La meganave terrestre

Publicado: 04/10/2011 en La muerte fría

En la oscuridad de la noche, Joel recordó la siguiente parte de la historia de Paul. Decía así:

“Una vez tuvimos todo preparado nos lanzamos al ataque. En el manto estaban situados las fuentes de energía. Teníamos más de mil metros de espesor de generadores nucleares, molinos de viento accionador por turbinas, y generadores de energía con plasma. Cuando ibas al centro, el mando de toda la nave, había una gran parte que era un infierno.

Hicimos la batalla de prueba. Llegamos al primer planeta enemigo que teníamos en frente. Todas las montañas eran gigantescas pistolas de plasma y de todo y algunas penínsulas eran bombas, como la península ibérica o la de Crimea. Dios, la ibérica era un arma de destrucción masiva nueva. Solo lanzándola a un planeta este quedaba destruido, pero podíamos lanzarla al sol y destrozar el sistema solar completo. Solo la usamos una vez y fue algo que no vio ninguno. Demasiada luz.

La primera batalla tuvo lugar en los Andes. Resulta que eran nuevos y todavía teníamos algún problema, pero finalmente los abrimos y lanzamos un par de salvas. Fue una victoria rápida, no podían contraarestar nuestra potencia de fuego y, sinceramente, ver un planeta que te está disparando, quieras o no, acojona.

Sinceramente, no se como se movía ese armatoste del todo, nunca lo llegé a preguntar, pero seguro que era algo impresionante. Una mole de billones de toneladas y miles de kilómetros de longitud moviendose a través del espacio y trastocando órbitas es algo que debería estar prohibido, pero no se como se las arreglaron y que quedaron con la gravedad emitida (en su mayor parte). Teníamos unos ingenieros que eran la hostia. No hacíamos solo combates así. También íbamos con  naves más pequeñas, ya que si no, era como acertarle a un mosquito con una bola de cañón, siendo el mosquito una nave de varios metros y la bola de cañón de varios cientos de metros a una escala de miles y miles de kilómetros. Nos creíamos imparables y en cierta medida lo éramos, ya que nadie en su sano juicio se enfrenta contra una nave de ese tamaño.

Por desgracia, ellos no eran alguien en su sano juicio y no veas la de chatarra que recogimos los primeros días. Eran más astutos de lo que pensábamos. O a lo mejor eran estúpidos y no nos dimos cuenta. La cuestión es que nos confiamos. Ese fue nuestro segundo error.

 

Y, finálmente, Joel se quedó dormido, esperando el combate del día siguiente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s