Perdidos en la nieve

Publicado: 05/02/2013 en Elementum: Cólodin y Kailey

Finalmente, Kot abrió el portal hacia las coordenadas del papel. En efecto, era un punto en Siberia. Aparecieron en medio de ningún sitio. Debido a que era Siberia, Cólodin fue el primero en cruzar el portal y luego pasaron el resto.

Avanzaron en medio de la nieve. Cólodin la iba alterando para que caminar por ella fuera más sencillo y no tuvieran que hundirse hasta las rodillas para no morir congelados. Fueron avanzando, siguiendo a Cólodin, que hacía eses, siguiendo una estela que solo él conocía. Hacía eses, evitando algunos puntos.

Llevaban ya un rato deambulando y comenzó un temporal. La nieve y el fuerte viento dificultaban el avance. Cólodin ya iba delante y tenía que estar totalmente concentrado para no fallar en algo y Anyreia estaba en cama con vómitos y fiebres y no había podido venir. Cólodin iba demasiado rápido y lo perdieron de vista. Se alejó tanto que incluso perdieron la protección que les ofrecía contra el frío. Kailey, Ammós, Àntam y Loraj se acercaron mucho unos a otros y siguieron la estela de nieve más compacta que había dejado Cóldin, esperando encontrarle. Sin embargo, una roca plana medio sepultada les hizo fallar. Cayeron por una pendiente, dando tumbos. Estaban aturdidos y tenían frio, ya que Kailey prefería guardar un poco de energía en caso de necesidad. Siguieron caminando, esperando encontrar un lugar en que refugiarse. Incluso en Siberia debería haber algún sitio. Por cabezonería del ser humano.

El tiempo hacía cosas extrañas allí. Pasaba muy rápido y muy lento a la vez. Perdías la noción. Te perdías, andabas en círculos, no sabías la hora que era y si mirabas al reloj estaba empañado o congelado y no veías nada. A kailey le parecía que llevaban horas caminando, cuando llevaban apenas media hora desde que habían salido del portal.

Pero por fin encontraron algo. Unas puertas enormes de madera, totalmente congeladas. Se acercaron a ellas y las golpearon todo lo que pudieron, pero nadie respondió. Parecían un portalón de una catedral, lo cual no tenía mucho sentido en medio de la nada, sin otras edificaciones cerca. Decidieron que, si estaba habitado, alguien pasaría. Y que les servía de refugio al menos temporalmente.

Se acurrucaron todos en una esquina y esperaron. Kailey seguía calentándoles un poco a todos. Pero el tiempo pasaba y no aparecía la gente. Kailey llevaba ya varias horas dándoles calor, pero estaba agotada. Empezaba a ver borroso y las fuerzas le fallaban. Estaba al borde del desmayo. Y lo hizo. Cayó redonda al suelo. El frio se metió hondo en sus huesos, adormeciéndola. El resto también cayó poco después. Todos helados hasta lo más profundo del alma.

En sueños, Kailey tenía frio. Nunca había sabido que era eso. Es lo que tiene ser de fuego, siempre se calentaba. Imágenes inconexas empezaron a pasarle cerca suyo. En un momento dado, vio a Cólodin en sueños. Parecía que era toda su vida ante sus ojos. En ese momento, el frio se fue. Los sueños cambiaron. No a mejor, pero cambiaron.

Cuando abrió los ojos, Cólodin estaba cerca suyo. Llevaba una bolsa de plástico en la mano y un poco de carbón, que había encendido con un mechero que Lóraj siempre llevaba encima para fumar. En el fuego, un cazo estaba hirviendo y haciendo unos fideos. Kailey se dio cuenta que sus tripas rugían. Volvía a ser la primera que se despertaba. Y no le gustaba nada quedar inconsciente tan a menudo. Le gustaba menos que Cólodin estuviera sentado al lado de Loraj. Pronto se le pasó. Concretamente, cuando le volvió el olfato y olió los fideos. Incluso una hogaza de pan duro le parecía un manjar. Y eso que no hacía tanto que no había comido.

-¿Ya te has despertado? Bien. come un poco, que estarás agotada. Cuando todos se despierten, ya os contaré. He traido varias cosas más. Coge lo que quieras.

Finalmente, se acabaron despertando todos. Y comiendo. Los fideos olían demasiado bien para sus estómagos hambrientos. Cólodin relató lo que le había pasado.

«Seguí avanzando por el camino y llegué a una pequeña aldea. En si era poco más que cuatro casas y una tienda que estaba ahí de milagro. En esta época, la gente no suele salir fuera de su casa. Es comprensible. Sin embargo, había varias personas en la plaza entorno a una figura. Tenía la cabeza cubierta y no se le veía nada. Yo estaba encima de una colina y pude ver como todos se fueron corriendo a sus casas salvo la figura. Yo no los escuché hasta pasado un rato. Llegaban lobos. Eran enormes, hasta el pecho de un hombre adulto. La figura no se movió siquiera. Se le acercaron bastante, gruñendo. Un instante después, uno estaba decapitado y otro tenía el vientre rajado. Quedaban tres lobos más en la plaza y comenzaron la huida. Los tres cayeron en un instante. La figura esa cogió los cadáveres y se los llevó como si nada. Me acerqué más y entré en la tienda, preguntando por ella. No sabían decirme quien era o que aspecto tenía, pero si sabían que llevaba apareciendo por el pueblo desde hacía varios años. Compraba algunas herramientas y comida y a cambio hacía trabajillos que nadie más sabía o se atrevía a hacer, como matar los lobos. Entonces me di cuenta de que no estabais y volví sobre mis pasos. Vi la nieve removida y seguí vuestras huellas y aquí os encontré. Volví al pueblo y compré varias cosas a través de la nieve y he esperado. He mirado un poco el portón que hay. Es dificil no hacerlo, la verdad. En fin, ¿os apuntais a la aventura? Por lo que he podido ver, la huella que seguía en la nieve se reproduce en el portón, así que será algo importante. Era un buen camino el que tenía. Evitaba los mayores socavones y montones suspendidos sobre un abismo, así que supongo que estaría bien entrar y ver por que hemos venido aquí»

Y entraron. Les costó un poco abrir el portón. Luego vieron una puerta más pequeña camuflada por el hielo. Cólodin la limpió y entraron.

Un gran pabellón se abría en el interior. No estaba desierto. Una enorme mole de hielo se alzaba en el medio. Y se movía.

-Venga ya, ¿esto es lo mejor que puedes hacer?-Gritó Cólodin. Le dio un golpecito en el talón y se derrumbó en una lluvia de trocitos de hielo que volaban y grandes trozos que también volaban, pero a una velocidad alarmantemente mayor.

Kailey y el resto seguían un poco cansados, pero por lo menos se aguantaban de pie, lo cual era una mejora respecto a las últimas horas. Una vez hubo acabado todo el caos de la caida del gigante de hielo, siguieron por un camino. Kailey estaba demasiado cansada para hacerse preguntas como podía ser ¿A quien le grita Cólodin? ¿Quien está aquí? ¿Que es esa sombra que acaba de moverse y a la que Cólodin le está hablando?

Resultó que la sombra era el ser con la capucha. Que era una aparición convocada por quien realmente vivía ahí.

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