empiezan las batallas

Publicado: 16/09/2012 en La muerte fría

Esa noche, se formaron dos grupos: los ex-soldados y los novatos. Se hicieron conocidos todos ellos. Nunca más allá, podrían enfrentarse y esa situación no sería buena para nadie. Reinaba un ambiente tenso. Unos cuantos aprovecharon las horas para rezar por ellos. En los momentos desesperados, es cuando más se confía en dioses.

Al día siguiente, los separaron en grupos de cinco personas. Joel estaba con cuatro novatos. Los encerraron a todos en una sala. Tenía unos cuantos obstáculos y parapetos. Cinco espadas estaban clavadas en el centro. Se pusieron a igual distancia de las espadas y sonó una bocina. El inicio era siempre una masacre. Cogían la espada y hacían el máximo daño posible antes de salir corriendo hacia un lugar alejado. dos personas murieron en ese momento. Joel se sentó en una esquina, sin espada, y esperó el tiempo necesario. Los otros dos estaban fijos el uno en el otro. Pensaban que había muerto en esa primera embestida. Pelearon durante cinco minutos hasta que uno atravesó el estómago del otro. En ocasiones empleaban la energía de sus armaduras para dar golpes más fuertes y para pararlos. Pocas veces hacían algo más espectacular. Cuando quedó uno, al no oír el bocinazo que indicaba el fin, giró la cabeza. Y vio a Joel, sentado tranquilamente en una esquina.

-¿Y tu que haces así? Deberías estar luchando.

-Mira chaval, yo de ti tendría un poco más de cuidado con lo que dices.

-Me importa una mierda lo que digas, vago. Deberías haber hecho algo más que quedarte sentado. Desgraciados como tu le quitais la gracia a esta competición.

-Si sigues así me enfadaré. Y yo de ti, me retiraría. Sería más sano para ti.

-Serás inútil. Y encima un esclavo.

-“EX” esclavo.-Dijo remarcando el ex hasta puntos casi imposibles.

-Como si eso me importara. Eres escoria, y nada más.

-Te lo he advertido, si dices una sola palabra más, lo lamentarás.

-¿Y que harás?, no tienes armas ni nada. Eres un desgraciado que no sabe hacer nada…

La frase quedó cortada. Y la cabeza. Joel tenía el brazo extendido, cuatro barras metálicas se extendía a lo largo de este. La punta estaba chisporroteando para dejar claro que había ocurrido. Dos metros más allá del cuerpo, cayó la cabeza con un golpe seco. La bocina sonó y se abrió una puerta, por la que Joel salió.

-Se lo dije.-Fue lo único que dijo.

Ese día ya no habría más combates. Eran muchos y los emitían a diferentes horarios, para que la gente pudiera ver el mayor número de muertes posible. Nunca se cansaban de ver gente desmembrada, asesinada de mil y una formas diferentes. Tras los cien combates del primer día, ya solo quedaban 100 participantes. Esta vez querían que los combates duraran más y que los participantes luchasen cara a cara, sin ayuda de nadie. Eran combates de uno contra uno.

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