Refuerzos

Publicado: 19/12/2011 en La muerte fría

Les estaban desbordando por todos lados. Lo hacían lo mejor que podían, pero era muy difícil matar a tantos animales. Y parecía haber más a cada momento. Joel estaba haciendo picadillo de gusano. Tenía las espadas blancas de calor y se deslizaban por la carne como cuchillos calientes por la mantequilla. Cada herida era cauterizada al momento, pero caían, todo el rato. Amigos y enemigos. Los soldados pesados no daban a basto. La mitad estaban en el campo de batalla. Tras una hora de combate, el cansancio se empezaba a notar y la defensa flaqueaba. Y los animales voladores no ayudaban a concentrarse. La lluvia de flechas había cesado hacía rato y ahora estaban también allí, luchando con sus compañeros. Todos los adultos habían sido evacuados.

Un monstruo enorme se alzó tras Joel. Joel intentó golpearle con la espada, pero se había quedado atascada en el torso de un bicho muerto. Le iba a golpear y no se podía defender. Repentinamente, cayó al lado.

-¿Necesitabais ayuda?-Dijo Lafitte.

-Un poco, la verdad.

-Venga compañeros, vamos a matar algún asqueroso bicharraco de estos.

Un mar de guerreros apareció tras Lafitte. Las tropas de Joel, aliviadas al ver que habían llegado los refuerzos. Espalda contra espalda, Joel  y Lafitte se enfrentaron a sus enemigos.

-¿Preparado?

-Preparado.

Y se lanzaron como locos, Joel se deslizaba entre ellos a toda velocidad. Un reguero de cadáveres quedaba a su paso. Lafitte, por su parte, les embestía. Caían y los remataba. Otro mar de cadáveres quedaba. El campo ya parecía un océano de ellos. Joel, con sus dos espadas, se lanzaba por todo el campo, desgarrando, cortando y mutilando los gusanos, ayudando compañeros en apuros y levantando ánimos.

Un bicho amenazaba a Ian. Joel  no lo dudó y fue directamente a por el. Le embistió con toda la fuerza de la que fue capaz, saltando desde la espalda de otro. Volando, a cámara lenta, le clavó toda la longitud de su arma. El chillido fue atronador. El peso de Joel y la temperara del arma hicieron que fuera deslizándose lentamente hacia el suelo, desgarrándole músculos.

Pero todavía tenían problemas. Las malditas criaturas voladoras seguían molestando y causando problemas. Eran menos y de vez en cuando conseguían abatir a alguna, pero persistían. Necesitaban ayuda aérea ya, y no llegaba. Joel se dio cuenta de que uno de esos bicharracos le iba a atacar por la espalda. Rápidamente se giró para hacerle frente. Un caza cortó al animal la cabeza antes de que pudiera hacer algo. Ya habían llegado los refuerzos.

-Ya era hora.-Dijo Joel

-Lo siento, estábamos lejos. ¿Todavía queda algo para nosotros?

-Todo lo que vuele es vuestro y si nos podéis ayudar con los heridos, os lo agradeceríamos.

El ánimo de los soldados estaba por las nubes. Sin embargo, cada vez parecía haber más enemigos y no podían hacer nada. Joel temía que les masacraran. Eran demasiados y siempre había más. Podrían resistir un tiempo, pero acabarían cayendo. Joel decidió intentar algo, lo había oído, pero no sabía si podría resistirlo. Se concentró. Clavó su espada en el suelo y cargó energía. Lentamente, esta se fue extendiendo por el suelo. Cada vez iba más lejos. Joel calculó donde habría bichos y dónde no.

Lo hizo. En pocos segundos, cientos de puntas de roca se levantaron del suelo. Eran como cuernos afilados, capaces de atravesarlo casi todo. Cientos de enemigos quedaron traspasados de lado a lado en pocos segundos. Sólo hubo algún herido en brazos o piernas. Joel estaba exhausto, esa táctica requería mucha concentración. Sin embargo, se recuperó.

-Reuníos, ya. Son pocos y tenemos aliados. Venid todos aquí para el último ataque. Es la última oportunidad que tenemos. Vamos, un último esfuerzo.

Todos se replegaron alrededor de Joel. Ahora estaban en superioridad numérica. Atacaron todos de golpe. Muchos sufrieron heridas graves en ese envite. No hubo muertos, al más mínimo golpe ligeramente grave, se retiraban para no lastrar a sus compañeros. Les rodearon. Todos los soldados: Amigos, enemigos, robots e incluso los solados pesados. Todos los enemigos cayeron. Uno fue capturado para estudiarlo en cautiverio. En el aire, todo iba bien. No quedaban casi animales.

Otro terremoto sacudió el suelo. Esta vez no salieron muchos animales. Salió uno. Era enorme. Medía más de cinco metros de diámetro. Joel hizo lo que pudo y detuvo las rocas más grandes que su salida repentina había causado. El monstruo emitió un sonido y todos los que quedaban vivos se retiraron. El se ocultó de nuevo bajo tierra. Quedó el agujero en el suelo. Uno a uno, hicieron un círculo alrededor de la profunda sima.

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