Un Adiós

Publicado: 21/10/2013 en Elementum: Cólodin y Kailey

Anyreia estaba llorando. Siempre se había sentido como una segundona. Un títere que sobraba. Pues eso se acabó. Tal vez no pudiera volver a ser ella misma nunca más, pero todo el mundo debe tener un momento. Si no lo atrapas, dile adiós. Pero en este caso, el adiós debía ser a todo: Su familia, sus amigos, su vida. Ya tenía los pies que eran aire. Todaba seguir. Era la única solución.

Cólodin, Lóraj, Ammós y Ántam seguían discutiendo a voces y no se dieron cuenta de nada.

-Chicos. Ya está solucionado.

-¿Qué? ¿Solucionado? Ya, como si ahora mismo la piscina estuviese vacía.

-Lo está.

-Ostras, es verdad. ¿Cómo?

-Pregúntale a Anyreia.

-Vale.-Cólodin miró hacia todos los lados.- ¿Dónde está?

Kailey inspiró hondo. Cuando quería era brillante, pero otras veces era corto de remate. Señaló hacia arriba.

-¿Se ha ido volando con el líquido? Pero se quedará sin energia en un momento.

Kailey negó con la cabeza. Por el amor de Dios, no era tan difícil.

-¿Ha creado una nube con todo el líquido y se lo haremos llover a los zombis?

De nuevo, Kailey negó.

-¿Ha hecho que vengan un montón de Halcones, les ha puesto el líquido en las uñas y picos y los va a lanzar contra los zombis?

Kailey negó y rodó los ojos. ¿En serio se le había ocurrido esa idea antes que la realidad?

-Se ha gasificado a ella misma.

A Cólodin se le puso una cara de terror. Así cómo al resto.

-No. No puede. ¿Cómo se le ha ocurrido esa idea?

Kailey estaba ya furiosa. Tenía ganas de coger un remo y golpear a Cólodin en la cabeza hasta que se le rompiera. Y no sabía si quería decir el remo o la cabeza.

-Leete esto y tal vez lo entiendas. Yo me voy abajo de la montaña a descansar, que con las prisas no nos llevamos nada.-Y le tiró la nota de Anyreia, marchándose cabreada.

La nota parecía que había sido escrita hacía mucho. Y así era. Estaba escrita en bolígrafo azul y los bordes estaban desgastados. Decía así:

«Lo siento, pero noto que estoy apartada, que no me hace nadie ni un poco de caso. Creo que sobro aquí. He decidido quitarme la vida. Ya se que es una decisión cobarde, pero ya no lo aguanto más. Llevaba desde la escuela sufriendo esto e incluso ahora lo noto.Tal vez no sea cierto. Tal vez mi salud mental se fue hace ya mucho. He visto tantas cosas que he dudado de lo que es verdad y de lo que no, pero lo que es cierto es que he llegado hasta un extremo insoportable. Adiós.» Además, garabateado rápidamente no hacía tanto, estaba otra frase: «No he sido capaz de suicidarme, pero espero, aún así, encontrar un momento en que deba dar mi vida por algún motivo.»

Eso explicaba, entre otras cosas, por qué siempre iba la primera cuando entraban en sitios peligrosos. Cólodin se quedó derrotado cuando leyó la nota. Hacía tiempo que había perdido la cuenta de gente que había muerto a sus manos. Eran ya demasiados. Pero esta era la primera vez que alguien conocido moría por su culpa. Fue como recibir un golpe de remo en la cara. Toda la vida de las personas que había matado le vino a sus manos. El primero de todos fue el más duro de matar y se sintió muy mal, pero en los últimos tiempos se había acostumbrado. Había dejado de pensar en las vidas que había arrebatado. Su actitud había llevado hasta esto.

Sin decir nada, se levantó y bajó la montaña entre miles de cadáveres. Algunos calcinados, unos pocos empalados en estacas de hielo que comenzaban a derretirse. Otros simplemente estaban tumbados. Muertos por fin. Una ráfaga de viento le pasó por la cara. Otras veces habría ayudado, pero no esta.

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