Hasta la vista, baby

Publicado: 11/11/2013 en Elementum: Cólodin y Kailey

Todos se giraron. Mar seguía con la boca abierta. El tiempo parecía pasar más despacio. Era como si estuviese cayendo a cámara lenta. Kailey se le acercó. Lina se acercó más. Junco se arrodilló junto a su cuerpo y Lóraj hacía las veces de médico al poder sentir la electricidad en sus nervios. Dentro de la mala suerte, no había sido tanta. Mar había modificado los líquidos que protegían su cerebro y les había aumentado la densidad un montón. De no ser por eso, la bala le habría atravesado totalmente la cabeza y habría matado también a Lina.

Repentinamente, los animales volvieron a la carga. La mitad estaban en problemas. Cólodin se lanzó hacia ellos. Ya no servía de nada hacer estacas de hielo desde el suelo. Iba a acuchillarlos. Ammós no se movía. Estaba concentrándose.

-Haz algo Ammós. Por el amor de dios, no puedo solo.

Ammós hizo algo. Mucho de hecho. El montículo se rompió. La parte en la que estaban se elevó hacia arriba y el resto se movió hacia abajo. Ahora solo tenían la mitad de terreno que defender. Y a Cólodin le sería de más ayuda si no fuera porque estaban todos mirando a Mar y Ammós estaba agotado totalmente.

Kailey no se lo podía creer. Una bala en la cabeza. No sabía como es que todavía no había habido un segundo disparo. Lóraj examinaba con gesto serio la herida. Era grave. Sacó un trozo de metal de su bolsillo y lo sostuvo enfrente del agujero. La bala salió de la herida. Estaba un poco deformada por el impacto, pero no causó más daños. Lóraj le cerró los ojos. Había sido instantáneo.

En ese momento volvieron a la realidad. Kailey vio que Cólodin había colocado cristales de hielo reflejando la luz solar. No era la primera vez que hacía eso y era útil para impedir que la gente a quien le daba viera algo. Por eso no había habido un segundo disparo. No podía ver nada. Lóraj y Kailey avanzaron. Lina se quedó atrás, balbuceando cosas que no comprendia mezcladas con un «no puede ser. No otra vez». Ya averiguarían lo que le sucedía.

Lóraj se quedó atrás. Cogió el cuerpo de Mar en brazos. No se iba a ir sin Mar. Y estaba claro que Mar no se iba a ir. Lóraj le había dicho que tardaría todavía un rato en irse la electricidad restante de su cuerpo, pero que ya estaba muerta. Pues pensaba aprovecharlo. Hundió sus pies en el suelo. Su piel comenzó a volverse de color marrón. Se fue poniendo rígido. El pelo le comenzó a crecer y a ponérsele de color verde. Mar seguía en sus brazos. El proceso también le afectaba. Ya no estaba viva, así que no tenía ese problema.

Junco había tenido problemas con los árboles. No respondían a su magia. Seguían la suya propia. Le habían dejado ir por ese camino concreto. Le habían avisado voluntariamente de la presencia de esos bichos, pero de ninguno más. No podía controlarlos. Antes de comenzar a transformarse, ya había hablado con los árboles.

«Un humano no puede controlarnos» le habían dicho. Ahora lo entendía. Solo un árbol podía controlar a los árboles. Se estaba convirtiendo en un árbol. Así podría terminar con todo ese problema. Sus raíces se hundieron en la tierra. Junco todavía era joven. No iba a crecer mucho como árbol. Pero combinado con Mar, tal vez si podría alcanzar un cierto grosor. Debía comenzar a escoger su forma. De todos los árboles que le vinieron a la mente, escogió un olmo. No sabía por qué. De hecho, más parecía que los árboles se lo hubieran puesto.

Cólodin y el resto estaban demasiado ocupados resistiendo. No podían detener el proceso ya. Junco se convirtió en un árbol. El resto de árboles del bosque, entonces sí, le obedecieron. Cerraron ramas en torno a los bichos. Todos quedaron encerrados en una prisión vegetal. El francotirador apostado en una copa vio como dos ramas lo cogían y lo lanzaban hacia el claro.

Los árboles se cerraron. No había forma de escapar. El precipicio sería un asesinato. Cólodin se dio cuenta de que estaba. Lo encerró en una jaula de hielo. Era un hielo especialmente frio. Quemaba al tacto. En ese momento, Cólodin se dio cuenta de que no veía a Junco por ningún lado. Y que un enorme olmo había aparecido en medio del claro. No le costó atar cabos. Otra vez había pasado lo mismo. Un camino se abrió entre los árboles. Cogieron al francotirador y Ammós lo enmanilló. Le obligaron a ir por delante. No podía escaparse. Si se movía donde no debía irse, las manillas se quedaban rígidas y caía al suelo, sin poder moverse. Dejaron el claro, cubierto de cuerpos de extraños bichos y con el cuerpo de Mar y Junco. Por lo menos estaban juntos. Era más de lo que Kailey podía conseguir con Cólodin.

El camino de vuelta fue silencioso. Nadie decía nada. Todos estaban pensando en lo ocurrido. Una vez llegaron, Cólodin cogió al francotirador y se lo llevó al director. Como jefe del grupo, debía dar explicaciones. Además, era quien debía dar la noticia de que había muerto Mar a sus padres. Normalment, el trabajo de jefe era un asco. Kailey le enseñó a Lina la academia y le presentó a Casilda, además de al resto de gente de su mundo. Durante el camino, oyó unos gritos, pero no le dio importancia. Algún novato habría perdido el descontrol y le habría hecho daño a otro. Ocurría a menudo.

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