Publicado: 23/09/2011 en La muerte fría

Paul y Joel esperaban impacientes el flagelamiento, cuanto antes empezara antes terminaría. Por suerte para ellos, les llegó la noticia de que la hija del dueño había enfermado de gripe, una enfermedad poco común que se creía erradicada como la lepra en la tierra. Cuando se enteraron de esto, estallaron de júbilo, pero sin gritar, ya que si lo hacían les darían más latigazos.

Por suerte para los dos, Joel vio una solución a todos los problemas, curarían la gripe de Idemara (que así se llamaba la hija del amo) y, a cambio, no serían flagelados.

Cuando se lo propusieron al amo, casi no se lo cree. Pero le convencieron que no tenía nada que perder. Paul le aplicaría hierbas y Joel iría a por las plantas. Como aceptó, Paul pidió las plantas que curaban la gripe. Joel las trajo a medida que las pedía. Cuando pidió la última y más importante hierba, no había. Joel fue a preguntar a botánicos donde la podía encontrar y le indicaron todos la cima de una montaña, pero todos dijeron que era imposible de alcanzar.

Pero como Joel tenía que buscarla, se dirigió hacia allá a paso resuelto, su abuelo se la había descrito y sería capaz de reconocerla. Media hora más tarde, Joel llegó a la falda de la montaña era mediodía. El principio del camino era llano y rocoso, por lo que no había plantas. Joel lo subió con gran facilidad, pero al llegar a la segunda parte, tuvo que emplearse más, el camino era más abrupto y menos señalizado y visible por lo que se equivocó varias veces y tuvo que dar media vuelta varias veces. El sendero se acababa en un mirador, la vista era preciosa y tuvo que reprimirse para no quedarse admirándola. El tramo final era el más difícil. No había sendero y en ocasiones se cortaba la montaña a pico. Joel comenzó a subir la montaña con la ayuda de las manos, por suerte tenía sangre montañesa y su paso era grande.

Cuando estaba casi en la cima, anocheció y, para no ir a ciegas, tuvo que buscar refugio en una grieta. Encontró una espaciosa y se acercó a inspeccionarla. Había algunas plantas por la zona, con lo que se hizo una antorcha que encendió con pedernal y un cuchillo pequeño que tenía. Había sido una suerte que le hubieran dejado llevárselo para poder coger las plantas y sus raíces. En la cueva había un pequeño manantial de agua cristalina que se filtraba. Bebió de el e invocó la ayuda de todos los dioses. Cuando terminó, fue a recoger más madera para hacer una hoguera, y en cuando volvió, se quedó estupefacto. Había una mujer en la fuente, pero no parecía introducida en ella, sino que parecía que surgía de ella. Cuando le habló, con voz cristalina y clara le dijo:

-Soy la ninfa que habita en el origen de este río, igual que en todos los ríos del universo, que haces en esta cueva sagrada, extranjero.

-Busco refugio por una noche en mi camino a la cima. Estoy buscando una hierba.

-Como desees, te dejaré dormir, ya que has bebido del agua y no te ha pasado nada. Debes saber que estas aguas son ponzoñosas, pero he quitado el veneno por ti, ya que veo que no llevas malas intenciones y tienes un aura extraña. Si quieres puedo leerte el futuro.

-No, gracias, si el futuro me depara algo, prefiero descubrirlo por mi mismo, pero agradezco tu interés.

Acto seguido, la fuente se tornó de color amarillento.

Esa noche Joel durmió como nunca lo había echo.

Cuando Joel se despertó, desayunó un poco de pan con unas lonchas de un embutido color verde azulado que prefería no saber de donde salían y reemprendió su camino a la cima. Tan solo en ella crecía la planta que buscaba. Cuando faltaban cerca de 50 metros para llegar a la primera planta que había, se encontró con un problema grave. La pared era lisa en diez metros y daba la vuelta a la montaña. Tenía que pensar rápido. Recordó la cuerda que llevaba y decidió usarla para subir. Como solo era una cuerda no podría engancharse, así que Joel buscó ramas para conseguir hacer un gancho y subir. Los árboles eran fuertes y Joel tuvo que poner todo su empeño para subir a la copa de uno y arrancar una rama en forma de gacho.

Diez minutos más tarde se presentó en la zona vacía que rodeaba el muro, apuntó a una roca que sobresalía y lanzó el gancho con todas sus fuerzas, el gancho se agarró y Joel dio unos tirones para comprobar la resistencia de la cuerda. Estaba bien agarrada, Joel comenzó la escalada. Como había trabajado tanto, se había vuelto fuerte y musculoso. Subió la cuerda y en cuanto llegó a los cinco metros, la cuerda se comenzó a deshilachar.

Joel comenzó a subir a toda prisa y llegó justo a tiempo, porque la cuerda se rompió en cuanto pudo agarrarse en la cornisa, Elevándose con las manos subió y reemprendió la marcha hacia la cima.

Mientras, Paul hacía lo que podía para curar a Idemara, cuando le subió la fiebre ordenó que le dieran un baño y le pusieran toallas húmedas en la cabeza, mientas, el amo echaba pestes por Joel, que no había venido con la última planta. Entonces dijo a Paul:

-Si no vuelve hoy, os haré azotar a los dos hasta llegar a ver vuestros huesos.

-Volverá.- dijo Paul con aplomo.-Estoy convencido.

Cuando Joel llegó a la primera planta, la cogió, la guardó y siguió recogiendo más por si acaso. Cuando llegó a la cima de la montaña, llenó un pote con plantas de esas. Pero una sorpresa le aguardaba. No era una montaña, era un volcán enorme. Entonces se planteó la posibilidad de bajar a explorar.

Mientras, Paul le envió una paloma mensajera con un mensaje que le advertía la actual situación y la urgencia de volver. Cuando la paloma se convirtió en un punto negro en el horizonte. Paul se volvió y se dispuso a cuidar de Idemara para bajarle la fiebre. Estaba mejorando lentamente, de forma apenas perceptible.

Joel se dispuso a bajar cuando vio un punto acercarse. Pensó acertadamente que era un pájaro. Cuando lo tuvo encima, esperó que pasara de largo pero, cuando vio que se detenía y bajaba hacia el, se quedó impresionado. Entonces se fijó en las patas del animal. Tenían un mensaje y un pequeño lápiz. Era un método primitivo pero alcanzó a entender el significado. Se apresuró a redactar una respuesta con una caligrafía no muy buena (como la mía XD), le ató algunas hierbas y la mandó de vuelta, entonces se enfrentó al volcán. Se hizo varias antorchas y se dispuso a bajar.

Paul había recibido la carta de Joel y no decía gran cosa, excepto que iba a bajar a explorar un volcán. Por suerte tenía las hierbas y eso era lo importante. Era incienso que iba a servir para purificar los pulmones de Idemara. Paul las puso en una botella de vidrio con una especie de embudo para hacer inhalaciones. Entonces les prendió fuego y le puso la botella a Idemara en la cabeza.

Joel, por su parte estaba bajando el volcán a gran velocidad, ya que había encontrado una rampa natural que lo rodeaba. Cuando llegó a la base, se acostó un rato, ya que llevaba varias horas bajando.

Despertó cuando un rayo de sol le dio en la cara. En ese momento procedió a recoger su tienda de campaña para casos de emergencia. Cuando levantó la vista se quedó impactado: Había montones de diamantes por todas partes, había desde el tamaño de un garbanzo hasta el tamaño de una rueda de coche de las antiguas. Todos brillaban, probablemente porque el sol les daba de lleno y una erupción volcánica reciente los había pulido ligeramente. Joel decidió llevarse uno no muy grande para verlo mejor y enseñarlo al amo. Solo entonces se dispuso a salir. Pero no soportaba la idea de volver a subir por lo que se dispuso a buscar una salida alternativa.

Joel buscó por todo el borde del volcán sin encontrar nada. Cuando se dispuso a salir por la rampa le pareció ver un destello. Seguramente era producido por un diamante pero por si acaso se puso a mirar. No encontró nada salvo una grieta finísima por la que no se veía nada. Joel, desesperado le golpeó con el puño y se cayó una capa de polvo con un ligero temblor. Joel, perplejo, volvió a sacudirle con una antorcha. Sí, había una salida o alguna cosa por ahí. Joel golpeó hasta que la abertura fue suficientemente ancha. Cuando pasó, se encontró con una galería de una mina, probablemente de carbón, lo que era acertado con el hecho que hubiera diamantes. Joel se dispuso a seguir hacia adelante, hacia el exterior.

Mientras Joel salía, Paul había dejado de hacerle respirar incienso a Idemara, que estaba recuperando el color. La mejoría era notable y hasta el más burro se habría percatado que estaba mejor. El amo estaba saltando de alegría. Por fin su hija estaba curada.

Mientras, Joel estaba perdido, Solo iba hacia adelante, pero tenía la impresión que iba en círculos y los víveres se le terminaban, tenía que salir rápido. Cuando estuvo harto, decidió dejar una marca por donde pasase. Iba dejando una marca en la pared de roca con una tiza que había encontrado por el suelo. Iba andando distraído cuando se encontró con un peligro, un animal enorme y horrendo estaba frente a el. Tenía cabeza triangulada y un cuerpo deforme, cubierto de pelo con calvas que dejaban ver su piel fláccida y repugnante, además estaba armado con cuatro brazos robustos, provistos de garras de casi 15 centímetros. Se arrastraba sobre cuatro patas y su boca tenía tres filas de dientes afilados como cuchillas. Joel se quedó paralizado de miedo. Era la criatura más horrenda que había visto jamás. Para desesperación suya supo que era un bebé, porque soltó un chillido agudo que lo identificaba como una criatura. Joel no quería estar ahí cuando viniera la madre, pero tenía que pasar, había examinado todos los caminos y ese era el único que iba hacia adelante. Joel se decidió a matar al animal. Cogió y le lanzó una piedra afilada. La piedra le impactó de lleno y Joel pudo pasar por encima del bicho atontado.

Cuando Joel llegó el final del tunel, se encontró con que no tenía salida. Estaba atrapado. Joel, furioso, comenzó a golpear el muro de piedra hasta hacerse daño. Luego, se dio la vuelta y reemprendió la marcha. Una vez hubo rebasado el cuerpo del ascawe(el bicho de la entrega anterior), llegó a la bifurcación, en la que se encontró un inesperado personaje: la madre del ascawe. Era como su cria, pero a lo grande: Garas de casi medio metro, dientes de 15 centímetros y era tres veces más grande. Para terminar con la mala racha, su piel era dura. Joel no tuvo más remedio que probar con el bebé de rehen. Volvió atras y recogió el cuerpo inerte del crio. Cuando llegó a la bifurcación, la madré soltó un chillido de desesperación. Su querido bebé estaba en manos de un asesino. La madre se iba a retirar cuando el bebé soltó un chillido. Estaba vivo y consciente. Joel soltó una maldición y al animal.
El crio, aturdido, volvió junto a su madre. Joel iba a retirarse hacia atrás cuando recordó que no podía. Entonces se dispuso a luchar contra el jodido animal que tapaba casi todo el tunel. Joel se acercó rápido dispuesto a clavarle su cuchillo. Legó a el y le lanzó el cuchillo contra un trozo de pelo a toda la potencia que podía. No le alcanzó, su cuchillo topó con una cosa muy dura. Trató de clavarlo en un trozo de piel que se veía. Tampoco pudo. entonces retrocedió. Cogió un diamante y buscó un trozo afilado para clavarlo. Cuando lo encontró, el animal estaba casi encima suyo. En ese momento, Joel le clavó el trozo de diamante lo más fuerte que pudo. Funcionó, el bicho soltó un chillido que hizo retumbar los túneles circundantes. Ciego de rabia, se lanzó con sus garras por delante. Joel la volvió a clavar el diamante en varios sitios y esperó a que se desangrara. Para su sorpresa, la cria hizo algo sorprendente.

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