Publicado: 30/09/2011 en La muerte fría

Joel, mientras tanto, recordó otra parte de la historia de Paul. Los primeros fallos en el plan. Las palabras que recordaba eran así:

Estábamos eufóricos, habíamos ganado una batalla y les habíamos hecho huir con el rabo entre las piernas, teníamos armas de última generación, armaduras y conocíamos sus puntos débiles. Nuestra disciplina se relajó. Empezamos a admitir gente de todos los lugares sin comprobar su historial solo para presumir de tener un ejército más grande que el suyo.

Ese fue el Primer Error. En los campamentos había más espías que soldados, ataviados todos con sus armaduras correspondientes. Teníamos gente en el Alto Mando, en el bajo, en el medio, entre las tropas, en la investigación, de pilotos. Estaban por todas partes y lo escuchaban todo. Nunca debes dejar entrar a alguien si no estás seguro de que es amigo.

Fuimos hacia el siguiente objetivo y todos lucharon con gran valentía. Eran profesionales. Sabían que debían ganarse nuestra confianza y se la ganaron. No se la merecían, pero se la ganaron. Sabían usar sus armaduras como pocos y yo ya no era el ùnico entrenador de la tropa. Todos estábamos encantados.

La segunda batalla, no fue así.

Era una pequeña batalla. Cuatro batallones mixtos (nuevos y veteranos. Los puros eran los de élite) se enfrentaban a un número igual de tropas. En medio de la batalla, cumplieron su traición. Masacraron a casi todos. A los que no lo hicieron, les cortaron las manos y la lengua para que no pudieran delatarles (no no podíamos leer mentes. Todavía.). De ellos, unos cuantos se fueron de vuelta. Se llevaron parte de nuestros secretos militares y tácticos. Se llevaron centenares de armaduras de energía, armas y tácticas que teníamos planeado usar. No lo sabíamos, pero fue así.

La tercera derrota, fue la peor.

Los enemigos estaban totalmente infiltrados. Los teníamos entrenándonos y sus entrenamientos eran hasta caer desmayados, hacían prácticas de artillería todo el tiempo. Si, nos convertimos en unas máquinas de combate, pero no podíamos hacer nada debido al cansancio.

Justo el día anterior, hicieron tantas pruebas de disparo que se terminaron las municiones. Y todos los guerreros teníamos la obligación de entrenarnos. Decían que no atacarían si veían semejante derroche, ya que es imposible hacerlo sin tener suficiente como para repeler el ataque. Como imaginarás, no pudimos hacer nada, todo quedó reducido a chatarra. Los pocos que no salvamos, fuimos a nuestro destruido hogar.

Eramos a penas un puñado de soldados, técnicos e ingenieros y, entre los escombros de la tierra, creamos la mayor nave de toda la historia. Era nuestro último bastión, nuestra garantía de victoria. Era una réplica exacta de la tierra a tamaño natural, pero en lugar de tener un núcleo y un manto de magma fundido, los tenía metálicos. Habíamos fundido todo el metal disponible y lo habíamos gastado en nuestra nave-mundo. La gente vivía en ella, en su superficie se cultivaba comida para todos y excedentes, podíamos hacer que fuera verano en todo momento y en las montañas del Himalaya situamos el campo de fuerza necesario para salir del sistema. Más tarde, nos dimos cuenta de que nuestro sistema se había trastocado totalmente, mercurio y venus se habían estrellado contra el sol y de marte en adelante, se habían lanzado al espacio profundo. No pusimos un objeto gravitacional suficiente y trastocamos las órbitas, pero ya estaba hecho. La batalla contra los alienígenas había comenzado y esta vez iba en serio. No contentos con la nave-mundo, creamos un satélite artificial. Era la luna, pero con un núcleo de plasma y todo su interior lleno de armas y técnicos. La radiación en su centro era tal que el plasma se volvió radiactivo y no sabemos que pasó, pero iba mucho mejor. Efectos de la radiación.

Entonces, Joel llegó a la sala principal. Había dejado sus cosas en su habitación y estaba decidido a hacer una señal distintiva a sus miembros en un lugar poco visible para que no se infiltrara nadie. No se iba a dejar vencer tan fácilmente como sus antepasados cercanos.

Joel estaba reunido para trazar los planes de ataque y defensa. Como es lógico, preguntó que tenían a cada uno.

-Johan, ¿cuanta pólvora tenemos? Y ya que estás, cuantos disparos podemos realizar.

-Tenemos 100 kg de pólvora, 5000 flechas y algunas balas, además de munición láser, aunque no la podemos hacer servir, ya que no tenemos nada preparado.

– Ícaro, necesito un mapa de la zona. Y un informe de las fuerzas enemigas.

– Ya estoy en ello.

-Björn, ¿cuantos caballos tenemos y que adiestramiento tenemos con ellos?

– 50 caballos. Tenemos adiestramiento básico entre los que están más adinerados, pero no demasiado. Y comida para ellos que puede durar tres semanas.

-Bien, que empiecen un entrenamiento más avanzado sobre caballos. Ahora. Iván, ¿Que tenemos para el aire?

– Un par de planeadores que podemos adaptar para bombardear o disparar. No tenemos nada de transporte.

-Que sean para disparar flechas y que sean para transporte de cosas pequeñas. Vladimir, ¿que tenemos para el agua?

– Tenemos poco más de cinco equipos de buceo, diez bombonas de oxígeno y nada más. Necesitamos los puentes.

– Lawrence, dime cuantos efectivos tenemos y las armas disponibles.

– Tenemos cuatro regimientos de 100 personas con espadas, lanzas y escudos para todos.

– Jean, necesito que prepares dos cargas de pólvora submergible que se peguen y consigas algo para disparar la munición láser. No tiene que ser muy avanzado o preciso. Y ayuda a quien lo necesite, como con los planeadores.

– Dame diez minutos.

– Lucio, tus hombres estarán en la retaguardia en la mayor parte de las batallas. Se que con el equipo que teneis es un poco difícil aguantar mucho tiempo. Necesito saber si lo podreis hacer.

-Por poder si, pero exijo saber la razón de por que.

-Tus hombres pueden terminar una batalla en cuestión de segundos, son los mejores. Y si el enemigo está cansado, los vais a destrozar muy fácilmente.

En ese momento llegó Ícaro con el mapa de la zona. Había seis castillos divididos en dos por un río. En el lado derecho estaban situados primero uno a nivel del suelo, luego otro bajo el nivel del río y otro encima de una montaña, en el izquierdo estaba primero el castillo en una montaña, luego a nivel del río y por último, bajo el nivel del río. En este castillo estaban Joel y los suyos. Había bosques dispersos por toda la zona y el río corría rápido según los informes. Las fuerzas rivales eran aproximadamente las mismas. Joel comenzó a organizar la defensa, ya que hasta pasados tres días, no podían comenzar los ataques.

– Los que no estén adaptando o entrenando, que cojan palas, picos, carretillas o azadas y que comienzen a cavar por todo el perímetro. Quiero montones de hoyos de un metro de profundidad. No han de ser contínuos y ha de haber un camino para salir. A quienes no les toquen palas, picos o azadas, que empiezen a trenzar hojas o cualquier cosa para tapar los hoyos. Con tantos tropezones como habrá, no tendremos mucha dificultad para defendernos.

Y así pasaron los días de organizar la defensa. Finalmente, llegó el tercer día. No solía haber ataques, pero ese año, el cuarto día iba a ser bastante diferente.

El día 4 había llegado y Joel ya tenía claras las alianzas, tropas y una táctica. Tras dejar una guarnición, comenzaron el ataque dividido en fases.

Fase 1

Dos buzos se separaron del grupo a una altura considerable y se introdujeron en el río. Lentamente, se fueron acercando al puente inferior. Una vez llegaron a el, colocaron las dos cargas y se dejaron arrastrar hasta una distancia prudencial, salieron del río y se escondieron en unos matojos, esperando órdenes.

Fase 2

Joel había llegado al castillo situado justo encima con todo el ejército, que adoptó su formación de combate.

-Estais rodeados, yo me rendiría, pero evidentemente, vosotros no nos conoceis y no os vais a rendir sin presentar batalla, ¿cierto?. En ese caso vamos a tener que destrozaros completamente.

Así que se fue acercando a la puerta a paso firme y, una vez enfrente de ella, puso las manos encima y se concentró. Fue aumentando la energía que tenía la puerta hasta llegar al límite que la puerta podía tener. El efecto visible de esta acción fue que la puerta, a pesar de tener el mismo tamaño y masa, parecía más grande, más puerta y más peligrosa. Hasta que la puerta explotó. Una lluvia de fragmentos voló hacia el interior, donde hirió de gravedad a bastante gente. Esa fue la señal. Los cañones dispararon una salva de metralla que barrió medio patio de gente y se retiraron. La infantería ligera entró a destrozar lo que apareciera en el patio mientras que la pesada corrió a destrozar a quienes estuvieran en el interior.

Deliberadamente, dejaron una línea de escape hacia el exterior hasta que un chaval salió corriendo a por ayuda, ya que estaban desbordados.

Fase 3

El explorador se dirigió al puente más cercano, en el cual advirtió a la guarnición que estaba. La guarnicion corrió a buscar a un ejercito a su castillo que salió a paso ligero. Llegaron al puente justo a tiempo para ver como volava literalmente por los aires junto con cuatro soldados puestos de guarnición. Rápidamente, se dirigieron al puente superior.

Mientras, en el castillo, la gente estaba en plena melé. Solo se veían espadas volar y cortar. El ejército defensor no podía hacer nada. Tácticamente eran muy malos, pero en el combate eran los mejores. Máquinas enormes de guerra destrozaban las murallas y la gente y los líquidos de los droides regaban el suelo. Finalmente, no quedó nadie en el castillo.

Fase 4

Joel y los suyos cerraron las puertas y repasaron la siguiente fase del plan. Un centinela se disfrazó de soldado defensor y se situó en las almenas. Cuando divisó los refuerzos, emitió un grito y llamó su atención. Cuando llegaron, les puso al corriente de la situación que les convenía:

-Han cerrado la puerta principal y nos están masacrando. Yo he roto las escaleras y no pueden llegar, pero los otros lo tienen muy complicado. Hay una puerta en la parte trasera del edificio. Los cojereis por sorpresa. Rápido, no aguanteremos mucho.

Así que el ejercito de ayuda se dirigió a la puerta secreta. La puerta existía y era real. Llevaba a las mazmorras del castillo. Una vez se pusieron en ellas, Joel y su ejército se pusieron en guardia mientras seguían haciendo ruido de pelea. Llegaron a la plaza y todo se quedó en silencio. La puerta trasera se cerró y todos quedaron atrapados en el interior del castillo. Antes de cualquier reacción posible, Comenzaron a destrozar a sus enemigos con cuidado de no romper los uniformes.

Fue una pelea limpia en lo posible. El suelo “ensangrentado” dificultaba las maniobras, pero no era ningun problema. Joel hacía una masacre con sus espadas. Se enfrentaba contra tres a la vez en ocasiones. Antes de que se dieran cuenta, solo eran dos y el tercero tenía una espada clavada en la frente. Los otros dos creían que estaban frente a un demonio y, con la estupidez típica en estos casos, se lanzaban contra el con furia ciega. Antes de que se dieran cuenta, a uno le faltaban cuatro dedos y el otro había perdido la espada, que aparecía clavada en su estómago. El último, mientras estaba todavía alucinando por lo que había visto, veía como la espada de Joel iba hacia su cara y lo dejaba tendido en el barro. Se despertaban en la sala de espera sudando y con un miedo inconcebible en el cuerpo.

Fase 5

Tras la masacre, Joel y su equipo recogieron los trajes que podían aprovecharse y que no pareciera una treta. Descartaron aquellos que estaban sin brazos o piernas y los que tenían la espada clavada en el estómago tambien. Finalmente, consiguieron que cien hombres se pusieran unos trajes aceptables. Mientras tanto, curaron heridas y descansaron. Una vez terminado esto, cargaron cuerpos y uniformes en varios carros y los llevaron como trofeos. También embadurnaron los trajes con salpicaduras de líquidos de los droides teledirigidos para que pareciera real y comenzaron el camino hacia el castillo enemigo. Sin embargo, todo eso les llevó más tiempo del previsto, asi que tuvieron que acampar a mitad del camino con una bandera blanca. Joel y el resto del equipo fueron hacia su próximo emplazamiento a salvo en la oscuridad.

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