me tuve que encargar no eran nada? Aquello me afectó más de lo que te imaginas. Pero no me dejas hacer nunca nada. ¿Cómo se supone que voy a aprender de mis errores si no me dejas tener errores? Y además, los errores que tengo los cargas tú. Deja de sobreprotejerme, Cólodin. Todos cambiamos, más o menos, pero todos cambiamos. Ya no soy la misma que cuando comencé en la academia. Los primeros días y las primeras misiones tenía miedo. Estaba aterrorizada y sólo actuaba cuando me lo decías. Luego ya no, pero seguía actuando sólo cuando tú me lo decías. Estaba pegada a tí como una sombra. Te arrastrasba a todos los sitios a los que iba. Pero ya no.

-Perdona Kailey. No lo haré más. Venga, volvamos a casa.

-¡Ahí está otra vez! No ves lo que haces siquiera. Tras todo esto. Tras llegar aquí con una pistola y derretirle el brazo a un tipo, sólo me dices. «Venga, volvamos a casa». Como si no hubiera ocurrido nada y tu te fueras a hacer cargo de tódo. Como una niña pequeña. Así no me ayudas, Cólodin. Con una palmadita en la espalda y un «no pasa nada» solo lo empeoras. Adiós.

Finalmente, volvieron a la academia, pero sin dirigirse la palabra.

El último día de curso estaba cada vez más cerca.

Mientras, en el castillo, los soldados habían llegado a la sala superior y se encontraron a su jefe sin brazo y con una estaca clavada en el pecho. Drake estaba totalmente consciente. Evidentemente, era inmortal. Nada podía matarlo. Y regenerarse era cuestión de tiempo.

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