Hostias como panes

Publicado: 18/06/2012 en Elementum: Cólodin y Kailey

-¿Y por que debería hacerlo aquí? Siguiendo tu razonamiento, esta lucha puede ocurrir en otro lugar y, en este, no ocurrir. ¿Y si estás cambiando la historia al hacer esto? ¿Quieres correr ese error?

-En caso de que eso ocurriera, simplemente cambiaríamos de línea temporal por otro universo en que ocurriera lo que debería ocurrir aquí. No ocurriría nada. Además, me gustaría ver como te defiendes. Debes confiar mucho en tus habilidades para venir aquí, sin nadie, debido a que un papelito se ha colado en tu bolsillo.

-Tal vez. ¿Quieres comprobarlo? -Dijo Cólodin, haciendo aparecer una espada de hielo en su mano- Supongo que así es como quieres que sea, ¿no? Quieres medir mi fuerza, así que mejor que sea un duelo a la antigua usanza.

-Me lees el pensamiento. Adelante, te dejo atacar primero.

Cólodin no se fiaba. Controlaba el tiempo, así que sabría lo que iba a hacer. Ese era el peligro. Debía hacer que estuviera en una posición en que no pudiera esquivar sus ataques o estaría perdido.

Comenzó dándole una estocada de prueba. Tras ella dio un golpe trasversal. Una vez hecho esto, recibió un fuerte golpe en la nuca. Trastabilló hacia delante, sorprendido. Cómo lo había hecho, si lo tenía delante hace un segundo. Volvió a intentarlo. Estocada, golpe trasversal y esta vez se protegió la nuca. Recibió una patada en el estómago. Nuevamente, lo intentó. Esta vez dio un golpe de arriba abajo y soltó una onda expansiva que lo congeló todo a su paso. No se le veía en ningún lugar. Y entonces saltó de encima de su cabeza y le golpeó en toda la cara. En ese momento pasó al ataque. Golpe tras golpe, corte tras corte, Cólodin trataba de defenderse de ese tipo, pero nunca podía parar sus golpes. Sabía exactamente lo que haría, incluso antes de que él mismo lo supiera.

Tantos golpes, por supuesto, debilitaron a Cólodin. Tras cinco minutos bajo la tormenta que suponía ese hombre misterioso, cayó al suelo.

-Lo ves. No podías ganarme. Estaba predestinado. Tú ibas a morir.

-Pero por qué insistes en decir que iba a morir. Acaso he muerto. No tengo pensado morir, así que hazme un favor y ahorra saliva. Y si, me refiero a que no paras de salpicar al hablar y es muy molesto.

-No está mal. En fin. Adiós perdedor.

El desconocido se dio la vuelta y se alejó. Cólodin cerró los ojos. Estaba cansado. Había dejado la escuela a todo su equipo. Anyreia, Kailey, Ántam, Ammós y Lóraj. Dios santo. No era bueno dejarlos solos. Además, el pobre Kot, que había abierto el portal, se la iba a cargar por dejarle salir. Tenía que levantarse. Pero si lo hacía, ese maldito bastardo iba a darle una buena tunda y entonces si que no podría volver. A menos que se la diera él.

Y se levantó. Como pudo. Y se lanzó directamente hacia él gritando. Ambos cayeron al suelo y rodaron, forcejeando. Finalmente, pudo golpearle en donde más le dolía. Cólodin no había terminado. Usando su poder, fijó sus extremidades al suelo.

-Estúpido. Puedo controlar el tiempo. Crees que esto iba a estar aquí para siempre. Mira como se deshace.-Y el desconocido usó su poder. Y las abrazaderas se volvieron más anchas.

-Retroalimentación. Cada vez que uses tu poder, cogerán toda la energía que uses y la usarán para crecer. Y hacerse más resistentes. Y más frías. Si sigues así, pronto llegarán a tus manos y te producirán quemaduras por frío, así que yo de ti pararía.

-Bueno, está bien, yo voy a parar. Eso no implica que te deje marchar tan fácilmente.

Cólodin iba a preguntar a que se refería, pero vio una sombra alargada que venía de detrás suyo. No era su sombra, llevaba una túnica y tenía la cabeza redonda. Era esa figura misteriosa del callejón.

Cólodin se preparó para luchar de nuevo. Eso no podía ser cierto. Ya había tenido suficiente con uno como para luchar ahora con otro. Golpeó lo que pudo, pero nada surtía efecto. Sin embargo, hubo algo que si vio. Llegó un momento en que la capucha del ser se deslizó y dejó al descubierto que no tenía cara. Era una bola de cristal, totalmente opaca y de color blanco. No había ojos, no había nariz, no había boca. Sin embargo, sabías que te estaba mirando. Cólodin no desistió. Vio que no contraatacaba, simplemente le esquivaba. Para cansarle. Y si se cansaba, las abrazaderas se volverían más flojas, ya que seguían sujetas a él. No podía agotarse, debía golpearle.

Finalmente se le ocurrió una idea. Creó una pequeña red de trozos de hielo microscópicos flotando en el aire, como la niebla, y dirigió al ser allí. Una vez en el banco, lo que fuera eso estaría en su terreno y tendría ventaja. Y funcionó a las mil maravillas. Los trozos de hielo eran invisibles y no se notaban. Nadie los podía ver o intuir de ninguna forma, No dejaban rastro en el tiempo. En cuanto llegó al banco de niebla, decenas de carámbanos de hielo se dispararon desde todas las direcciones. Eran finos como agujas, pero realmente resistentes. Inmovilizaron a eso, que tenía toda su túnica atravesada. Misteriosamente, no había nada debajo de ella.

-¡Cómo has podido vencer a una aparición!. Eso no debería haber pasado.

-Tranquilo, como tu había dicho, sólo podíamos cambiar de línea temporal o algo así. Y ahora vas a explicarme bien que querías y que diablos es una aparición.

-Está bien. Esto era solo para darte información que podría serte útil en un futuro. La aparición en concreto era una parte de eso. Si quieres saber que es, debes saber que es el poder que tienes hecho realidad. Son como muñecos tuyos. Comparten tus pensamientos, saben lo que quieres y lo que ya sabías. Han compartido toda tu vida y entienden tus decisiones. Son fieles hasta tu muerte, momento en que se desvanecen. Hasta ahora, no ha muerto ninguna. Sin embargo, también tienen su propia línea de pensamientos. Controlan el mismo poder que tu en una extensión mayor. Es el resultado de muchos años dedicados a hacer que funcionen y a emplear el poder. No debe tomarse a la ligera a alquien que tenga una aparición.

La otra cosa que quería que supieras es que, para ir al laberinto que pensais ir, las pulseras os serán de gran ayuda. No lo olvides. El resto de cosas se te revelarán a partir de ese momento. Cólodin, estás destinado a hacer cossa grandes. No es fácil cambiar de línea temporal, no lo negaré. Hay que hacer que ocurra lo improbable, lo que no estaba programado, y eso no es fácil. De hecho, es una de las cosas más difíciles que hay. Por último, una advertencia más críptica: “La magia, en el lugar indicado, provocará la génesis de la gran escisión. Las divinidades se enfadarán y los mundos se separarán, pero no temas, el desgarrón es bueno”.

-Tio, no he entendido ni una palabara. Una última pregunta: ¿De que tiene eso la cabeza?

-¿La aparición? Ni yo lo se. No se mucho acerca de ellas, la verdad. Nadie sabe mucho. Y no te preocupes, todo lo entenderás a su debido tiempo.

Más confundido de lo que había ido y con más arañazos de los que es recomenable, Cólodin se fue. Tras atravesar el portal, todo el hielo que había en la isla desapareció y un segundo más tarde, quedó vacía. Nada más iba a pasar en ella, así que la podéis olvidar.

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