El día final

Publicado: 14/11/2011 en La muerte fría

Era ya el último día. Las banderas ondeaban al viento y el patio central estaba lleno de butacas frente a una tarima. Lucía un sol radiante. Paul había ido a ver a Joel a su habitación y decidió seguir contándole la historia.

-Recuerda una cosa, Joel, nosotros estábamos en superioridad, pero ellos nos fueron minando. Siempre repetíamos la misma táctica de combate. Llegábamos, amenazábamos, se rendían tras una demostración de poder y continuábamos hacia el siguiente planeta. Ellos, mientras tanto, descubrían otras formas de hacernos frente. Un día, descubrieron la definitiva. Enviaron veinte cápsulas hacia la nave-mundo. Cada cual cayó en un lugar diferente para evitar sospechas. Nosotros ni nos fijamos. Eran cosas demasiado pequeñas para prestarles atención. Aterrizaron en nuestro planeta y se integraron en la sociedad. Subieron escalafones lentamente y consiguieron tener acceso al puesto de mando. Eran muchos planetas que conquistar. Treinta planetas en total y no podíamos capturar más de uno al mes, ya que necesitábamos cantidades ingentes de energía para saltar de uno a otro. En menos tiempo del que esperábamos, comenzaron los sabotajes. Desaparecían pequeños instrumentos de reparación y se estropeaban todas las cosas. No sabíamos quien era, así que hicimos lo lógico: Sellamos el núcleo. El centro de mando, con su maqueta en 3D a máximo detalle, que controlaba todas las funciones, quedó aislada junto con tres técnicos para hacerla funcionar.  La comida, bebida y aire les llegaban a través de tres conductos y era cuidadosamente analizado todo lo que lo atravesaba

Los soldados enemigos, privados de la capacidad de sabotear nuestra nave, comenzaron a avisar a su gobierno de nuestros movimientos y planes y fueron trazando planes de defensa en cada planeta. Uno a uno, construyeron escudos y armas enormes para desgastarnos. Finalmente, tras varios años de lucha y gasto de recursos, llegamos a su bastión. Su último fuerte. Estábamos casi sin nada y supusimos que ellos también, pues así lo decían nuestros espías. Fue un error. No había tales espías. Los infiltrados habían pasado informes falsos de su central y su gobierno. Estaban llenos de armas y defensas. No podíamos hacer nada contra ellos. Hubo un bombardeo constante de nuestra artillería hacia sus defensas y viceversa. El sol iluminaba el campo de batalla constantemente y la batalla se prolongó durante más de medio año. Recogíamos los resíduos y los usábamos para fabricar nuevas armas con las que bombardearlos. Finalmente, perdimos. La radiación nos venció.

Verás, ellos son más resistentes que nosotros a las radiaciones solares. Ya lo sabes, puesto que te has tenido que poner protector solar a diario. Las radiaciones de isótopos nucleares también son radiaciones y también son más resistentes a ellas. Lentamente, la radiación emitida por las armas y los propulsores se fue acumulando en el espacio. La gravedad de los planetas la atraía. Y alcanzó niveles críticos. Uno a uno, nuestros soldados fueron cayendo, perdimos artilleros y la población civil también se redujo. No pudimos hacer nada. Sin armas y sin soldados, nos vimos obligados a huir hacia otras galaxias. Firmamos un tratado de alto al fuego para acumular energía y huimos hacia los remotos confines del universo. Nos preparamos para una última oleada de ataques.

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