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Publicado: 23/09/2011 en La muerte fría

Joel había venido de trabajar en el campo, era la tarea que le habían asignado, trabajar en el campo salvo que le ordenaran lo contrario.

Aquel día había sido especialmente duro, había montones de malas hierbas y las había tenido que arrancar todas.

Paul estaba como siempre en la cocina, hoy tocaba escudilla, mientras la preparaba, continuó con la historia:

-Cuando huíamos de los enemigos hacia no sabíamos donde, a alguien se le ocurrió poner una canción clásica, precisamente, concordaba hacia donde íbamos, se llamaba highwall to hell1. Llegamos al límite del universo, no había nada en varios kilómetros a la redonda, entonces nos giramos y vimos a un montón de naves viniendo hacia nosotros, pusimos las armas normales de fuego y nos preparamos para hacerles frente. Íbamos hacia el suicidio.

-Tú, ya has acabado, queremos comer-interrumpió una voz.

-Voy, un momento- dijo Paul-, se ha de acabar de hacer.

-Lamento no poder contarte más por hoy Joel.

Joel llevaba ya varios días trabajando, estaba ganando musculatura e inteligencia, un día le dijo a su abuelo:
-Abuelo,¿que pasó en lo del último día? eso que os pusieron una canción y llegasteis al límite del universo.

-Como ya te dije, huimos en desbandada hacia dios sabía donde, pusieron la música y, mientras huíamos, las naves enemigas nos pisaban los talones, cuando llegamos al límite del universo, los radares se volvieron locos, se detectaron a si mismos, los sistemas se sobrecargaron y tuvimos que alejarnos de ahí, bajamos hacia abajo o subimos, no lo se, solo se que nos movimos, como bien sabes, la gravedad artificial solo nos atrae hacia el suelo de la nave, es como estar de pie todo el rato, sin moverte, fuimos buscando un planeta para entablar batalla, por fin, tras cuatro horas de búsqueda infructuosa descubrimos un planeta ideal, podíamos desembarcar en el si hacía falta y contenía plantas, que nos ocultarían de los enemigos, en la superficie del planeta había claros grandes, pero ninguna ciudad, lo más extraño era que el radar detectaba formas de vida inteligentes, algo parecido a masas amorfas, ese planeta tenía una gravedad muy ligera, nos pusimos botas con generador de gravedad por si acaso y nos giramos para plantarle cara al enemigo, enseguida nos arrepentimos de haberlo hecho, había un enjambre de naves que cubrían el “sol”, MILLONES DE NAVES VENÍAN HACIA NOSOTROS,casi nos desesperamos cuando vimos acercarse una nave de recreo sola, venía a parlamentar, dejamos que se acercara a nosotros y comenzamos a dialogar.

-Rendíos, somos más y más experimentados.
-No os tenemos miedo, venid si lo deseais.
-Vosotros sois unos ********s, vais a morir.
-Pues moriremos luchando, dad un plazo de 24 horas, cuando el sol esté en el mismo sitio que ahora mismo en ese planeta de ahí.

Era un planeta de tamaño parecido a la tierra y que giraba con una velocidad parecida pero que, sin embargo estaba más alejado del sol que la tierra, por lo que era más frío y no tenía vida.

-De acuerdo, lo acepto, de todas formas vais a morir.

Necesitabamos aquellas 24 horas, en ese tiempo reparamos y preparamos nuestro armamento y descansamos. El día siguiente sería un infierno, antes de la batalla nos pusieron un vídeo antiguo de un equipo que gano la champions y batió todos los records, que permanecían sin batir, uno llamado barça. Entonces sonó la alarma y la batalla empezó.

-Vosotros-chillo una voz en la puerta- a callar y a dormir.

Era un extraterrestre, era el guardián de la casa de esclavos, tenían que ir a dormir.

-Ya contnuaremos mañana, no pasa nada Joel.

Joel vino cansado, aquel día había trabajado muy duro, volvía a casa cansado y sudoroso, por suerte, Paul estaba ahí para alegrarle el día un poco, aquel día tocaba cocinar paella, la comida típica española, a Joel le encantaba, con el arroz y las gambitas, por desgracia, no había arroz ni gambas, por lo que se sustituyo por lo más parecido que había, una especie de trigo corto, de color verdoso y un molusco gigante, con unas pinzas de 50 centímetros. Mientras se cocinaba todo, Paul siguió contando la historia:

-La batalla del Abismo, ese fue el nombre que le dimos a esa batalla, bajo nuestros pies, un planeta boscoso, en frente nuestro, un enemigo mayor que nosotros en todo, a la derecha, el límite del universo, una extensión de color negro indefinido, nada llegaba de ahí, nada iba allí, a la izquierda, un sol gigantesco y abrasador, estábamos rodeados por todas partes y solo podíamos ir al suicidio, así que decidimos comenzar la batalla contra los enemigos con una gran cantidad de bajas por su parte, la alarma sonó, todos corrieron a sus puestos y nos dirigimos al suicidio en una calma y una serenidad extrañas.

Mi nave, la llamada Española, en memoria de aquellos aguerridos luchadores, los hispanos, fue la primera, desde mi puesto de artillero, con ristras de balas a mi lado, me prepare para apuntar y disparar. Tenía forma oval, una esfera muy aplastada con pocas irregularidades, dos alas para cuando entráramos en la atmósfera de los planetas permanecían cerradas, en caso de urgencia, se podían abrir para instalar tiradores o torretas, la nave tenía tres puentes, el de abajo era para dormir, el del medio era el de mando, el generador de energía estaba en medio y los víveres, las municiones y todo, estaba en la de arriba, la de arriba estaba revestida con más capas defensivas, dado que si acertaban en ella, la nave se iría a pique, los tiradores estábamos en la superior, cogiendo nuestras respectivas armas, cargamos la munición y comenzamos a disparar.

Cuando vieron que nos acercábamos, se pusieron en formación con los escudos activados, preparados para rechazarnos, yo disparé el primer disparo y abatí la primera nave, aprovechando la formación cerrada, nos pusimos a disparar como locos, éramos seiscientas naves en formación abierta, cada una con veinte tiradores, la masacre del principio fue brutal, el espacio se llenó de montones de chatarra flotando, todos nos alegramos, por desgracia, ellos nos contraatacaron con más de mil naves, las cuales no paraban de moverse y los tiradores no podíamos acertarles, los jefes tuvieron que dar la orden de retirada al planeta de abajo, todas las naves no acercamos al planeta de la salvación.

-Venga, que la “paela” ya está, toca comer.
Esto era el jefe de cocina, un extraterrestre rechoncho y bajito.
-Paul, toca probar si esto está bueno, como solo he usado sucedáneos, no se a qué sabrá.

Joel volvio por la noche exhausto y como cada día se sentó en la cocina para escuchar a su abuelo.

-Cuando empezamos la batalla en el suelo, fue para huir del peligro del espacio. Bajamos a un claro, nos armamos con espadas medievales, que eran antiguas pero efectivas, unas cuantas armas laser y nos preparamos para emboscarlos, vimos descender sus naves e hicimos un fuego para atraerlos a la trampa. Cuando el fuego era grande, nos subimos todos a los árboles y esperamos. La espera es muy aburrida, por lo que el capitán nos dió una arenga.

-Abuelo, ¿qué es una arenga?

-Es un discurso que se da para animar a los que van a luchar, creía que lo sabías.

-Como no estuve en la tierra mucho tiempo no pude dar vocabulario.

-Ah, es verdad, ya no me acordaba. Bueno, nos dijo algo así como: Creeis que esa panda de alienígenas nos puede vencer, a nosotros, que luchamos para proteger a la raza humana, a nosotros, que hemos combatido contra nuestros semejantes durante generaciones, a los descendientes de los griegos, que combatieron 300 contra un ejercito y aún así, no se rindieron y pelearon hasta la muerte, matando casi 1000 soldados enemigos cada uno. No, no podrán, porque por nuestras venas corre sangre de guerreros, somos menos, pero somos más hábiles.

La táctica era muy simple, caer sobre ellos con las espadas, matar a los que pudieramos y huir disparando para causar el mayor número de bajas y la mayor confusión. Cuando por fin aparecieron, nos dejamos caer sobre ellos, matando a todo lo que podíamos. Al final, acabamos matando a todo lo que estuviera al alcanza de la mano, cuando no podíamos más, nos retirábamos a los árboles y disparábamos, con lo que las bajas enemigas fueron enormes. El último combatiente fui yo, daba mandobles a diestro y siniestro, causando muerte instantánea o heridas en la piernas, estómago, brazos o capando a un par, cuando daba tajos por la parte de abajo. Al ver todos mi valor, se arrojaron contra ellos otra vez, cuando por fin acabó la batalla y me enteré de como había sucedido, pues yo estaba envuelto en una semiinconsciencia, dí un grito de júbilo, las bajas eran totales por el lado enemigo y no muy numerosas por nuestro lado. cerca de 6000 hombres dimos muerte a casi 100000.

-Hey, vosotros dos, a callar, que tenemos trabajo.-Esto lo dijo el amo, era bastante despiadado y castigaba la más leve infracción severamente- Mañana os azotaré en presencia de los demás.

-Pues que se le va a hacer, lo siento joel, pero mañana no podré contarte la historia.

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