Ataque

Publicado: 10/10/2011 en La muerte fría

Finalmente, llegó el día del ataque. Joel y los suyos estaban situaen un bosque a pocos metros del castillo enemigo. Sus soldados, disfrazados, entraron sin ser detectados, llevando numerosos cadáveres robóticos desfigurados y armas para demostrar su victoria. Una vez dentro, se desató una gran euforia e hicieron un gran banquete, ya que eran muy sibaritas. Evidentemente, tras tan gran comilona por parte de todos salvo los cien soldados infiltrados, se merecían una siesta. Los soldados de Joel se ofrecieron a cubrir las guardias para comentar como había ido el combate y volver a poner las cosas en su sitio.

Cuando todos estaban dormidos salvo cuatro que tenían insomnio y estaban dormitando, abrieron las puertas. El plan principal era entrar en silencio y degollar a todo el castillo mientras dormían. Sin embargo, levantar una puerta de más de cien kilos no es algo silencioso, y menos si las cadenas están oxidadas y el único aceite del castillo se usa para cocinar. Todos se levantaron al oir el chirrido espantoso y fueron a ver que pasaba. Vieron las puertas levantándose, los uniformes tirados por el suelo y varios cientos de solados esperando al otro lado de la puerta a que se pudiera entrar. Tan rápido como pudieron, se enfundaron en sus armaduras, cogieron sus armas y bajaron al patio de armas.

Traducido a tiempo normal, esto viene a ser algo así como quince minutos y cuando bajaron, la mitad del ejército estaba ya en el interior y las puertas bloqueadas. Los más rápidos habían muerto en cuestión de segundos. Sin embargo, consiguieron hacer una pequeña defensa en su sala más preciada: el comedor.

Joel se encontro con que no podían pasar por un hueco tan estrecho sin sufrir decenas de pérdidas. Había otra forma mucho más elegante, sin embargo, no fue la que cogió. Había una igual de efectiva, pero no fue la que cogió. Podía buscar otras entradas y las habría encontrado, pero no lo hizo. Joel, como todo buen terráqueo y buen peninsular (si concretamos, de padre aragonés y madre vasca) tomó el camino más directo, que en este caso consistía en destrozar la pared entera y que se les cayera encima. Usaron sus propios arietes para destrozarla. Cientos de kilos de roca les cayeron encima, originando incontables heridos. A partir de entonces, la entrada fue masiva y una masacre. Joe movía sus espadas a tal velocidad que ni se veían. De vez en cuando, tomaba una daga enemiga y la lanzaba a algún cuello, cara o estómago. Normalmente fallaba, ya que iba flojo en puntería, pero entre tanta gente, algo de daño hacía. El comedor acabó siendo algo similar a una cámara de gas nazi, solo que sin gas, sin ser las víctimas judías y sin haber nazis. Las mesas se hacían servir como barricadas improvisadas, en ocasiones compartidas por los dos bandos. Joel se alzó por encima de todos y alzó la voz:

-¡Reto a vuestro jefe a un combate singular!¡El perdedor se va con sus hombres y queda descalificado, el vencedor, se queda el castillo!

Una figuraenvuelta en amarillo surgió entre la multitud.

-Acepto el desafío. Sin intervenciones de nadie y sin trucos sucios.

Ambos bandos, uno más maltrecho que el otro, hicieron un ring con las mesas y Joel y el jefe enemigo se situaron uno enfrente de otro, con las espadas desenvainadas el pecho descubierto, como correspondía a ese tipo de rivales.

-Se que sois muy buenos y que tu lo eres más, ya que eres su jefe, pero yo soy un maestro con dos espadas. Atácame si puedes verme.

Se lanzó hacia Joel con toda su fuerza y en un instante, había perdido una espada, que se había clavado en una mesa.

– Si esto es lo mejor de lo que eres capaz, no se ni por que luchas.-Dijo Joel.

-El combate no se ha terminado. Caerás.

-Mucho ruido y pocas nueces. Ataca de una vez, que quiero descansar.

Lleno de rabia, se lanzó hacia Joel con toda su fuerza y con toda la habilidad posible con una sola espada. No sirvió de nada. Joel le arrancó el arma de las manos con un movimiento y lo tumbó al suelo segándole con los pies. Puso su pie en el cuello y lo retiró cuando todos vieron que pasaba.

Joel se dio la vuelta y se retiró, pero el era el único en el ring que pensaba que el combate se había terminado. Su rival se levantó y le lanzó un cuchillo. Joel lo esquvó, atrapándolo al vuelo.

-Esto era lo que no debíamos hacer. Ahora tendré que matarte y lo odio, no hay quien quite las manchas de sangre y fluidos.

Tiró las espadas al suelo y le atacó con el cuchillo. Su rival había recuperado una espada y tenía cierta ventaja. Pero Joel era demasiado rápido. En un movimiento, detuvo la espada y le agarró la mano. Se la retorció hasta que soltó la espada y le cortó el cuello. Los líquidos internos salpicaron las baldosas. Para que quedara más claro dejó el cuchillo clavado en el pecho. Habían ganado y a pesar de no tener honor, sabían que debían irse antes de que cambiara la opinión de Joel.

Y así, Joel consiguió el segundo castillo. Quedaban tres, uno de los cuales sería su rival final.

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