Bom

Publicado: 20/05/2013 en Elementum: Cólodin y Kailey

Cólodin saltó por encima del altar, cuchillo en mano. La neblina se tranformó en un millón de diminutos espejos, reflejando el sol del amanecer. Hubo un ruido en una dierección, mientras Kailey, Ammós y Lóraj avanzaban en la dirección contraria. Los soldados, cegados, dispararon al ruido.

Cólodin comenzó el trabajo. Al primer soldado que encontró le clavó el cuchillo en la nuca. Aprovechó para robar su chaleco antibalas. Avanzó al segundo y le golpeó con el mango bajo la mandíbula, aprovechando que estaba al lado de una pared. Perdió el conocimiento en un momento. Siguió hacia otros soldados. Ya no estaban tan cegados y sus ojos se habían acostumbrado algo a la luz. Podían ver al cadaver del primero. Cólodin clavó su cuchillo en el hombro del soldado, inutilizándole el brazo y lo usó para cubrirse de los disparos de sus compañeros. Siguió avanzando, siempre avanzando, sin pensar en lo que acababa de hacer. Clavó de nuevo el cuchillo, esta vez en el estómago de un soldado, dejándole gravemente herido y pateándole la boca justo después. A otro le clavó de nuevo el cuchillo en el hombre y aprovechó para robarle el arma que tenía. Era una pistola automática. El grupo ya había llegado a la habitación y le pedían que fuera con gestos. Cólodin dejó de reflejar el sol, dejando a los soldados en una especie de ceguera. Comenzó a correr hacia sus compañeros. Disparó el arma siete veces, hasta que se le agotó el cargador. Entonces la tiró al suelo y corrió con todas sus fuerzas. Sin parar ni un momento.

-Disparadle maldita sea.-Gritó el coronel.

Las balas zumbaban en sus oídos. Ninguna le daba y seguía corriendo. Pero por probabilidad alguna le tenía que dar. Una le atravesó la pierna. Sintió como se abría paso a través de la carne como si fuera mantequilla. Dolía. Mucho. Pero no se detuvo. Casi había llegado. Otra bala le rozó el hombro. Tan solo escocía. Ahora estaba casi en la puerta de la habitación.

Otra bala le golpeó. Esta vez en el pecho. No era como antes. El chaleco antibalas había detenido el disparo, pero era como si un coche golpeara de lleno contra su espalda. Le quitó la respiración. Entró en la habitación por inercia. Kailey, le cogió y le guió dentro. Cuando había comenzado el tiroteo se habían escondido. Ammós y Lóraj cerraron el portalón. Era una puerta de madera maciza reforzada con hierro. Además, atrancaron la puerta con el pedazo de madera que había, además de un escritorio y un armario. Solo había una pequeña ventana redonda que apenas dejaba pasar la luz.

-¡Era una trampa! ¡Necesitamos refuerzos inmediatamente! Nos estan acribillando. Estamos en una habitación en la zona noroeste. Rápido. Tenemos un herido por bala.

Cólodin se sacó el chaleco entre grandes dolores. Tenía toda la espalda de color morado.

-¿Os parece grave?

-Bueno… Digamos que sobrevivirás.

Cólodin estaba jadeando. Los soldados habían llegado a la puerta y la estaban golpeando con un ariete. Estaban en silencio, oyendo cada golpe del ariete portátil en la madera de la puerta.

Bom

Bom

Bom

Bom

Era como un reloj, que marcaba el tiempo que les quedaba de vida. Cólodin estaba medio tumbado en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared. Kailey estaba de pie, mordiéndose las uñas. Ammós estaba de pie, con la espalda apoyada contra la pared y Lóraj estaba sentado en la única silla, murmurando oraciones.

-¿Rezas?

-Casi nunca, pero tal y como están las cosas, no podemos rechazar ningún tipo de ayuda.

Bom

Bom

Bom

La madera comenzaba a crujir bastante fuerte. Si no llegaba la ayuda pronto, estaban muertos.

Bom

Bom

Bom

Llevaban ya cinco minutos esperando la ayuda. La puerta crujía todavía más fuerte, pero por suerte el ariete era pequeño y la puerta muy resistente, a lo que ayudaban los refuerzos, pero si seguían así acabarían entrando. Habían intentado quemarla un par de veces, pero Kailey se lo había impedido.

Bom

Bom

Bom

Llevaban diez minutos. La puerta iba a ceder de un momento a otro. De repente, los sonidos cesaron. Todos se miraron entre si. Kailey cogió el comunicador.

-¿Y los refuerzos dónde están?

-Los hemos enviado hace un par de minutos. Deberían estar ahí.

Llamaron a la puerta. Esta vez no era el sonido de un ariete.

-Cólodin, Kailey, Lóraj, Ammós. Si estáis ahí, somos los refuerzos. Hemos limpiado el patio. Podeis salir.

-¿Cómo sabemos que estáis de nuestro lado?

-Porque yo soy vuestro directos diablos.-Dijo una nueva voz, que si que era la del director.-Y os voy a tener que pedir que salgáis de la vicaría de una puñetera vez.-Dijo a través del comunicador y de la puerta.

Cólodin sonrió y comenzó a reirse solo. Lo habían logrado. Estaban vivos. Después de todo lo que había pasado, seguían vivos. Era increíble que lo hubieran logrado. Cólodin era el que se reía más fuerte. Sin embargo, lo hacía para olvidar. Los diez minutos de silencio, solo con el sonido del ariete en la puerta, le habían obligado a pensar acerca de lo que había hecho. Había matado a una persona. Le había clavado un cuchillo y lo había matado. Y a otro lo había usado de escudo humano. Habían muerto por su culpa. Eso le había hecho pensar el tipo de persona en que se estaba convirtiendo. Había podido evitar la muerte de esas dos personas, pero no lo había hecho. No era como aquel terrorista, en el cual no tenía muchas más opciones. Esta vez tenía la posibilidad de escoger. Y había elegido matarlos. Ahora se reía para alejar su mente de esos pensamientos. No quería pensar en ello. Quería olvidarlo. Quería hacerse creer que era una acción puntual, pese a saber que no. Algo había cambiado. E iba a ser imposible olvidar y no pensar nunca más en ello.

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