Dos semanas después

Publicado: 24/03/2012 en Elementum: Cólodin y Kailey

Desde ese primer día de colegio, habían pasado dos semanas. En esas semanas habían aprendido cosas básicas sobre su respectivo poder. Joel había aprendido a detectar los cambios de temperatura en el ambiente, al igual que Kailey. Habían aprendido a manipular levemente el entorno para que les diera ventajas y a contrarrestar las desventajas que hubiera.

Ese día, los habían llamado a todos a la plaza central de la escuela. La escuela en si tenía pinta de ser un viejo castillo, con altos torreones y paredes de piedra, ventanas ojivales e incluso un puente levadizo (aunque sin foso).

-Chicos, habéis tenido una semana para aprender a usar vuestros poderes. Como sabréis, no recibimos subvenciones públicas y vuestros padres no nos pagan, pero seguimos necesitando dinero. Así que siempre hacemos lo que llamamos “misiones de socorro”. Cada vez que hay un problema, la gente entra en una página web y nos manda el problema que tiene. Nosotros enviamos un grupo de alumnos a que vayan y arreglen el problema y cobren. El problema puede ser de cualquier tipo. Desde una sequía de varios meses hasta una ola de frío, una plaga de insectos o una estampida de búfalos, un terremoto, un huracán…

Hoy, chicos, vamos a llevaros a la isla Ω, la isla 25. No os asustéis, ya veréis de qué trata.

Uno a uno, cruzaron el puente deslizante que conectaba la isla central con la isla omega. Tenía forma de ocho, con un lado más pequeño, que era el que recibía a la gente. Había dos bóvedas que impedían ver que había en su interior. Cuando el puente tocó la roca de la isla, una puerta se abrió.

Entraron a una sala evidentemente circular, en cuyo centro había dos estrellas de cinco puntas superpuestas, inscritas en un círculo. Dos grandes puertas estaban al final.

Lentamente y chirriando como demonios, las dos puertas se abrieron y pasaron a otra sala circulas abovedada. Había un gran pilar central macizo y una cantidad enorme de cubículos. Dentro de cada cubículo, había un círculo de color azul brillante, aunque cambiaba todo el rato y era difícil asegurar un color. Pero parecía agua y había distintas tonalidades, de eso estaba seguro.

-¿Que serán esos círculos rojos que hay?-Preguntó Kailey.

-Pues yo los veo azules.-Contestó Cólodin.

-Que no, que son círculos verdes.-Dijo un mago de natura.

-Son negros como la vida misma.-Refutó uno de nada.

-Que va, lo que pasa es que son de todos los colores y cada cual ve el que le va mejor con su elemento. Yo los veo brillar y punto.- Dijo una de espacio.

-Chicos, esta es la isla  Ω o isla 25. Debéis saber que está prohibido usar vuestros poderes aquí. Esto es así desde la fundación de la escuela. Los únicos que pueden usar sus poderes son los 24 magos que controlan los portales que veis. Ese es un truco de nuestra escuela y el motivo por el que hacemos los trabajos tan rápido. Programados correctamente, pueden llevarte a cualquier lugar del mundo en décimas de segundo.

Hoy, sin embargo, vais a usarlos para vuestra prueba de selección. Os vamos a enviar a los laberintos. Debéis llegar al centro del laberinto y seguir las instrucciones que allí os encontrareis. Todas son iguales, así que nada de quejas por favoritismo. Venga, poneos en fila delante de los portales. Se os organizará según salgáis.

La clase entera formó filas (bastante irregulares) delante de cada portal. Cuando les daban a señal, saltaban a su interior. Siempre veían lo mismo: un caos multicolor que bailaba frente a sus ojos. Repentinamente, una pared aparecía enfrente suyo, rodeándolos. Era el laberinto de la prueba. Cólodin no podía sentir nada del mundo exterior, nadie. Era curioso el aislamiento que tenían los laberintos, que impedía que los poderes pasaran al interior.

También había un techo, así que no podía mirar el camino. Cólodin se armó de valor y avanzó.

Tres minutos después, estaba perdido. Lleno de rabia, explotó con una onda de frío. Todo el laberinto quedó a temperaturas bajo cero. Curiosamente, esto le sirvió a Cólodin de mucho. Ahora tenía todo el laberinto dibujado en su mente y tan solo debía seguir el camino que tenía. Le llevó otros tres minutos llegar hasta su centro. Había una nota pegada en el suelo que decía:

Has legado lejos, pero ahora te toca superarte. El minotauro te aguarda, derrótalo.

Y se lanzó a un lado, mientras una pesada maza caía donde había estado segundos antes. No sabía cómo había llegado ahí. No había visto nada al llegar y tan solo había un camino para llegar al interior. Era como si se hubiera materializado.

A Kailey le había pasado lo mismo, pero sin necesidad de explotar. Aunque no había pillado lo del minotauro a la primera y se había llevado una hostia de padre y muy señor mío y yacía inconsciente en el suelo.

Cólodin se preparó para enfrentarse al minotauro. Primero pensó en el brazalete, pero no parecía que fuera a abrirse. Optó por un choque frontal para probarlo.

Golpeó con todas sus fuerzas el pecho del minotauro. Inmediatamente, un manotazo lo mandó a la otra punta de la sala. Sin embargo, el minotauro no le atacaba, se quedaba ahí, sin intentar matarle.

Una ataque frontal no había sido la mejor opción, lo admitía. Ahora tenía que pensar. Debía esquivar los cuernos, eso estaba claro. O tal vez no. Cólodin se levantó y volvió a correr hacia el minotauro. Sin embargo, en lugar de golpearle, hizo una pista de hielo entre sus piernas, por la que se deslizó para acabar en su espalda, saltar sobre su grupa y agarrarle los cuernos.

El minotauro comenzó a agitarse bruscamente, pero Cólodin no lo soltó. Sin embargo, debía matar al maldito bicho. Y se dio cuenta de que lo tenía muy fácil, una vez en su cabeza. Un carámbano de hielo brotó de su mano y atravesó el cráneo del minotauro de parte a parte.

Kailey había optado por una estrategia diferente, pero no por eso menos eficaz. Consistía en lanzar chorros de fuego y derretir la piedra debajo de los pies del minotauro. Finalmente, cuando sus quemaduras llegaban al 90% de su cuerpo, el minotauro se derrumbó.

En el momento de matar al minotauro, un portal se abría donde había estado. Cuando un participante lo cruzaba, volvía a estar en la isla 25. El primero de todos fue Cólodin. Es bastante lógico, ya que estaba justo encima del portal. Además, los otros participantes estaban casi todos perdidos en el laberinto. Algunos magos de nada habían intentado abrir un camino recto hasta el centro, pero había sido en vano. Estaba pensado para que la gente no pasara tan fácilmente.

-Bien Cólodin. Por ser el primero en terminar la prueba, tendrás una ventaja o inconveniente, según cómo lo veas. Tu equipo será usado en las misiones de más alto riesgo. Seréis un equipo base de seis personas y podréis reclutar gente de otros equipos, pero tan sólo por una misión.

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