Exercitum

Publicado: 27/04/2012 en La muerte fría

Hacía ya un tiempo que había salido del planeta prisión. Tras salir, lo habían llevado a unos barracones y lo habían entrenado. Ahora estaba en una trinchera, perdido en un planeta por conquistar. Tan solo era un soldado raso. Habitualmente, no solían luchar con armas de largo alcance, sin embargo, en este planeta las habían desarrollado y era algo imprescindible.

-¿Oye, sigue ahí ese maldito francotirador?-Le preguntó su compañero.-Haz que salga, anda, que yo lo liquidaré.

En medio de un montón de palabras entre murmullos, Joel cogió su casco, lo rellenó de telas y lo puso en un palo. Lo levantó por encima de la trinchera y lo agitó un poco para llamar la atención. Una bala atravesó el casco de parte a parte. Justo en el mismo momento, una bala atravesaba la cabeza del francotirador.

-¿Cuanto tiempo llevamos en esta trinchera de mierda?

-Siete meses . Pero claro, tu eres nuevo. Tranquilo, te acostumbrarás.

-Lo dudo. Por cierto, si su comandante muriera, se tendrían que rendir, ¿no?

-Hombre, si, pero su comandante está muy protegido y nunca sale a descubierto.

-Vale, eso es todo lo que necesito.

Joel saltó por la trinchera. Había tenido que dejar su armadura de energía y llevaba una simple cota de malla para proteger un poco si era necesario. Los disparos comenzaron a lloverle. Joel dejó de pensar. Hizo zigzag, cambiando sin sentido su ruta. Sus compañeros le cubrían, había más tiros en un día que en el resto del mes. Finalmente, llegó un momento insoportable y se escondió un minuto. Se volvió a lanzarse a lo kamikaze. Los disparos le pasaban rozando. Pero el campo intermedio no es ilimitado y, finalmente, llegó a su objetivo. Saltó a la trinchera, justo en medio, con su espada desenvainada. Había tres soldados en ese trozo de trinchera.

-Os diría buenos días, pero tengo un poco de prisa.

Dos de ellos cayeron justo al acabar la frase. Al tercero, lo agarró del cuello y le preguntó:

-Dónde está el más alto cargo de esta trinchera.

-Todo recto y en la primera bifurcación a la derecha.

-Mientes.-Dijo apretando más fuerte en su garganta.-Te lo voy a decir una vez más: ¿Dónde?

-Ve hacia la derecha. Coge la tercera trinchera hacia la izquierda y luego la primera a la derecha. Hay dos soldados. Por favor, déjame ir.

Y Joel lo dejó ir. En medio de la tierra de nadie. Recibió tres disparos antes de poder ponerse de pie. Durante su camino, Joel encontró varios soldados rasos. Todos cayeron. Una vez llegó al lugar indicado, había efectivamente un par de guardias. Totalmente decidido avanzó hacia la puerta. Por supuesto, los soldados no le dejaron pasar.

-No tienen ninguna autoridad para detenerme. Traigo órdenes del mando central. Si no se apartan de su camino, van a tener que responder ante un tribunal militar bajo pena de muerte o cosas peores. Apartense. Ahora.

Y entró sin más complicaciones. Una vez dentro, cerró la puerta.

-Bueno bueno, que tenemos aquí.-Dijo el comandante.

-Su rendición incondicional.

-¿Disculpe? He oído lo que les decía a los guardias y estoy seguro de que esas no son las órdenes.

-No se preocupe por eso. Era una mentira. No esperaba que fuera tan fácil llegar desde el otro lado de la trinchera hasta su cubículo. Ahora, me va a acompañar. O le reviento la cabeza.

-¿Y que le hace suponer eso?

-Que yo he atravesado un maldito campo, en medio de una lluvia de disparos, he dejado medio vacía su trinchera y he llegado hasta aquí entero, mientras que usted se ha dedicado a estar sentado, rascándose la barriga durante años. Soy más fuerte que usted.

-¿Lo será más que mis guardias?

La puerta, que había estado soportando continuamente golpes, cedió y cayó al suelo. Los dos guardias entraron a saco dentro de la habitación. El primero levantó la cabeza y recibió la espada de Joel directamente en el cuello. Antes de que el segundo pudiera reaccionar, Joel le había disparado con una pistola que había “encontrado” por el suelo entre ceja y ceja.

-Antes de que intente llamar a más guardias, le advierto que a mi me da igual su propia vida. Intente salvar la de sus soldados.

-¿Para que? ¿Para que los conviertan en esclavos? No pienso ceder. Usted caerá. Puede llevarse a cuantos soldados quiera a su apestoso planeta o de donde quiera que sea. La esclavitud no es una opción.

-Voy a contarle una cosa, señor. Yo mismo fui un esclavo. Aquí, donde me ve, soy un hombre libre. Casi todos los que son de mi planeta, también son esclavos. Si no se rinde ahora, su planeta entero será destruido. Y me refiero a literalmente. Tendrá suerte si todavía queda un poco de polvo flotando por el espacio. Todo lo que apreciaba será destruido, volatilizado. A cambio, le pido una rendición. Todos estamos hartos de esta guerra, yo el primero. Tal vez, y solo tal vez, la esclavitud sea mejor que la libertad en un estado permanente de guerra, destrucción, sin hogar, vagando por el espacio cuando apenas habéis arañado su superficie. No le gustaría, verdad. No cejarían en su empeño. Si usted no se rinde, no pararán hasta haber aniquilado a toda su especie. No quedará nada. Todos vuestros registros y esperanzas de pasar a la historia serán borrados. Vuestra existencia habrá sido en vano. Perdurad, no como entidad física, sino como pueblo. Tal vez algún día su especie caiga. Siempre ha habido rebeliones de esclavos y han terminado mal. Además, cuando un imperio se expande en exceso, es inevitable: topa contra otro imperio, tan o más grande que ellos. Ese sería el momento. De todas formas, le aconsejo que se rinda, porque lo que le he descrito, es el escenario más bello posible. Una aniquilación total puede parecer algo deseable si supiera lo que pueden hacerle. Hace poco más de cuatro meses, yo estaba en una cárcel. Le gustará saber que fue por atacar a un hijo de un alto mandatario. Ahora no voy a a esperar su réplica, no tengo tiempo para una batalla verbal. Como intente decir alguna palabra, le vuelo la tapa de los sesos.

Joel se llevó al comandante por todo el campamento hacia la bandera. Los soldados no se atrevían a ponerse en su camino. Finalmente, llegaron a un pequeño círculo que tenía la bandera. Pese a que había empezado a llover y el suelo estaba embarrado, había dos soldados haciendo guardia. Levaron la bandera blanca en señal de rendición.

El el campamento amigo, el capitán general había visto la bandera blanca. El compañero de trinchera de Joel le había puesto en antecedentes de todo lo que había hecho.

-Creo que este tipo va a conseguir un ascenso. O eso, o que lo maten.

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