Confrontación

Publicado: 13/01/2014 en Elementum: Cólodin y Kailey

Cólodin estaba cabreado. Mucho, de hecho. Lo de Junco y Mar le había afectado mucho. Kailey ya no le veía casi nada.  Tan solo por la noche. Y en esos momentos estaba agotado totalmente. Se había volcado en las actividades físicas. Kailey no sabía cuales. No lo veía nunca por los campos de entrenamiento.

La fecha de fin de curso se acercaba cada vez más. Apenas quedaban ya dos semanas y todo su adiestramiento habría terminado. Les tocaría trabajar. Algunos estaban eufóricos. Una nueva vida se abría ante ellos. Otros estaban temerosos. ¿Que ocurriría después? ¿Que harían? ¿Dónde lo harían? Cada cual se enfrentaba a su filosofía a su manera, así que Kailey tampoco le dio mucha importancia. Supuso que la mezcla de fin de curso y dos pérdidas más habría afectado a Cólodin. Todo siguió su curso normal. Hasta que recibieron su última misión.

Ya no habría más trabajos para la escuela. Un grupo más jóven los sustituiría. Ellos estaban ya obsoletos. Cólodin, Ammós, Lóraj, Kailey y Ántam eran el grupo. Cólodin le pidió a Kot que fuese con ellos. Una última vez. Pese a que trabajaba con los portales y no solían ir de misión, hicieron una excepción. Podía ir en una última misión. Tenían las coordenadas del sitio donde debían ir. No sabían que les esperaría al otro lado. Siempre era igual. Nunca más sería igual. Decidieron que, por una vez, pasarían todos juntos.

Cuando salieron al otro lado del poral, supieron que algo iba mal. Una plancha metálica tapó el portal por donde habían venido. Un un ejército les esperaba, apuntándoles con sus armas. Un soldado, con más chapas y trastos dorados en el traje se adelantó. Debía ser el jefe. Les dijo:

-¿Eres Cólodin?

-Sí. ¿Quien lo pregunta?

El jefe dio la órden de disparar. Los soldados estaban bien entrenados. Dispararon todos a una, tanto a Cólodin como al grupo. Una nube de pólvora envolvió el lugar. Eran balas imbuidas. Kailey no podía hacer nada. Y la plancha era del mismo metal que el de sus pulseras, Kot no podía volver a abrir el portal. De hecho, incluso la pared era de ese metal. Y el suelo también.

Los soldados, pero, no eran los únicos entrenados. Cólodin había levantado un muro de hielo laminado que había detenido las balas. Las capas estaban rotas, pero las balas no les habían alcanzado. Deshizo la muralla de hielo para conservar toda la energía posible.

-Matadle.-Ordenó el jefe.

Esta vez, solo apuntaron a Cólodin. Antes de que pudieran disparar, Cólodin avanzó hacia ellos. Sacó un cuchillo de hielo y se lo clavó al primer guardia en el cuello. La sangre salió a chorro, manchándole la mano. Se cubrió con su cuerpo de una ráfaga de balas y se lanzó a por el siguiente. En cinco segundos clavó dos cuchillos más a otro par de soldados y le robó el arma a otro. Vació el cargador hacia la cara de los soldados que tenía más cerca. No llevaban máscara, así que todo se esparció. Cólodin no cesaba de moverse, levantar barreras de hielo y cortar. Sobretodo cortaba. Tenía los brazos cubiertos de sangre hasta el codo y salpicaduras en su ropa y su cara.

-¿A qué esperais?-Gritó Cólodin.-Abrid un portal y marchaos.

Kailey reaccionó. Se dio cuenta que se había quedado paralizada del miedo. Igual que el resto del equipo. Cólodin era el único que había sabido reaccionar. Ammós levantó un trozo de roca para que pudieran abrir un portal ahí mismo y se fueran. Mientras Kot se centraba en el sitio, Kailey se puso a lanzar llamaradas para entretener a los soldados y que Cólodin pudiese escapar también.

El general se dio cuenta de lo que estaban haciendo y dio  órdenes de impedirlo. Cólodin mató a los soldados antes de que pudieran comenzar a hacer cualquier cosa. Una bala se le clavó en el hombro izquierdo. La ignoró totalmente. Hizo como si no estuviera. Dolía solo de verlo, pero Cólodin actuaba como si la bala no estuviera ahí. No se quejaba.

El portal por fin estaba hecho. Comenzaron a pasar por el. Kailey fue la última. Se quedó a esperar a Cólodin.

-Vamos, después de tí, vengo.

Dudando, Kailey atravesó el portal. Al otro lado, había un enorme grupo de gente. Se había corrido la voz y estaban llegando todos a ver que pasaba. Cólodin todavía no llegaba. Ya había pasado un minuto entero. Y luego pasó otro. Ya estaban preparando un equipo para ir a buscarle cuando atravesó el portal. Solo con esa herida de bala. Sus brazos goteaban sangre. Todos sabían que no era la suya. No dijo ni una palabra. Se dirigió a la enfermería a que le curaran la herida de bala que tenía en el hombro. Una vez entró, cerraron las puertas y no dejaron pasar a nadie más.

Media hora más tarde, Kailey consiguió entrar explotando su amistad con una de las curanderas.

-¿Que has estado haciendo, Cólodin?

-Conseguiros tiemo. Ya lo sabes.

-No. Eso no ha sido. Has tardado mucho tiempo en volver. Y no me refiero a esto que ha pasado. De hecho, creo que desde que Junco y Mar se fueron, no has vuelto. Incluso desde mucho antes. Ya no eres el mismo. ¿Que ha pasado? Por favor, dímelo. Quiero ayudarte, de veras.

-Nada me gustaría más que eso, pero si no te digo nada es por algo. Hago cosas. Peligrosas. Muy peligrosas. Pero sí que hay algo que quiero que sepas: No las hago por gusto.

-Eso no me dice nada. Cólodin, esto de hoy no es algo espontáneo. No me refiero a reaccionar rápido. Y lo sabes. Lo que has hecho cuando estábamos. Esos hombres…

-No había más opción, Kailey. No es algo que me guste mucho, pero en oasiones se ha de hacer.

-Sí que había opción. Podríamos haber salido mucho antes de ahí. Podrías haberlos dejado inconscientes. Podrías haber encasquillado sus armas. Podrías haber hecho muchas cosas, pero los has matado.

-Kailey, por favor. Me gustaría contarte tantas cosas, pero no puedo. Muchas son una losa. Muchísimas. Pero no quiero hacerte cargar con ello. No son cosas agradables de contar. Lo que he hecho hoy cuando estabas, no es nada comparado con lo que he llegado a hacer. He hecho atrocidades. Verdaderas monstruosidades. Y lo peor de todo es que he llegado a un estado en el que no me arrepiento de nada de eso. Estoy muerto por dentro, Kailey. Y lo veo. Sé que estoy muerto por dentro y veo cómo te afecta eso. Pero se que si te contara lo que he llegado a hacer, sería peor. Por favor, vete. Déjame solo un rato.

Kailey le dejó. No sabía a quien dejaba atrás, pero seguro que no era Cólodin. En el camino, se cruzó con el director, que también iba a ver a Cólodin. Debería escuchar lo que decían, pero ya había abusado mucho de su amistad con los curanderos.

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