Publicado: 30/09/2011 en La muerte fría

buff, por fin he acabado los exámenes. Sigo con la historia.

Desde la escuela, Joel aprovechó que tenían conexión a internet para hablar con Paul por chat.

-Paul, acabamos de conquistar por primera vez a una escuela.

-Enhorabuena, ¿como lo habeis echo?

-Confundiendolos, hemos ido un pequeño grupo para bombardear. En las bombas había un tipo oculto. Al caer se abrían y entraban en la escuela infiltrados. Como producían interferencias, parecía que era una bomba real. Una vez dentro, entraban en las salas de control de torretas y naves, las pirateaban y daban órdenes contradictorias. Mientras, nosotros fuera hemos deshecho su formación un rato, durante el cual han echo eso. Una vez echo, una lanzadera que permanecía oculta ha traido los soldados que quedaban y la hemos tomado a la fuerza. Los hemos confundido del todo, no sabían que orden seguir y yo ya he aprendido a dominar la armadura. Ahora ya se como evitar la gravedad.

-Me alegro, como te encuentras fisicamente tras usarla.

-Me duele todo el cuerpo y creo que me saldrá un moratón o dos.

-¿Y lo has echo con la armadura defendiendote?

-Seré… Me he olvidado de encenederla.

-Que cabeza. Eso fue lo último que te dije, no, lo de la armadura.

-Si, fue lo último

-Pues ya no queda mucho de la guerra en si. El primer planeta en el que luchamos con ellas fue en el de la central nuclear. Fue donde mutó la mía y la de muchos otros tipos. Aquella fue una victoria aplastante. Llevábamos mucho tiempo entrenando con ellas y empezábamos a descubrir su potencial. Y los ilústrísimos de arriba, para tocarnos las narices, dijeron que había que luchar en su planeta natal. Enviaron dos naves cargadas a tope hacia allí. A mi me dejaron entrenando a los reclutas. Ninguna de las dos naves volvió. Tras eso, dijeron que las órdenes no habían sido bien entendidas, que no había que atacar a su planeta natal. Harían lo que fuera con tal de no mojarse nada, decían las cosas a medias. Formamos un grupo de operaciones especiales, los mejores de los mejores. Eramos yo, Juan el artillero, el chino de las comunicaciones que no se como se llamaba y un Estadounidense que se llamaba George. Por que todos se llaman así. El caso es que eramos los mejores. Yo era el jefe, dominaba la armadura más que nadie y llevaba el lanzagranadas y la metralladora grande, Juan llevaba una AK-47, un fusil de asalto, una metralleta de mano y una recortada, el chino llevaba bombas teledirigidas y la radio, junto con muchos chismes raros, era bueno en robótica. El americano, George, llevaba el carné de conducir, machetes, sables y detectores de calor. También tenía una pistolas laser recién descubierta. Era para emergencias, ya que la munición se encapsulaba dentro de una bala con el interior de vidrio, cuando se disparaba, hacía que el laser fuera a una pequeña bolita que lo soltaba cuando iba hacia arriba. Era de muy mala puntería, pero a quemarropa era mortal.

El caso es que fuimos a los planetas exteriores con la misión de tomarlos uno a uno. El primero fue muy fácil: El chino interfirió en sus comunicaciones, les voló el polvorín en mil pedazos y nosotros entramos hacia la sala en que estaba el gobernador del planeta a saco, matando a todo lo que se movía ligeramente. Le obligamos a firmar la capitulación y rendición incondicional con la metralleta pesada en la nuca, literalmente. El condenado sudaba como en una sauna, tuve que limpiarla entera por la noche. A partir de allí, se fue complicando mucho la cosa, la vigilancia aumentaba y George con sus machetes y armas de corta distancia era muy bueno. El chino se pilló un fusil de francotirador. Esa fue la mejor etapa de mi vida. Desgraciadamente, pronto adaptaron sus armaduras para evitar nuestras balas, así que solo George y el chino podían continuar con sus armas. Nosotros volvimos a nuestras espadas. Al chino le llegaban transmisiones del estado de la tierra. Se estaba debatiendo de la necesidad de guerra que teníamos, sobre buscar aliados, de reformar el ejército, de las contribuciones con soldados de cada país… En gobierno, era un caos total. Los miembros de mi grupo estaban de acuerdo: O cambiabamos el gobierno, o no ibamos a ir bien. Pacientemente, elaboramos un plan para deponerlos. Nos justificabamos con la frase: Ocasiones inesperadas requieren acciones inesperadas.

En ese momento, un compañero fue a ver a Joel para comentarle una cosa del asalto. Le dijo:

-Bien echo, lo has organizado justo a tiempo.

-¿Que quieres decir con justo a tiempo?

-Pero tu en que mundo vives, ¿no te enteraste en física? Mañana es la maratón universitaria.

-¿La que?

-Si hombre, la maratón universitaria, nos envian a un centro especial, nos organizamos solos o en grupos, nos asignan una clase tutora, un horario y cuando sea la hora vamos a esa clase, contestamos a una pregunta y nos dan puntos. Hay cinco niveles de dificultad y los puntos dependen del nivel, del tiempo y de tu solución. Hay algunas cosas muy raras.

-Joooodooo, esque esto lo pensé en física y no me enteré de nada de nada. Estoy en blanco. Gracias. Hay que llevar armas, ropa, comida…

-Nada, dura dos días y todo lo que necesites te lo darán allí. Recomiendan traer un arma por si acaso, no se.

Joel se montó con todos los alumnos de último curso al tren. Era un tren metálico y se movía por magnetismo a través de un tubo, de modo que no se veía el cielo, pero iban a toda velocidad. Cuando llegaron, vieron que la estación estaba por encima del recinto y que este tenía forma triangular: para entrar en primaria, el lado de arriba, para entrar en secundaria el lado de la derecha y para entrar a la universidad la izquierda. Hacia este se dirigieron Joel y los suyos. Al llegar, leyeron las bases:

1: Se permite formar equipos
2: Los puntos conseguidos determinarán la universidad a la que podeis acceder, si se accede
3: A cada uno se le asignará un horario y una tutoría.
4: El aula de la tutoría será el cuarto de dormir de cada uno

Tras eso, comenzaron a formar equipos. Joel formó el suyo junto con Laurence y Jean y fueron a que se les asignara un horario y su tutoría. Había aulas muuuy raras, como valentía. Otras muy complicadas, como filosofía y otras normales, como matemáticas. Les tocó un aula con el nombre de “Terror”. Las aulas eran unos edificios adosados, de forma rectangular, que dejaban pasillos entre ellos. Había desde dos hasta seis aulas juntas, siempre sin dejar espacios en medio. Había tres hileras y cuatro columnas, aparte de la pared superior, que contenía algun aula y las dependencias de dirección. Los alumnos se alojaban en su clase.

Tras dejar en ella las cosas, fueron a ver que les tocaba. La primera clasen era lengua, así que buscaron el aula.

-¿Pero donde está?-Dijo Laurence treas un cuarto de hora buscando.

-Miremos en el mapa.-Contestó Jean

Fueron a la pared con el mapa y vieron la situación. Su aula la identificaron enseguida, pero no les cuadraba que ellos habían visto una pared y allí decía que había un pasillo. Hicieron caso omiso y buscaron lengua. Estaba en el final de su pasillo hacia abajo. Bajaron por el hasta el final y no la encontraron. Subieron otra vez y no aparecía, al borde del colapso nervioso, decidieron volver a mirar. Mientras subían, Laurence le explicó a Joel los niveles.

-Hay cinco niveles, el uno es el más fácil y el cinco el más dificil. Por cada nivel, te dan unos puntos. Puedes repetir las veces que quieras en tu tiempo libre el aula para conseguir más puntos. Es muy simple. Se asignan al azar y te lo dicen al principio.- En esto, llegaron al mapa.

– ver, estamos aquí, el aula está en la última hilera, al fondo del todo. Ya se donde está, vamos.

Cuando llegaron, Joel supo identificar el aula y todos coincidieron. Entonces, vieron otro problema: La entrada. no había ninguna identificable. Buscaron por todo el perímetro del aula, hasta que Jean encontró una grieta recta, resiguiendola, descubrió que era la puerta.

-venid, la he encontrado.-Les gritó. Empujando la puerta, se abrió hacia un interior oscuro.

Cegados por la luz exterior, esperaron a que sus ojos vieran un poquito más. Era pequeña, más de lo que parecía y contenía una mesa de billar.

-¿Una mesa de billar? Esto no tiene sentido.-Dijo Joel, recalcando cada palabra.

Examinandola, Laurence descubrió que había un expendedor de tiras en unn lado. Sacó una y se la puso al hombro, donde decían las instrucciones que debía ir. Una vez que la tuvieron todos, buscaron algo más. Esta vez, Joel descubrió por donde salían las pelotas. Por curiosidad, metió el brazo y vió que entraba todo. Introdujo el otro brazo y se empujó con ellos hasta entrar por completo. Desde el interior, gritó a sus compañeros que le siguieran. Arrastandose, fueron entrando. El interior era estrecho, muy estrecho. Les comprimía el pecho y la cabeza y no veían por donde iban. Joel observó que el tunel estaba tapizado de envoltorios de patatas fritas que la espuma que debía haber empujaba para comprimirles las extremidades y el pecho.

-Que raro, ¿os habeis fijado que tiene patatas fritas por todos lados?

-Si, y avanza de una vez, que no me gusta este sitio.

-Si vamos, es tan fácil. ¿Que crees que hago?

Se arrastraron por el suelo varios minutos más, hasta que Joel vió luz al fondo. Se lo comunicó a sus compañeros, que le animaron a seguir de una vez. Una vez llegó al fondo, Joel se encontró con dos metros de desnivel y que no podía ponerse con los pies por delante, así que decició hacer una “caída”. Con un impulso fuerte, salió por completo del tubo e hizo una voltereta con el brazo por dentro del pecho. Jean no tuvo tanta suerte y se cayó de cabeza.

Lo primero que notaron fue que había menos gravedad. Lo siguiente que todo seguía forrado de envoltorios de patatas. También vieron que ahora si que era grande la sala y que había cosas muy raras, como árboles con ramas que hacían círculos y pelotas de colores. Al fondo había una pantalla de televisión. Se dirigieron a ella y sonó una voz femenina por toda la sala:

-Llegais tarde.

-Nos ha costado un poco encontrar la sala y también nos ha costado bastante deslizarnos por ese tubo tan estrecho. Creo que es comprensible.

-Nivel de dificultad tres. Encontrad el fallo en la frase siguiente.-Dijo la voz.

En ese momento, apareció una frase en la pantalla. Estaban escritas las instrucciones. Decía: Buscad el error en la frase y decidlo en voz alta. Por cada fallo, la sala se comprimirá un metro. Teneis cinco fallos. Si los realizais, os tendreis que deslizar hacia arriba, hacia el tubo y salir por donde habeis venido. Si acertais, se abrirá una puerta que os conducirá fuera.

La frase es: Los ladrillos de mi casa cantan nanas a los viandantes, los cuales les lanzan morcillas

Ya sabéis que he vuelto, así que voy a continuar.

-Evidentemente es el sentido. No es lógica esa oración.-Dijo Jean

-Error.-Dijo una voz- fallo correcto, pero no buscado.No cuenta como error.

-En ese caso, esta palabra lleva acento-dijo Laurence señalando la palabra nanas.

-Error.-Dijo la misma voz.- Quedan cuatro intentos.

-Pues entonces será este pronombre, que va mal allí.-Dijo otra vez Laurence.

-Error. Quedan tres intentos.

-Estáis todos ciegos. El fallo es que no tiene punto final.-Dijo Joel

-¿Te estás riendo de nosotros? Eso no puede ser.

-Correcto. Podéis pasar.

En ese momento, la sala se agrandó y apareció una puerta oculta. Joel, Laurence y Jean salieron por fin fuera, al sol. Aliviados de salir de un sitio tan extraño, decidieron ir a la siguiente prueba. Eran tres seguidas de “decisión”. Joel no tenía ni idea de a que venían esas clases tan extrañas, pero tras tanto tiempo viendo cosas realmente raras, ya ni se sorprendía. Fueron hacia su clase y por el camino, vieron que decisión estaba al lado de su clase. Al doblar la esquina que los llevaría hacia la puerta, vieron que estaba llena de robots. Extrañados, se acercaron. Tenían un tres pintado y se encararon hacia ellos.

-Debe de ser la primera hora de decisión.-Dijo Joel.-Bueno, pues vamos allá.

Joel dio un paso adelante, en ese momento, los robots comenzaron a avanzar. Muy lentamente, se acercaron a Joel.

-No quiero haceros daño, retroceded u os dejaré secos. Puede que no tenga armas, pero no por eso estoy indefenso.

Diciendo eso, solo consiguió que los robots aumentaran su velocidad. Cerrando los ojos, se concentró.

-Laurence, Jean, apartaros de allí.

-No seas loco, habrá otras formas.

-Puede ser, pero yo he tomado una decisión, y es pasar al otro lado como sea y por este sitio. Tranquilos, no los voy a destrozar del todo, como mucho, les arrancaré la cabeza de esos hombros metálicos.-Y cerró los ojos, concentrándose en la energía que tenía en su espalda. Acababa de aprender como imbuir energía a los cuerpos.

Ahora Joel sabía como dar energía a su espada para que fuera más fuerte o resistente, como hacer que las puertas se movieran o electrocutaran o, como en este caso, como tener unos puños más fuertes.

Joel se preparó para el asalto, los puños tenían un aura azulada. Rápido como una centella, corrió hacia los robots.

Al primero, le dio tal puñetazo en el estómago que lo lanzó dos metros atrás, dejándolo desactivado, al segundo, lo usó de arma contra el tercero. Lo cogió del cuello y lo estampó contra la cara del tercer robot. Al cuarto y último robot, le arrancó la cabeza de un golpe de lleno. Lo más curioso de todo era que eran robots de seguridad, con la cabeza alargada, cuerpo macizo y grande y dos franjas rojas en sus laterales. Avanzó hasta los robots destrozados y los examinó. Tenían un cuatro en la parte posterior y una D. Extrañando todavía por lo que había pasado, Joel fue a coger sus armas y las de sus compañeros, junto con el portátil de Jean. Mientras tanto, Jean y Laurence buscaban la clase, pero nuevamente no la encontraban. Solo había una pared allí enfrente. Cansado, Jean se apoyó en ella y Laurence le dio una patada. En ese momento, Jean cayó, atravesando la pared.

Rápidamente se puso de pie y gritó:

-No me pasa nada, estoy bien.

-¿Que ha sido eso? Estabas apoyado, he dado una patada y te has caído. ¿Crees que habrá algún mecanismo oculto?-Preguntó Laurence.

-Pues claro, avisa a Joel, rápido.

 

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