Fuga, parte 1

Publicado: 27/01/2014 en Elementum: Cólodin y Kailey

Kailey se despertó. La habían dejado inconsciente. Decidió analizar la situación: Estaba atrapada en una celda. Eso era malo. También estaba enmanillada. Bueno, no iba tan mal. Además, la puerta era de madera. Parecía una cárcel medieval. No iba a tener muchos problemas.

Lo primero que intentó fue hacer fuego para ver mejor. No pudo. Era extraño. Sentía cómo usaba la energía, pero no se manifestaba de ninguna forma. Lo volvió a intentar. Esta vez algo más perceptible y sencillo. Calentó los calcetines. Nada ocurrió. No subieron ni un grado de temperatura. Intentó no ponerse nerviosa y examinar todo lo que pudiera con la luz que había, pero no veía nada que lo explicara. Salvo las manillas. Cuando las vio, se dio cuenta de que eran del mismo metal que los brazaletes. Ese metal absorbía la magia. Los brazaletes eran muy pequeños, por lo que sólo absorbían las fugas accidentales, pero con el tamaño de esas manillas, debían absorber toda la magia. Eso explicaría muchas cosas.

La puerta se abrió y entró un soldado. Iba totalmente cubierto por un traje ignífugo. Kailey sonrió por dentro. Tántas medidas de seguridad por ella era un halago. Y parecía que no confiaban en las manillas para contenerla. Con la puerta abierta, pudo ver mejor la celda. Era de dos metros por dos metros. Muy pequeña. Pero lo más importante: muy vieja. La piedra era además relativamente blanda. No era un trabajo imposible erosionarla, cómo con el granito. El soldado le dejó una jarra de agua con una pajita cerca, para que bebiera, y se fue sin decirle una palabra.

Kailey comenzó entonces su tarea. Cogió con las manos las cadenas y comenzó a retorcerlas y tirar de ellas hacia adelante, empujando con los pies. Agarrando una cada vez, para hacer la máxima fuerza en un solo punto. Estuvo así cinco minutos hasta que oyó un sonido de piedra rota. Lo había logrado. Las manillas se habían soltado de sus anclajes. Ya solo era cuestión de seguir tirando. Haciendo toda la fuerza que podía, acabó sacando primero una manilla de su anclaje y luego la otra. Las manillas seguían en sus muñecas y estas le dolían horrores por el rozamiento, pero ya no estaban ancladas en la roca, y eso era mejor que nada. Usó un poco del agua para aliviarse el dolor y comenzó a pensar cómo salir de ahí.

Optó por llamar al carcelero y noquearlo. Le pidió algo de comida. Era algo sensato y para lo que tendrían que entrar. Por si acaso, se mantuvo a la misma distancia de la puerta que las cadenas le permitirían. De hecho, cuando el carcelero abrió la puerta, se agarró a las cadenas, para que no sospechara. Cuando se acercó más, reaccionó. Agarró la jarra de agua y se la lanzó a la cabeza. Se rompió en mil pedazos con un sonoro estallido. Todavía no se había recuperado de la sorpresa cuando Kailey avanzó hacia el y le dio un sonoro puñetazo en la cara, seguido de un rodillazo en sus partes. Eran técnicas bastante sucias, pero efectivas. Una vez en el suelo, le dio una patada en la cara, atontándolo un poco. Mientras se recuperaba, vio una pistola que llevaba en la cintura y la cogió. Cuando el soldado recobró el sentido, vio cómo le apuntaba Kailey con la pistola a la cara. Comenzó a suplicar por su vida. Kailey le disparó en la pierna. No quería matarlo, pero tampoco que la siguiera y avisara a todo el mundo.

Mientras el soldado gritaba de dolor, Kailey salió de la celda y comenzó a subir hacia la cima de la torre. Allí, por lo menos, podría ver dónde estaba. Tantos trabajos en tantas partes del mundo le habían permitido recordar constelaciones, con lo que podría ubicarse aproximadamente.

Mientras Kailey realizaba su huída y sin que esta lo supiera, Cólodin había llegado al lugar en que la tenían presa. Se trataba de un antiguo castillo restaurado. Todavía quedaban andamios. En lo más alto de la torre más alta, brillaba una luz. Cólodin supuso que tendría que llegar hasta ese punto. Drake era siempre tan arrogante que se ponía en los sitios más visibles y expuestos, pero nunca era fácil llegar hasta su posición. Todavía quedaban algunos andamios desperdigados. Cólodin comenzó a subir para encontrarse por enésima vez a Drake. Esta debía ser la batalla final. Tenía esa certeza.

Cólodin llegó a la cima de la torre antes que Kailey. No había andamios, pero podía crear plataformas de hielo para avanzar, así que no le supuso un gran problema llegar. Se coló por una ventana y, efectivamente, ahí estaba Drake. Sin miramientos, Cólodin entró.

Kailey por su parte se había perdido hacía ya un rato. Las escaleras le habían llevado a un gran cobertizo. No tenía mucho sentido que no hubiese más escaleras hacia arriba. Todavía no se había encontrado con más soldados, pero conservaba su pistola. Decició avanzar hacia cualquier sitio hasta encontrar algo. Había una puerta al otro lado de la sala. Decidió ir hacia ella. Cuando llegó, se paró un momento. Oyó a dos soldados hablar.

-Vale, a ver si lo entiendo. Drake está arriba de la torre central y ha dejado los andamios para que un tipo que es un asesino profesional vaya a por él.

-Correcto. Ese tal Cólodin es uno de los mejores, si no el mejor.

-¿Y por qué puñetas quiere que vaya a materle si es tan bueno?

-¿No te acuerdas que es inmortal? Su plan es cansarlo del todo y matarlo él. Le ha trastocado muchos planes y no quiere que siga así.

-¿Y por que el tal Cólodin iba a venir?

-Porque hemos capturado a la chica esa de fuego y el caballero de brillante armadura debe ir a rescatar la dama.

-¿No será peligroso tener a una psicópata que controla el fuego encerrada aquí abajo?

-Tiene puestas las Manillas. No podrá hacernos nada.

Kailey ya sabía lo que pasaba. Y no le gustaba nada. Sólo era un cebo. Carnaza para que Cólodin viniera a su muerte. Un simple objeto sin importancia para nadie. Otra vez. Pero no esta vez. No otra vez. Ya había tenido suficiente. Había sido invisible demasiado tiempo. Una amenaza ignorada. Nunca pensaban en ella. Se iban a enterar. Estaba furiosa. Así que era un simple objeto. No era peligrosa por las manillas. Kailey abrió la puerta.

-Siento que pienses así, pero creo que sólo yo puedo decir lo que puedo y no puedo hacer. No me vas a imponer tus reglas.-Y acto seguido, le disparó en el pecho al guardia de la derecha de la puerta. Luego disparó al que estaba en la izquierda.

Los dos guardias estaban fuera de combate. No iban a decir mucho. Y Drake no había pensado que pudiera suponer un problema. No había guardias en la escalera y Cólodin estaba claro que iba a entrar por la ventana si había dejado los andamios. Comenzó a subir las escaleras.

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comentarios
  1. carlosbaldellou dice:

    Creo que me pasé un poco con esto, pero no tenía claro donde cortar, así que he cortado donde me ha parecido mejor. La semana que viene, continuamos. Pero si llegamos a las 20 visitas, publico la segunda parte ese mismo día.

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