Parte 1

Publicado: 01/10/2012 en Cuentos e historias cortas

La gran llanura se extendía a lo largo de kilómetros. Toda ella estaba cultivada. Montones de riachuelos la surcaban, así como cientos de caminos. Los tallos creaban un tapiz precioso visto desde lo alto. Debido a su situación, toda el agua necesaria se recibía gracias a las lluvias de las montañas que la rodeaban.

Había un solo castillo, situado en la única elevación del terreno que había en toda la llanura. No tenía nada de particular, era un castillo normal, con sus almenas, sus gruesos muros y todo lo que es habitual en un castillo. El reino era pacífico. No tenía guerras. Y poca gente entraba en el si había guerra. Tenía tan solo dos entradas, una era a través de las montañas, que solía terminar dos meses después en medio de una acequia, después de haberse descongelado. La otra era un estrecho paso, permitía que pasaran con tranquilidad los carros y la gente, pero era fácilmente defendido con una fuerza pequeña.

Tommy vivía en una aldea muy pequeña. El era herrero. Su hermano Samuel ayudaba a su madre en casa. Vivían bien, su padre trabajaba unas tierras y el sacaba bastante dinero de la herrería. En casa hacían unos trabajitos varios y no tenían el más mínimo problema. Tommy ya tenía un aprendiz en la herrería.

Un día, a principios de primavera, con los campos todavía bajos, se comenzó a oir un estruendo rítmico. Al principio era un golpeteo suave, pero fue aumentando en volumen hasta ser casi insoportable. Tommy estaba trabajando en la herrería, tenía que reparar todos los aperos agrícolas que se habían descuidado, y eran bastantes. No oyó ni vio lo que se avecinaba hasta que entró literalmente por la puerta de la herrería. Un ejército había atravesado las defensas y les estaba invadiendo. Ellos no tenían el más mínimo valor, tan solo estaban situados en medio del camino, y es mejor no dejar reductos rebeldes a tu espalda. Cuando los vio, dejó lo que estaba haciendo y huyó. Lo normal habría sido parar y preguntar que querían o si necesitaban un herrero, aunque fuera solo para salvar la vida. Sin embargo, si ya han cogido una antorcha y están empezando a quemar tu herrería, es bastante difícil pensar en aliarte con ellos. Tan solo pudo coger el martillo y un pequeño cuchillo antes de salir en estampida por la puerta, derrumbando a los que se pusieron en su camino y corriendo hacia las montañas más cercanas. No te podías esconder en ese paisaje. Las montañas estaban a poco menos de dos horas a pie y pudo llegar sin problemas. Sabía que el resto del pueblo si que habría llegado a ellas, pero no sabía donde estaban.

Estaba perdido.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s