Publicado: 01/02/2012 en La muerte fría

-¿Que? ¿Quien es Houston?

-Déjalo, una broma mía.

Joel se levantó, todavía temblando por el golpe.

-¿Quieres jugar? Pues vamos a jugar con mis reglas maldito gusano.-Joel desenvainó su espada.- Con esto puedo cortarte en pedacitos. ¿Lo quieres comprobar?

Lanzándose de cabeza, Joel  le golpeó en medio del torso. Un sonoro clang resonó por toda la caverna cuando su espada se partió en dos. Sorprendido, Joel dijo:

-Vaya, eres duro. Creo que con tu piel vamos a hacer armaduras.

Otras dos armas desenvainadas atacaron al animal. No le hicieron ni un rasguño. Todas ellas rebotaban en su piel sin hacerle daño alguno.

-No me vas a vencer, maldito gusano. No he llegado hasta aquí para que un animal me venza. Y si hace falta, voy a hostia limpia.

Joel desechó sus armas. Las espadas no le iban a hacer nada y a elevada temperatura, sólo le cauterizarían la herida. Con sus puños brillando de azul, Joel se lanzó otra vez. Un coletazo descomunal le recibió. Durante su “viaje”, cientos de rocas le arañaron la espalda y una más grande le dio en el omoplato. Se levantó de nuevo. No se rendiría. Saldría de la cueva a casi cualquier precio.

Con más cautela, pues un ataque frontal solo le enfadaría más, Joel giró a su alrededor. El animal le seguía con la mirada. Se lanzó una vez más. Antes de llegar a la mitad del camino, saltó. Un segundo más tarde, la cola del bicho cortaba el aire por donde estaba. Cayendo cerca, Joel fue a darle con todas sus fuerzas. Un golpe en su cuerpo no causó daño. Otro. Otro. Otro golpe. Desesperadamente, Joel golpeaba una misma zona. Golpe tras golpe, descargaba toda la rabia acumulada durante todo el año. Todo su odio y desprecio, su esclavitud, su ser se volcaba en cada golpe que daba. No ocurrió nada.

Hasta que le dió un último golpe con desesperación.  Un sonido en el fondo le hizo recobrar toda su esperanza. Pensó en Paul, en Idemara y en todos sus compañeros y golpeó. Una brecha se abrió. Un liquido verde rezumaba por ella. Le había herido. Por fin. Un hueco por el que podía atacar. No tuvo tiempo. El gusano tuvo una convulsión y le golpeó. Lo alejó de su herida y se cubrió.

-Ya no eres tan valiente, ¿verdad? Ahora me toca divertirme a mi.

Joel desenvainó su última espada. Era la espada con el canalillo lleno de veneno. Seleccionó la opción de “Vaciar todo” y reemprendió su ataque.

-Venga, Atacame. Estoy aquí. Tu eres más grande, más fuerte y posiblemente más inteligente que yo. Que temes? Soy un simple humano. No represento ningún desafio para ti. Por lo que veo, incluso te has comido alguno. No soy más que un insecto comparado contigo. Y a los insectos se les machaca.

Haces bien en tener miedo. No soy exactamente como ese. Si quieres compararme con un insecto, creo que la mejor comparación es una araña. Una mortal, pequeña, rápida y silenciosa araña. Un mordisco y estás en la tumba. Adelante, no soy invencible. Inténtalo. Pero antes de irme de este mundo, me llevaré a todos mis enemigos por delante. No me gusta dejar enemigos. No son buenos para uno. De todas formas, basta de cháchara. Es hora de pasar a los hechos. Ni siquiera se porqué te hablo, si no me entiendes.

-Te equivocas en eso, humano.-Dijo una voz grave y profunda.-Te entiendo perfectamente. Parásitos. Eso es lo que sois. Infectais este planeta y lo vaciais de recursos. No dejais nada a vuestro paso más que edificios vacíos y maquinaria abandonada. Esto era un vergel. En nuestras crónicas aparece com un planeta verde y radiante, al que salíamos a alimentarnos. Pero tuvisteis que llegar vosotros y destrozarlo. Eso no es´ta bien.

-Esto es nuevo. Pero no cambia ndada. Por muy malos que seamos, no todos somos iguales.  Habría habido otra forma. Sin embargo, con este ataque no nos habeis dejado otra opción más que eliminaros. Y a mi me han encargado eliminarte, así que no me queda otro remedio.

“Joel, eso no es cierto. Te lo has propuesto tu solo” Dijo Jean por su interfono.

Sin prestar atención, se lanzó hacia el animal-hombre sin pensar. Esquivó todos sus ataques, tanto los golpes como los derrumbamientos. Pero Joel se estaba cansando. Sólo veía su piel delante suyo con ocasionales destellos verdes y no podía golpear a lo loco para terminar, ya que su espada se rompería. La anterior batalla ya la había dejado suficientemente maltrecha. Debía hacer que fuera más lento.

O al contrario. El más rápido. Si aumentaba su velocidad de reacción podría golpearle. Con todo su ser, usó la energía de su espalda para mejorar su capacidad de reacción. Las ondas eléctricas ganaron velocidad a medida que su sistema nervioso ganaba conductividad. Su ojo ganó claridad, su cerebro funcionaba más rápido y sus músculos iban más rápidos. Esquvó el coletazo que le venía sin gran difucultad. Las rocas que cayeron sobre su posición cayeron en un lugar vacío. Y una espada se clavó en la herida. Una ampolla de veneno se vació en un instante. Un grito sonó por toda la caverna y un gusano gigantesco y mortal se ocultó en el suelo.

Joel estaba perdido. Su espada yacía al lado de un agujero enorme y su enemigo estaba en paradero desconocido. Pese a que el veneno que tenía en el cuerpo podía matar a un elefante, era bastante más grande. Joel agarró una granada por precaución. Consistía en un palo de madera y una cabeza explosiva. Pequeñas gotas se oían caer en un lugar indeterminado de la caverna. Era lo único que rompía la quietud de ese entorno.

El techo sobre Joel se rompió en pedazos al caer el gusano-hombre-lo-que-sea encima suyo. Totalmente acojonado, Joel se tiró hacia un lado, dejando la granada donde estaba. Era más importante salir con vida que conservar una granada. En donde estaba, solo quedó un agujero. Varios metros más allá, el gusano emergió a la superficie.

-Esto acaba de comenzar. No sabes el lío en que te has metido, Chaval. Y llámame Querilme. O mejor, Señor.

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