En casa + Primer día de colegio (capítulo doble especial porque me ha dado la gana.

Publicado: 10/03/2012 en Elementum: Cólodin y Kailey

Tras cuatro meses seguidos de duro entrenamiento, tanto Cólodin como Kailey sabían manejarlo adecuadamente.Tan solo eran cosas básicas, pero de momento era suficiente como para pasar al siguiente nivel.

Una vez terminado el entrenamiento básico, tenían tres opciones distintas. Una era quedarse entrenando más tiempo para mejorar las habilidades básicas, otra era incorporarse directamente a las clases y la tercera era ir a su casa hasta que fuera el inicio del nuevo curso. Esta era la opción más cogida por todos. Optaron por ella los dos. Evidentemente, no fue al mismo tiempo su dominio. Cólodin terminó una semana antes que Kailey y ambos esperaron todavía dos semanas para fortalecerse un poco. Sin embargo, a una semana del inicio de curso, decidieron irse. Ya en la pista de despegue, el instructor les dijo las siguientes palabras.

-Cólodin, Kailey, lo habéis hecho muy bien los dos. Sin embargo, siempre existe el riesgo de que uséis en exceso vuestros poderes. No podemos encadenarlos: Lo intentamos una vez y el sujeto de pruebas explotó en mil pedazos a las dos semanas. Sin embargo, con el tiempo, magia y una suerte suficiente como para conseguir el gordo de Navidad en Junio, desarrollamos estos brazaletes.  Tienen numerosas funciones. De momento, las que os interesan son tres.

La primera función es que limitan vuestro poder. Si no las llevarais, Kailey podría hacer que un hombre estallara en llamas desde dentro y Cólodin podría congelar la sangre de otra persona. Es muy importante que los lleveis.

Otra función que tienen es acumular energía sobrante. Esto viene bien para las batallas más largas, en que quedais agotados sin importar vuestro rango o entrenamiento.

La tercera tiene que ver con el botón que veis en el lateral. Si lo presionais, una pequeña abertura se abrirá y dejará caer una píldora. Esta tiene todo lo que necesitais para seguir con vida. Tiene el agua y los nutrientes necesarios como para que termineis el día si la tomais a las siete. Además, gracias a los magos de espacio, hemos conseguido que una fábrica de pildoras que tenemos en el castillo abastezca a todos los brazaletes cuando lo necesitan. No lo malgasteis, que lo tendreis que pagar.

Por último, debo deciros que los brazaletes estarán sincronizados con vuestra mente. Otro logro para la magia. Ya sabeis que los poderes los haceis con la mente. Eso es obvio tras un poco de entrenamiento. No importa si os lo dejais u os lo roban, seguirá haciento esas funciones. Si os lo roban (lo dudo) podemos rastrearlo. Son muy valiosos. Venga, poneoslos ahora. Debo verlo.

Kailey fue la primera que se puso el brazalete. Se lo puso en el brazo izquierdo y en ese instante, ardió en llamas. Cuando las llamas desaparecieron, el brazalete había adquirido un color rojo intenso y estaba finamente decorado. Vetas de toda la gama de colores rojos lo recorrían, formando intrincados dibujos que, si uno se quedaba mirando mucho rato, mareaban y daban la impresión de cambiar de lugar. Con Cólodin, el efecto fue similar: una capa de escarcha lo recubrió todo y el brazalete quedó veteado de lineas azuladas.

Dos horas después, el avión los había llevado a su ciudad natal. La gente se apartaba siempre de ellos. Puede ser porque notaban algo sobrenatural. Sin embargo, las túnicas de colores que llevaban para diferenciar el tipo de magia que dominaban era algo que ayudaba bastante. Y la incomprensión de la gente. Tras coger un taxi, se fueron cada cual a su casa, a ver a su familia tras tanto tiempo. El taxista temblaba tanto que ni siquiera esperó a que le pagaran para irse.

Ambas familias se pusieron totalmente histéricas al ver a sus hijos y no dejaron de atosigarlos con preguntas. Finalmente, salieron a la calle a ver a sus amigos de toda la vida. Se cambiaron de ropa, por supuesto. Ir andando por la ciudad en túnica no es práctico. Habían quedado en encontrarse en el parque. Cólodin había quedado con tres amigos, Kailey con trece.

Cuando llegaron al parque, una pancarta enorme les esperaba, junto con toda la clase y unos cuantos amigos de otros cursos. Amén de cerca de veinte curiosos que pasaban por ahí. Los dos quedaron extremamente impresionados. Tanto que media pancarta se quemó involuntariamente.

Estuvieron ahí cerca de dos horas, hablando con todos y haciendo exhibiciones de lo que habían aprendido. Una persona perdió los calzoncillos al pasarse con una broma. Uno a uno, todos se fueron yendo y quedaron tan solo Cólodin, Kailey y Raúl.

-Cólodin, Kailey, me gustaría pediros un favor.

-Claro, ¿de que se trata? ¿una venganza? ¿he de pegarle fuego a alguien?

-No, no es eso. Veréis, ¿sabéis quien es Yohana, no?

-Si, a Yohana la conozco desde párvulos. Rubia, alta… si, ¿que pasa con ella?

-Pues vereis, me gustaría pedirle salir. Me han comentado que le gusto y a mi me gusta ella. Yo había pensado que me podrías hacer un pequeño favor. Cómo a ella le gusta esquiar y la nieve, pues había pensado en…

-Quieres que yo haga nevar en un lugar concreto en pleno mes de Agosto, ¿no? Y luego Kailey puede hacer algún efecto con el fuego, como quemar los copos de nieve. ¿No es eso?

-Si, es eso. Ya lo entiendo, es imposible…

-Dalo por hecho, dime lugar y hora. Pero que sea pronto, que en una semanita nos vamos.-Contestó Kailey.

-¿De verdad? Pues dentro de dos días, en el parque. Quiero preparar algunas cosas más. De verdad, me haceis un gran favor.

Fueron dos días de preparativos para Raúl. Habían quedado a las siete de la mañana. En el parque, estaba nevando. No había nadie a esas horas. Y menos en un domingo. Los árboles estaban cubiertos de nieve de un blanco totalmente puro. La luz del amanecer les arrancaba destellos. Yohanna estaba sorprendida. Raúl feliz. Era todo precioso. Comenzaron a caer tenues copos de nieve a su alrededor. Raúl la llevó al centro del parque. Estaba cubierto de nieve. Yohanna miró hacia arriba. No había nubes. Además, aquél era el mes más caluroso de la última década.

-¿Lo has hecho tú, Raúl?

-Bueno, yo y unos amigos. ¿Te gusta?

-No me gusta. Eso sería quedarme corta. Esto es precioso. Supongo que Cólodin habrá tenido algo que ver.

-Pues si. Por cierto, Yohanna, hace tiempo que te quería preguntar esto: ¿querrías ser mi novia?

No hubo respuesta. Yohanna simplemente se lanzó a los brazos de Raúl y le besó apasionadamente. Los copos de nieve comenzaron a arder. Técnicamente, no eran copos de nieve. Eran copos de alcohol. El resultado era algo indescriptible. Cientos de pequeños copos caían envueltos en llamas, tocaban el suelo y seguían ardiendo. Los copos se concentraron en una pequeña área, a varios metros de la parejita. Un corazón se fue formando lentamente, sin dejar de arder.

-Creo que deberíamos irnos.-Comentó Cólodin.

-Jo, que están en la parte más emocionante.

-Kailey, esto es algo privado. Dejémosles intimidad. Nosotros hemos hecho lo que nos ha pedido, ya no pintamos nada.

El resto de la semana transcurrió de forma normal. Cólodin se rió media hora al ver en las noticias el parque nevado y los comentarios acerca de cambio climático, milagro y fenómeno sobrenatural.

Ya de vuelta en la escuela, hicieron un primer día de clase en conjunto.

-Teoría básica de la magia. Muchos creeréis que esto es una pérdida de tiempo. Pues no lo es. Nosotros os enseñaremos algunas técnicas y otros conocimientos, pero si no conocéis la teoría básica, no podréis crear otras técnicas o dominar las que os enseñemos en su totalidad. Para empezar, debéis saber que vosotros controláis con la voluntad vuestra magia. Junto con la voluntad viene vuestra imaginación. Si podéis imaginaros un dragón de veinte metros hecho de fuego y controláis el fuego, podréis hacerlo. El cerebro es la parte que controla vuestro poder, así que protegedlo.

Todos teneis ya vuestra pulsera, así que, por ser el primer día de clase, haremos una excepción y os mostraremos el potencial que alberga, así que venga, al patio.

Tras cinco minutos de correteos, gritos, charlas y de todas las acciones posibles en un pasillo, llegaron al patio (y solo habían de cruzar la puerta).

-De acuerdo, ya basta. Ya basta chicos. QUE YA BASTA, AHORA OS CALLÁIS Y ME DEJÁIS EXPLICAR, ENTENDIDO GUSANOS.-Tras la palabra gusanos, se hizo un silencio sepulcral.-Como os iba a decir, ahora no podéis ir al baño así que no me lo preguntes Mario, la pulsera tiene más aplicaciones prácticas que acumular y retener energuía y suministraros comida. Su potencial se desata cuando os la quitais. Está diseñada para no tener que pulsar nada. Con estirar, la pulsera se abrirá en dos trozos y se convertirá en un arma. Esta arma tendrá vuestro poder.-El profesor lo hizo. Una luz los cegó a todos. Cuando pudieron ver, el profesor estaba realmente impresionante. Tenía un arma de doble filo en la mano. Una especie de puño americano, pero con dos afiladas y cortas hojas a los lados, que eran recorridas por millares de rayos. La energía que fluía a través suyo, hacía que su capa ondease.-Ahora probad vosotros. Y recordad que debeis cerrar los ojos u os quedareis ciegos.

Cuando Cólodin lo hizo, las hojas de su arma eran angulosas y trasparentes. Kailey las tenía rodeadas de fuego. Montones de otras hojas tenían los bordes luminosos, de roca, burbujeantes o de cualquier material imaginable. Un muñeco de entrenamiento salió del suelo, cortesía del conserje. El profesor siguió con  su clase.

-Bien, ahora vereis el efecto que produce mi hoja en este muñeco de madrea. Cada mago tiene una hoja distinta y produce distintos efectos, que puede alterar a voluntad.

El profesor asestó un golpe seco al muñeco. Un rayo cayó de no se sabe donde y partió al muñeco. Se olía a madera quemada. Todo el grupo se repartió por el patio con sus armas y un muñeco les apareció delante. Todos le golpearon varias veces. Kailey ya lo tenía en llamas desde el primer golpe. Otros le habían hecho crecer plantas en el tronco, lo habían cubierto de metal o, simplemente, lo habían destrozado en mil pedazos. Cólodin le cortó el brazo al muñeco de un tajo limpio y dejó un pequeño rastro helado. Seguidamente, le clavó el arma en el pecho, convirtió al muñeco en un bloque de hielo y lo destrozó.

-Oiga profesor, tengo una pregunta.

-Dime, estooo, Cólodin, ¿verdad?

-Si. Verá, me estaba preguntando si se podría hacer que fuera otra cosa el arma, no sólo esto. Es muy útil, pero…

-Si, si sabes como, puedes hacer muchas cosas. Prueba a darle otra forma.

Cólodin se concentró ante el nuevo muñeco de entrenamiento. Pensó que, ya que tenía forma curvada, un hacha para empezar estaría bien. Lanzó la pulsera al aire e hizo que un hacha totalmente de hielo apareciera y se juntara. De un golpe cortó en dos al muñeco. Sin perder un segundo, deshizo el hacha e hizo aparecer una hoja de espada y un mango. La hoja era una prolongación de las vetas de la pulsera. Otro golpe bastó para demostrar que seguía siendo válido como arma. Por último, probó haciendo un pequeño arco. Esto era tan simple como ponerle una cuerda de su poder y hacer que regresara a su posición. La flecha se incrustó en el muñeco casi en su totalidad.

Y así pasaron toda la hora, destrozando muñecos de madera. El pobre conserje acabó exhausto.

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