El juicio

Publicado: 17/06/2013 en Elementum: Cólodin y Kailey

-Se te acusa de ser un antinatural. ¿Cómo te declaras?

-Ignorante. ¿Que puñetas es un antinatural?

-Se te ha visto creando cosas imposibles con tan solo el pensamiento. Tu mera voluntad altera el mundo. Eso es antinatural.

-Ah, eso. Si, así es. ¿Es eso malo?

-Según nuestras leyes, si. Se te condena a muerte.

-Oye oye oye oye. No será para tanto. Si quieres, me vuelvo a dónde he venido. Nunca antes había estado aquí.

-Ese no es nuestro problema. Todo el mundo ha oído hablar de nuestras leyes. Nos aseguramos de ello. Además, es irrelevante.

-Pero si yo ni siquiera soy de esta dimensión.

-Paparruchas.-Dijo esta vez el sacerdote.-Todo el mundo sabe que solo hubo un grupo de gente de otra dimensión. Vinieron, trajeron dolor y muerte y luego se fueron, cerrando toda posibilidad de vuelta.

-Pues se ha abierto el portal que nos comunica y hemos vuelto.

-Eso es imposible. Lo hemos intentado.

-Si no tenéis las herramientas adecuadas, es inútil. Además, por una vez que no venimos con intenciones de colonizar, destruir o saquear y resulta que somos ilegales. Si hace falta, nos volvemos y lo cerramos de nuevo.

-No nos basta. Vuestra muerte alertará al resto de vuestra raza acerca de los peligros de venir aquí.

-Oye.-susurró Cólodin a Víctor- ¿vuestro rey es querido?

-Nuestro rey es adorado por su pueblo. ¿Cómo osas siquiera tener esas dudas?

-No, solo una cosa. En fin, majestad, para que veáis que venimos en son de paz-Cólodin alzó el brazo. Eso hizo que los guardias desenvainaran sus espadas y alzaran sus escudos- Aquí os entrego un asesino.

Entonces se oyó como alguien golpeaba la pared, además de un ligero «ay». Sonó detrás del rey. Cuando lo miraron, vieron que llevaba una daga. Tenía una estaca de hielo atravesándole el hombro derecho.

-Idiota, es mi guardaespalda. Bájalo de ahí.

-Antes, quiero que me diga una cosa. Dijo poníendole un trozo de hielo bajo la barbilla.-¿Ibas a asesinarle, verdad? Te hacías pasar por alguien cercano para engañarle.

-NO

-En serio, ¿y esa carta que te asoma por el bolsillo? ¿Y la ampolla de veneno que te asoma del otro bolsillo? No me hagas creer que es una carta de un amigo y una medicina.

-Pues si, así es.

-¿Y por que no te la bebes? Vamos, un traguito de medicina que debes tomar no te puede hacer mucho daño. Salvo si no es medicina, claro.

Nadie sabía cómo había ocurrido. Es una de esas cosas que no te fijas y cuando te das cuenta ya ha pasado. Ahora, Cólodin estaba junto al rey, agachado frente al posible asesino. Cogió la botella de su bolsillo y le sacó el tapón. Se la puso tocando los labios. También tenía la carta en la mano, la cual leyó en voz alta.

-«Aprovechar una ejecución y realizar el asesinato.». Deberías haber destruido esto. Por cierto, nunca había oído hablar de ningún medicamento llamado cicuta. Ahora bebe.

Y el asesino se bebió toda la botella de un trago. Cólodin tenía pensado congelar el veneno y que tan solo se tragara una dosis dolorosa, pero no mortal, pero la reacción del asesino le pilló desprevenido. Al asesino ya le daba igual que lo descubrieran o no. Iba a morir. Al menos, se llevaría su secreto a la tumba. Como era potente, pero no de efecto inmediato, el rey ordenó que se lo llevaran a las mazmorras y lo torturaran para sacarle toda la información posible.

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